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Publicado el 22 Junio, 2021 por Ernesto Eimil Reigosa en Opinión
 
 

FRANCIA: Bofetadas, harina y huevos

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Ernesto Eimil ReigosaPor ERNESTO EIMIL REIGOSA

En los últimos días algunos franceses han expresado su descontento de manera violenta contra sus autoridades. Primero, el caso más notorio: mientras saludaba a sus simpatizantes en el sureste, Emmanuel Macron fue abofeteado por un hombre de la multitud, quien luego fue condenado a cuatro meses de prisión. Solo días más tarde Jean-Luc Mélenchon, líder del partido ecosocialista Francia Insumisa, sufrió otra agresión parecida al ser bañado con harina por un detractor. Por extraño que parezca, esta práctica no es inusual en el país del existencialismo y de la alta cuisine.

Una suerte similar a la de este político de izquierda, quien probablemente sea uno de los mayores contrincantes del actual presidente en las elecciones del próximo año, la sufrieron Nicolas Sarkozy y François Hollande, mientras al propio Macron le fueron lanzados huevos en dos ocasiones antes de ser elegido en 2017. El incidente contra Mélenchon llega en medio de las tensiones que se vivieron a nivel nacional en el contexto de los comicios regionales que tuvieron lugar el 20 de junio.

Si bien estos incidentes ocurren cada cierto tiempo, lo innegable es que el rechazo hacia ellos ha atravesado todo el espectro político. El propio Mélenchon mostró su empatía con el actual mandatario, quien también recibió un mensaje de su rival Marine Le Pen. “Uno puede luchar contra él políticamente, pero uno no puede ser violento de ninguna manera”, dijo la jefa del partido ultraderechista Agrupación Nacional.

Mas los mencionados no han sido los únicos casos. El viernes 11 de junio, un antiguo ministro que se está presentando a las elecciones locales, François Rugy, también fue embadurnado con harina en la ciudad occidental de Nantes. El candidato comentó a la prensa que había tomado acciones legales contra la mujer que lo asaltó. “Debate siempre. Agresión física, nunca”, declaró.

Las causas de estas ofensas son diversas. Mélenchon es uno de los que han sido culpados por el aumento de la inseguridad política del presente. Fue duramente criticado por la predicción de que el país sería atacado durante la campaña presidencial sin evidencia o explicación posterior. “Ya verán, en la última semana de las generales tendremos un grave incidente o un asesinato”, aseguró en la televisión pública.

En una nación que todavía tiene muy abiertas las heridas del terrorismo, este tipo de acciones suele conllevar una respuesta negativa. Legisladores del gobierno francés lo acusaron de alimentar teorías de conspiración. En su defensa, el líder de Francia Insumisa argumentó que su comentario estuvo basado en los videos de YouTube subidos por un extremista, en los que se ve a este disparando a un maniquí como si fuera “un votante de izquierdas”.

Desde entonces, el video ha desaparecido de la red social y se ha conocido que Mélenchon ha denunciado a la persona que produjo el contenido. Luego de que el político fuera violentado en París, el portavoz de su partido, David Guiraud, escribió en Twitter que habían identificado al atacante: presuntamente es otro youtuber extremista, pero Guiraud no reveló el nombre.

En la carrera por la presidencia de 2017, el partido Francia Insumisa recibió la quinta parte de los votos válidos, colocándose cuartos detrás de Macron, Le Pen y el conservador François Fillon.

Lavado de cara

Lo cierto es que toda esta agresividad se magnifica debido a la polarización, al igual que ocurre en muchas partes del mundo. Un escenario que ha cambiado notablemente en los últimos cuatro años. Los partidos moderados, como el que está actualmente en el poder, han dado un giro hacia políticas antiderecho e intolerantes; mientras los más extremos, como Agrupación Nacional, tradicionalmente euroescépticos, ahora han dejado de lado ciertos resentimientos con la moneda común europea e incluso han apostado por el ecologismo, aunque manteniendo sus valores ultranacionalistas y antiinmigración.

Los esfuerzos de esta organización por normalizar sus puntos de vista ante la opinión pública han provocado que Macron recicle su discurso en busca de consenso entre los sectores más conservadores. Ha decidido combatir al extremismo en su propio terreno, con la esperanza de que sus votantes no le abandonen en 2022 y mantener así a sus adversarios a raya.

Sin embargo, este cambio está ayudando más de lo que parece a estos grupos intolerantes, según dicen expertos y hasta los propios funcionarios de Agrupación Nacional. “Legitima lo que hemos estado hablando”, explica Louis Aliot, alcalde de la ciudad de Perpignan. “Esta es la gente que desde hace 30 años dice: tengan cuidado, son fascistas porque están enfocados en los musulmanes. De repente están hablando igual que nosotros”.

En los últimos tiempos el actual gobierno ha tomado una serie de medidas conservadoras, extremistas y en contra del derecho ciudadano. Entre otras, las autoridades están tratando de adoptar en el Senado un proyecto de ley que prohíba a las menores de 18 años usar velo islámico; intentaron pasar una ley -que fue luego desestimada- para impedir grabar a la policía; y han ordenado investigaciones para ver la influencia del “islamo-izquierdismo” en las universidades, prometiendo acabar con lo que llaman el “separatismo musulmán”. Gérald Darmanin, ministro del Interior, incluso acusó a Le Pen en televisión de ser más suave con el islam que ellos.

Jean-Michel Mis, legislador del partido de Macron y el politólogo Nicolas Lebourg dieron sus criterios en una entrevista a The New York Times. “Mientras más nos movamos a su terreno, más fuertes los hacemos”, dijo Mis. “Así que sus líderes están muy complacidos porque al final estamos apoyando sus temas de campaña”, agregó. Lebourg, por su parte, se mostró de acuerdo con Mis, recordando que históricamente la adopción de ese tipo de medidas suele inducir un efecto contrario al que se desea.

Y aunque el actual mandatario se ha mostrado como la mejor oportunidad de mantener a los extremistas alejados de los espacios de poder, las encuestas muestran que la gente se está cansando de que le pidan votar contra un candidato en vez de hacerlo por quien desea. El agotamiento político, y no otra cosa, permite pronosticar que en la Francia del futuro próximo seguirán volando bofetadas, harina y huevos.

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Ernesto Eimil Reigosa

 
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