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Publicado el 14 Junio, 2021 por Claudia Ramón Rodríguez en Opinión
 
 

¿Covid-19: contagios al azar?

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Por CLAUDIA RAMÓN RODRÍGUEZ

“Cuando está para ti, te cae”, dijo la dependiente que me atendía en una tienda Panamericana, cuando me escuchó pedirle a la señora que tenía detrás, que guardara la distancia requerida. La intromisión de la muchacha para “enfriar” mis precauciones me hizo reflexionar sobre la “visión” que muchos –imagínese que por esa joven de la tienda pasan cientos de personas a diario- tienen de este combate frente a la covid-19.

Pensaba en Durán con sus conferencias matutinas, en los científicos de las vacunas, en el personal de la salud que no se rinde, en los dirigentes que no cesan de reunirse para tomar medidas preventivas y en favor de todos…

Pensaba, también, en las evidencias sobre la vida y las formas de eliminar el virus y su transmisión, y en todo el acompañamiento informativo desplegado por los medios de prensa desde la aparición del coronavirus en Cuba, hace más de un año.

Mientras algunas personas puedan sentir que tanta información abruma y satura, me percato que ha sido insuficiente o menospreciada por muchas otras. No podía concebir que mi intención de distanciarme –y cumplir lo indicado- sería mal vista, ni que la idea de una posible infección fuera compartida, como si nada, por gente allí presente. No soy fan de la ruleta rusa.

Conclusiones peligrosas

Diversos estudios demuestran las formas que tenemos para alejar al virus de nuestro organismo, basados en las experiencias que corroboran sus vías de transmisión, así como el tiempo que permanece en las superficies y los productos químicos que lo destruyen.

¿Es acaso ingenuo, o ignorante, “creer” que la enfermedad nos llega “por la libreta” o por un “toque divino”? Tal vez sea esa la lógica de pensamiento de muchas personas, aunque a todas luces no pasa de ser un actuar irresponsable, dañino, ilógico… para ellos y para la sociedad.

En francas actitudes egoístas, podemos verlos hasta practicando ejercicios físicos en parques y otros espacios públicos, como si no existiera peligro para sus vidas o posibilidades de contagio.

Lo que sí es real, pertinente y correcto, es la práctica de todo cuanto podamos hacer por evitar la propagación. No dejarle a la (mala)suerte ni al destino nuestra vida; ni pensar que, porque no nos haya “picado” cerquita o en carne propia la tragedia de la infección, la gravedad o la muerte, estamos curados de espantos.

El virus del SARS-CoV-2 es letal. La llave de nuestras mucosas, por donde penetra, se la damos nosotros mismos si no practicamos hábitos higiénicos más allá del uso de nasobucos y desinfectantes. Incluye, además, cuidarse de superficies donde pueda vivir el virus y no hayan sido higienizadas, conlleva interiorizar que cualquier persona puede llevar esta enfermedad sin rostro y, sobre todo, aislarse de los posibles transmisores. La salvación, literalmente, está en nuestras manos. Y en nuestras conciencias.

No he dejado de pensar en la muchacha de la tienda desde aquel episodio lamentable. Ella podría acabar siendo uno de esos miles de casos positivos a la covid-19 que aparecen día tras día y, lo peor, esparcirlo fácilmente según su “teoría de la casualidad”.

Lo cierto es que no hay nada de casual ni fortuito cuando del coronavirus se trata. En todo caso: causal. Y las causas derivan en consecuencias.

En la prevención está la clave para evitarlo. El enfoque de que enfermarse les toca a unos de manera predeterminada, solo alarga el combate contra la pandemia, cuando nuestro país demostró, durante meses, que, con la disciplina y cooperación de todos, su control es posible y menos azaroso.

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Claudia Ramón Rodríguez

 
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