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Publicado el 1 Junio, 2021 por Ernesto Eimil Reigosa en Opinión
 
 

CRISIS MIGRATORIA. La frontera, ese tejido poroso

Ernesto Eimil ReigosaPor ERNESTO EIMIL REIGOSA

Cuando Brahim Ghali fue hospitalizado en España, debido a la covid-19, nadie sospechaba lo que iba a pasar. El líder del Frente Polisario para la liberación del Sahara Occidental mantiene desde hace años una lucha con el gobierno de Marruecos por la independencia de su tierra. Su internamiento por razones humanitarias, hecho confirmado por Arancha Sánchez, ministra de Asuntos Exteriores, ha molestado a las autoridades del país africano. El homólogo marroquí de Sánchez, como portavoz de la postura oficial, dijo que los ibéricos enfrentarían las “consecuencias” de su decisión de tratar al combatiente saharaui.

Las versiones de los acontecimientos varían. Según un video mostrado en la televisión española, la cerca perimetral que divide a la ciudad de Ceuta del territorio de Marruecos fue abierta por los propios guardias, dejando entrar a emigrantes en busca de una mejor vida. Por otra parte, periodistas que han estado en el lugar aseguran que muchos han llegado también a nado o en embarcaciones inestables. Las cifras oscilan desde las 6 000 hasta las 8 000 personas, con casi 2 000 menores implicados y un fallecido en el intento.

El Gobierno español ha puesto a sus tropas y a la Policía a patrullar el territorio limítrofe entre las dos naciones, de acuerdo con una fuente sin especificar del Ministerio del Interior citada por Reuters. No hay datos de cuántos militares han sido movilizados; pero se sabe que trabajarán en lugares “sensibles”, como playas, para evitar la llegada de más inmigrantes ilegales. Se reporta que están enviando a los adultos a un estadio de fútbol, desde donde serán devueltos a su país, y a los menores a un edificio industrial.

Los enclaves de Ceuta, Melilla, y las Islas Canarias han sido periódicamente utilizados como trampolín para arribar a Europa. La llegada repentina a una ciudad de 80 000 habitantes ha creado una crisis humanitaria en una frontera donde mueren más personas que en la de Estados Unidos con México.

Si tuviéramos que elegir una foto para graficar este conflicto y sus ramificaciones en la política española actual, definitivamente la imagen sería la de Luna Reyes abrazando a un migrante senegalés. La repercusión que ha tenido la escena en las redes sociales ha sido amplificada por muchos medios de comunicación. El gesto de la voluntaria madrileña de la Cruz Roja despertó reacciones agresivas y discursos de odio de sectores ultranacionalistas y xenófobos, lo que la obligó a cerrar el acceso público de sus redes sociales ante el acoso sufrido.

De igual forma, como escribe Joaquín Urías para la revista española Ctxt, la imagen contribuyó a que otras muchas personas celebraran la solidaridad de la joven, y se contrapusieran a la narrativa intolerante y antiderechos que presenta la situación no como una crisis humanitaria sino como una invasión que amenaza la soberanía española.

Sin embargo, Urías también señala la instrumentalización del hecho por fuerzas en apariencia progresistas. “La mayor parte de los políticos, periodistas y opinadores orgullosos de esa foto están de acuerdo, al mismo tiempo, con que a ese muchacho lloroso que lleva miles de kilómetros y maltratos se lo devuelva a un país del que acaba de escapar y donde volverá a ser (posiblemente) maltratado”.

Pero más allá de Luna Reyes y el joven senegalés están ocurriendo otras historias. Organizaciones de derechos humanos han advertido del uso excesivo de la fuerza contra los migrantes marroquíes y han condenado el regreso de por lo menos 2 700 de ellos. “Este tipo de expulsiones sumarias significan que esta gente no tendrá el derecho de aplicar para pedir asilo o reclamar la posibilidad de permanecer en España”, denunció Judith Sunderland, directora asociada de la ONG Human’s Right Watch para Europa y Asia Central.

Las autoridades de la península han dicho que entre los deportados no se encuentran menores, algo de lo que Sunderland duda, sobre todo por la rapidez de los funcionarios en realizar los trámites de retorno.

Estrella Galán, directora general de un grupo que ayuda a quienes piden refugio, explicó que Marruecos estaba utilizando la situación para tener ventaja política sobre España y así lograr la extradición del líder saharaui Brahim Ghali. Pero también precisó que los acontecimientos actuales eran consecuencia de la decisión de la Unión Europea, después de la crisis de 2015, de dejar gran parte de su control migratorio en países fuera del bloque. “Esto es lo que pasa cuando convertimos a otros en gendarmes de nuestras propias fronteras”, declaró Galán.

El diario El País ha asegurado que el lado marroquí ya ha vuelto a patrullar con regularidad el límite con España, impidiendo que pasen más personas. Esto es un indicador de que las tensiones han bajado, aunque hace unos días el Estado norafricano, que siempre ha asegurado que el aumento de migrantes no tiene nada que ver con su desacuerdo en torno a la hospitalización del líder saharaui, llamó de vuelta a Rabat a la embajadora de su nación en España, Karima Benyaich, para consultar y diseñar una estrategia.

Y aunque Ghali se está recuperando en un centro médico en el norte del país, lo cierto es que también enfrenta obstáculos legales en suelo ibérico. El jueves la Corte Nacional afirmó que uno de sus jueces había reabierto un caso contra él por violación de derechos humanos, realizado por una asociación en nombre de aquellos que aseveran haber sufrido abusos en un campamento del Frente Polisario en Argelia.

El señor Ghali, de 71 años, se convirtió en el año 2016 en presidente de la República Árabe Saharaui Democrática, el último territorio pendiente de descolonización en África según la ONU. Es, además, un veterano excombatiente contra el Ejército español y marroquí, desde que a finales de los años 60 hiciera sus primeras escaramuzas militares. En 1991, con el alto al fuego pactado por ambas partes, ocupó puestos diplomáticos, representó a su pueblo en el extranjero, con la esperanza de que en algún momento se realizara el prometido referendo entre sus compatriotas para decidir la autodeterminación o su integración a Rabat.

Los intentos políticos de llevar esto a cabo han sido infructuosos. Ese impedimento, sumado a que los enfrentamientos armados volvieron en noviembre de 2020, después de casi tres décadas, tras la acción de las fuerzas marroquíes en el paso fronterizo de Guerguerat, ha ayudado a profundizar una crisis que lleva años gestándose entre silencios estridentes.


Ernesto Eimil Reigosa

 
Ernesto Eimil Reigosa