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Publicado el 2 Junio, 2021 por Claudia Ramón Rodríguez en Opinión
 
 

EQUIPO CUBA: De odiseas y amor

Por CLAUDIA RAMÓN RODRÍGUEZ

No tiene sentido ahora llorar sobre la leche derramada buscando mejores alineaciones para un juego que ya es historia. Tampoco arremeter con críticas a quienes desde la dirección de la tropa cubana al seguro querían la victoria.

Aun cuando nuestro deporte nacional muestra nuevamente sus deficiencias, y vemos con añoranza los tiempos de las cuatro letras en lo más alto del béisbol mundial, duele saber que por primera vez no estará en los Juegos Olímpicos, después de ocupar podio en todas las ediciones (de Barcelona 92 a Beijín 2008) en que las bolas y los strikes se han incluido en estos certámenes.

Y es que dos partidos no les fue suficiente a los dirigidos por Armando Ferrer para limar errores y lograr el gane, que tanto se acarició si de oportunidades hablamos. Pero lo mejor del clasificatorio olímpico americano ha sido las muestras de patriotismo por Cuba y, tristemente lo peor, el nivel de degradación al que llega parte de la contrarrevolución de Miami.

De unos y otros

Desde que se conocía la fecha y calendario del evento que otorga un solo cupo para Tokio, en colas, guaguas, centros de trabajos, barrios, portales y las tan mediáticas redes sociales, el béisbol volvía al comentario cotidiano. Aunque, en opinión incluso de expertos en temas beisboleros, las posibilidades eran muy bajas para nación antillana.

Sin embargo, la pasión que genera este deporte y los deseos de ver en cualquier lugar de las olimpiadas los tres colores patrios alimentaban las esperanzas de quienes soñaron con que se podía. Grupos en redes sociales surgieron de inmediato donde se socializaba información y, sobre todo, mensajes de apoyo y aliento.

Mas el equipo iba a un campo de batalla hostil, Florida, estado al que pertenece la ciudad de Miami, donde se concentra lo más reaccionario contra nuestro país y la primera línea de ataque hacia la Revolución y el sistema político y social cubano.

Antes, vivieron una incertidumbre pues no obtenían respuesta de la aprobación del visado a los atletas. Desde el 19 de abril pasado que se iniciaron los trámites la confirmación llegó el día 25 de mayo, a solo seis días del inicio del torneo el 31 del propio mes, rompiendo los planes de la selección para estar desde el 21 y efectuar partidos preparatorios con otros equipos.

Y, para variar, de nuevo se vivieron los males del robo de talentos. Esta vez recién llegado, el cienfueguero César Prieto abandonaba a sus compañeros sin siquiera empuñar un bate. Que, sin justificar su actitud egoísta, al menos con sus coequiperos, es otra consecuencia de la no concreción de un acuerdo entre las Grandes Ligas de Béisbol (MLB) y la Federación Cubana, luego de que en 2019 el exmandatario estadounidense Donald Trump cancelara el acuerdo firmado por ambos en diciembre de 2018.

Pero la cosa no acaba ahí, y la desvergüenza y el asedio político llegó también al deporte. Un pequeño grupo de esa mafia anticubana se orquestó y entró al estadio solo a ofender, denigrar y empañar la actividad atlética, con mensajes de una tirria visceral por Cuba. Algo que dista de su discurso hipócrita donde “ladran” que no les importa esta Isla.

Pese a todo ese contexto incómodo se vio y escuchó a mucha gente, sobre todo en el juego decisivo ante Canadá, apoyar al país caribeño con las muestras más sanas y hermosas. Portaban banderas, letreros, trajes de nuestros equipos nacionales; cantaron el Himno de Bayamo y animaron en todo momento hasta el último out.

Lo que tanto quieren difundir los grandes medios miamenses sobre un supuesto odio hacia Cuba por todos los cubanos que viven en el exterior del país, se desmonta para cualquiera que viera semejante apoyo al equipo patrio. A fin de cuentas, para los que la quieran bien siempre será su Patria.


Claudia Ramón Rodríguez

 
Claudia Ramón Rodríguez