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Publicado el 3 Junio, 2021 por Marieta Cabrera en Opinión
 
 

 Covid-19: Resguardar a los más pequeños

Marieta CabreraPor MARIETA CABRERA

Los rostros de niños ingresados en los hospitales que miran a la cámara e incluso sonríen con la inocencia propia de su corta edad, son imágenes que han aparecido con mayor frecuencia en espacios informativos de la televisión nacional durante el mes de mayo, periodo en el que se registra un aumento del número de infantes diagnosticados con la covid-19 en Cuba.

Del 17 al 31 de mayo fueron confirmados en el país 2 709 casos en edades pediátricas (18 años y menos), 180 diarios como promedio. Según reportes oficiales, en la primera ola del rebrote enfermaron unos 200 niños, niñas y adolescentes; en la segunda ola superaron los 600; y hasta el 31 de mayo sobrepasaron los 18 000 pacientes diagnosticados (18 919), lo que representa Eel 13.2 % del total de confirmados en la nación.

Al referirse a esta preocupante tendencia, la doctora Lissette del Rosario López González, Jefa del Grupo Nacional de Pediatría del Ministerio de Salud Pública, reconoció que cuando Cuba comenzó a prepararse para enfrentar la pandemia, el mundo reportaba que los menores apenas enfermaban y si lo hacían, tendrían muy pocas complicaciones.

A partir de ahí, existieron percepciones de riesgo variables y todavía arrastramos las consecuencias, opina la experta, y afirma que el mito de que los niños casi no se contagiaban se ha derrumbado en nuestro país, donde lamentablemente las cifras reportan aumentos exponenciales en los casos pediátricos.

Este incremento, valoró la pediatra, es un fenómeno multifactorial asociado, en primer lugar, al aumento de la transmisión general en el país. En mayo último se diagnosticaron en Cuba 35 701 personas positivas al SARS-CoV-2 (cifra que sobrepasa en 4 355 casos los reportados en abril), por lo que el quinto mes del año pasa a ser el de mayor número de confirmados con el virus desde que en la nación se detectaran los primeros enfermos, en marzo de 2020.

Contrario a lo que se reporta en el mundo, donde se afirma que la población pediátrica es la que lleva la infección a los hogares, en Cuba -según las encuestas epidemiológicas, los análisis clínicos y epidemiológicos de cada caso- el mayor por ciento de la población pediátrica positiva a la covid-19 ha sido por contacto con casos confirmados.

Lo ratifica además la cantidad considerable de niños menores de un año diagnosticados con la infección vírica en la Mayor de las Antillas desde el inicio de la pandemia (1 017 hasta el 31 de mayo), los cuales dependen íntegramente del cuidado de la familia.

Mientras menos tiempo de nacido tiene el bebé, advierten los especialistas, mayor es el riesgo de que desarrollen formas graves de la covid-19 porque aún no posee una inmunidad competente para enfrentar una enfermedad como esta. Lo ilustra el hecho de que entre los menores ingresados en las terapias intensivas en los últimos meses suele haber lactantes.

Si bien la mayoría de los niños, niñas y adolescentes que han contraído la enfermedad se ha recuperado, los expertos llaman la atención sobre otros cambios apreciados en el comportamiento de la infección en ese grupo etario.

En los meses iniciales de la pandemia en el país, asegura la doctora Lissette López, el mayor por ciento de los pacientes en edades pediátricas no mostraba lesiones radiológicas; sin embargo, con el paso del tiempo y hasta abril pasado, han predominado este tipo de lesiones y aumentó el número de pacientes con neumonías y otras manifestaciones clínicas.

Asimismo, un estudio realizado con anterioridad en la provincia de Villa Clara detectó afecciones cardiovasculares (miocarditis, pericarditis, derrames y alteraciones del ritmo cardiaco) en infantes convalecientes de la covid-19. También se han reportado en otros pacientes problemas de presión arterial, afecciones neurológicas, decaimiento como síntoma recurrente en un número considerable de casos, daños respiratorios, renales y hematológicos.

A esto se suman las secuelas que deja la covid-19 en la salud mental de los menores, algunos de los cuales desarrollan conductas de riesgo, como el exceso de apego, irritabilidad, miedos y pesadillas.

Aun cuando tales dificultades suelen ser revertidas y no quedan efectos sicológicos permanentes, a partir del seguimiento médico que reciben estos infantes, lo más conveniente es prevenir el daño a su salud física y emocional; impedir que se enfermen.

Para lograrlo, lo primero es que quienes convivan con el niño mantengan una conducta responsable en los espacios públicos y en el hogar. El uso del nasobuco, el distanciamiento físico y la desinfección frecuente de las manos son normas que deben ser incorporadas a la práctica cotidiana, más aún por las personas encargadas del manejo y cuidado de los más pequeños, sobre todo lactantes. Es importante, además, evitar recibir visitas en el domicilio, así como realizarlas innecesariamente a familiares, amigos y vecinos.

Garantizar un entorno seguro para los más chicos de casa es esencial para mantenerlos a salvo del nuevo coronavirus.


Marieta Cabrera

 
Marieta Cabrera