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Publicado el 2 Junio, 2021 por María de las Nieves Galá León en Opinión
 
 

Ganar la batalla depende de todos

Por MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ

Hacer un recorrido por La Habana, aun sin la mínima intención de realizar un reportaje, da la medida de la poca percepción de riesgo que hoy existe entre muchas personas. En las calles se puede observar lo que algunos han adoptado casi como una moda: el nasobuco por la garganta. Eso ocurre cuando la capital sigue aportando diariamente el mayor número de personas contagiadas con la covid-19 y también de fallecidos.

De que ha disminuido la percepción de riesgo y, además, se ha incrementado la indisciplina, no hay dudas. Y no solo en La Habana, los números rojos de muchas provincias también dicen mucho.

A inicios de la pandemia no fue así. Hace poco, accedí a los resultados de una investigación publicada en el sitio http://www.revistaccuba.cu/ de la Academia de Ciencias de Cuba, la cual tuvo como objetivo caracterizar aspectos relacionados con la percepción de riesgo durante el distanciamiento social por la covid-19 en Cuba. El estudio, que constituyó un pilotaje, se valió de una encuesta exploratoria de junio a julio de 2020.

Los encuestados dieron fe del conocimiento del nuevo coronavirus. De acuerdo con los resultados: 98,4 por ciento (247 personas) reconoció a la enfermedad como respiratoria e infecciosa aguda y solo 1,2 por ciento (3 personas) respondió que esta no era una característica de la enfermedad.

El estudio, además, indagó en cuáles medidas tomarían tras conocer a alguna persona infectada. Y el resultado fue: 88 por ciento no la visitaría, 78 por ciento llamaría a las autoridades, 36 por ciento esperaría indicaciones y solo una persona expresó que no haría nada. Adicionalmente, los participantes mencionaron otras acciones como acompañar a la persona enferma para que reciba tratamiento médico y evitar contacto directo con esta.

Los investigadores reconocen que, dada la restricción de movilidad y el aislamiento físico del período en que se desarrolló la indagación, existieron algunas limitaciones; de hecho, la población estudiada se restringió a aquellos con acceso a internet desde sus hogares, además, no todos los territorios del país estuvieron igualmente representados. No obstante, consideraron que “se cumplieron los objetivos de este estudio piloto dada su pertinencia y factibilidad”.

El análisis corroboró lo que muchos percibimos: las personas

tenían un mayor sentido del riesgo, que lamentablemente, se ha debilitado en los últimos meses a pesar del incremento de la tasa de incidencia de la enfermedad por cada 100 000 habitantes y cuando está latente el peligro ante las nuevas cepas que circulan.

A pesar de los reiterados llamados de las autoridades gubernamentales y sanitarias para cumplir rigurosamente las medidas de protección, cuidarse y cuidar a los demás, muchos hacen caso omiso al reclamo y muestran total irresponsabilidad.

La falta de percepción del peligro está en aquellos que permiten a los niños jugar en las aceras o los que salen con ellos a las calles; se da en las familias que reciben visitas que presumiblemente están bien y no se protegen o realizan fiestas y celebraciones poniendo en riesgo no solo a los suyos, sino a los vecinos. Se manifiesta también en aquellas instituciones que no cumplen los protocolos.

Si bien ya se inició el camino hacia la vacunación masiva y se prevé que en este 2021 Cuba tenga a toda su población vacunada, los epidemiólogos y expertos insisten en que el cumplimiento de las medidas de protección seguirá siendo indispensable para la disminución o erradicación de la pandemia.

Ganar esta batalla por la vida, depende de todos. Por ahora y en largo tiempo, la disciplina, individual y colectiva, tiene que seguir siendo el arma principal con que se enfrente el mortal virus.


María de las Nieves Galá León

 
María de las Nieves Galá León