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Publicado el 17 Junio, 2021 por Prensa Latina en Opinión
 
 

Golpista OEA pide apoyo para derrocar al gobierno nicaragüense

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Stella Calloni.

(voltairenet.org)

Por Stella Calloni (*)

La Organización de Estados Americanos (OEA) que encabeza el golpismo en diversos países de América Latina con la abierta implicación del secretario general, Luis Almagro, intenta ahora aplicar la llamada ‘carta democrática’ a Nicaragua.

Constituye una respuesta desesperada ante la revelación de documentos en Estados Unidos sobre las implicaciones de Washington en el intento de golpe militar en 2018, en ese país centroamericano.

El gobierno del demócrata Joe Biden continúa la política brutal de su predecesor Donald Trump en América Latina, y sigue aplicando sanciones a Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Dichas sanciones resultan una gravísima violación a los derechos de los pueblos y los derechos humanos que deben ser cumplidos a nivel universal, agravados por el flagelo de la pandemia de Covid-19 que asola a la humanidad.

Esto puso en evidencia quiénes son los enemigos de la humanidad, como aquellos grandes y ricos países que acumulan vacunas, y cuyos laboratorios se niegan a compartir sus avances, sus patentes, en una maniobra criminal desde donde se mire.

Estados Unidos desoyó el pedido del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, instando a suspender los conflictos y todo accionar bélico para permitir la protección que necesitan los pueblos ante la pandemia.

HEROICA RESISTENCIA

Washington trata de producir no sólo un nuevo golpe de Estado en Perú aprovechando el contexto electoral, sino también en Nicaragua, un ‘paisito’ como dicen en una Centroamérica a la que hicieron víctima primera de su expansión imperial hacia nuestra región.

Esa misma Nicaragua que más de una vez los hizo poner en fuga, como lo logró aquel formidable ejército de campesinos de ‘hombres libres’ que con escopetas de caza puso en huida en los años 30 del pasado siglo a la ya entonces poderosa fuerza aérea estadounidense.

Augusto César Sandino (1895-1934) siguió tan vivo en la memoria del pueblo que en 1979, en una nueva guerra de liberación, en condiciones totalmente asimétricas con el poderoso imperio, regresó con el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional, el cual derrocó al último de los tiranos de la familia Somoza, que estaban en el poder impuestos por Estados Unidos.

La revolución triunfante del FSLN que en julio de 1979 asombró al mundo, debió soportar una guerra contrainsurgente de una crueldad que no sólo produjo atentados terroristas condenados por el mundo, sino miles de muertos en la Nicaragua sandinista.

Este rápido vuelo al pasado nos lleva a las elecciones decididas por el FSLN en 1990, poco después de que en una de las acciones más siniestras y cobardes Estados Unidos invadiera Panamá en la madrugada del 20 de diciembre de 1989, con todas las fuerzas de su Comando Sur aún ocupando la zona del canal, de tan trágica memoria para los latinoamericanos.

Pero hubo resistencia, en esa enorme desigualdad que significaba semejante enfrentamiento, en una acción donde Estados Unidos probó armas como lo hicieron los nazis en Guernica, España.

Fui testigo de esa invasión como de la insurrección final sandinista que el 19 de julio de 1979, con todo el pueblo en las calles, con armas menores si se comparaba las que Washington proveía a su dictador, ganaron la guerra heroicamente.

También fui testigo de la guerra sucia de Estados Unidos contra el pueblo nicaragüense en los años 80.

Las elecciones de 1990 se dieron cuando ya Nicaragua tenía más de 50 mil víctimas de la ‘guerra sucia’ y ‘encubierta’ de Estados Unidos y con el antecedente tan cercano de la invasión a Panamá y sus miles de víctimas.

Lo que significaba una amenaza evidente para el pueblo nicaragüense, que le había ganado la cruenta y desigual guerra a Estados Unidos.

Por supuesto que Washington no sólo actuaba militarmente. La nueva creación de Ronald Reagan en 1983, la Fundación para la Democracia (NED, siglas en inglés) que se probó también en Panamá -encargada junto a la actual Usaid (la antigua y temible AID, Agencia Internacional para el Desarrollo), de conformar alianzas opositoras.

En Panamá, la Cruzada Civilista que pidió y apoyó la invasión a su país y en Nicaragua la Unión Nacional Opositora (UNO) que unió a todos los partidos opositores al Frente Sandinista en 1990, tenían su sede central en Washington.

Hoy todas las alianzas de derecha en el continente han sido creadas bajo el control de las fundaciones como la NED, que bien pueden llamarse la ‘cara social’ de la CIA, la cual junto a centenares de Organizaciones No Gubernamentales (ONG), han invadido Nuestra América.

Juegan un gran papel en la distribución de los millones de dólares destinados a los golpes de Estado, y a la infiltración de las estructuras judiciales, a los ‘gastos’ que le originan los medios masivos de comunicación bajo el control del Pentágono, como un arma de guerra que son, entre otras ‘inversiones’.

GOLPISMO EN NICARAGUA 2021

En estos momentos Nicaragua es un objetivo, tanto por lo que significó el desafío del gobierno de Daniel Ortega, elegido con más del 70 por ciento de los votos en las últimas elecciones desde que el FSLN regresó al gobierno en 2007, produciendo un cambio profundo en favor del pueblo.

Y estamos casi en la misma situación de los 90, después de que la actual alianza de las derechas proimperialistas fracasó en el intento de golpe de 2018, cuando los mercenarios y grupos lúmpenes cometieron delitos de lesa humanidad, convertidos por los gobiernos de Estados Unidos nuevamente en ‘luchadores por la libertad’, el ostentoso nombre que Reagan impuso a los asesinos y terroristas de la Contra nicaragüense en los años 80.

En el 2018 introdujeron el modelo de las ‘guarimbas’ contrarrevolucionarias y criminales de Venezuela. Supuestas manifestaciones estudiantiles, como pantalla de los mercenarios que mataron en enfrentamientos a decenas de policías sandinistas y población civil.

Como siempre y como sucede en nuestros países donde el Pentágono y los organismos de inteligencia de Estados Unidos controlan el 98 por ciento de la (des)información que circula por el mundo.

Tienen un ejército de mercenarios mediáticos, muy bien pagados que transformaron a Ortega en un dictador sanguinario, mientras los ‘buenos muchachos’ aterrorizaban a la población con sus métodos brutales.

Hay suficientes grabaciones y videos que dan cuenta de esta realidad. ¿Cómo explican los opositores los enfrentamientos armados, si no había armas en ambos bandos?

Como origen de los sucesos en Nicaragua se mencionaba una ‘protesta estudiantil’, imagen y semejanza de lo intentado por Leopoldo López en Venezuela en 2017, encubriendo a los grupos de choque mercenarios armados y capaces de matar en forma atroz.

¿Cuántos fueron los asesinados en Nicaragua, de personas rociadas con gasolina y quemados por los mercenarios ante una población aterrorizada? Los grupos de encapuchados armados en diversos lugares del país, que enfrentaron y mataron policías, no disparaban piedras, sino balas, que dejaron un tendal de muertos y heridos.

Decenas de edificios e inclusive una casa con la familia adentro fueron quemados, así como las radios que no eran parte del golpe y decenas de comunitarias, y produjeron severos daños en la Universidad y Centros de salud creados por el gobierno.

¿En qué podía beneficiar a Ortega quemar edificios claves de su administración o casas de las familias de sus funcionarios, o asesinar previa tortura y flagelación pública como hicieron los mercenarios en distintos lugares del país matando sádicamente a quienes caían en sus manos? Era lo que la oposición ‘democrática’ no pudo explicar nunca.

Un estado de confusión y caos y la cadena de medios del poder hegemónico contando la historia al revés en todo el mundo demostró cómo el poder criminal de la prensa que miente es similar al poder criminal del que dispara a mansalva contar un pueblo desarmado.

AL DESCUBIERTO ROL DE LA NED, USAID y OTRAS ORGANIZACIONES

Estos hechos fueron investigados por periodistas estadounidenses como Max Blumenthal, quien puso al descubierto el rol de entidades como la Usaid, Freedom House y la NED en el financiamiento de ONG nicaragüenses que llamaron al derrocamiento de Ortega.

De acuerdo con Blumenthal la Usaid destinó para Nicaragua en 2017 la suma de 5,2 millones de dólares, ‘con la mayoría de los fondos para la capacitación de la sociedad civil y las organizaciones de medios de comunicación’.

En junio los dirigentes del M19, el grupo estudiantil que comenzó las protestas antigubernamentales y que buscaba ‘suplantar a la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua’, viajaron a Washington a reunirse con la ultraderecha de Estados Unidos, con figuras como Marco Rubio, Ted Cruz y Ros-Lehtinen (cubanoamericanos y representantes republicanos ligados al terrorismo que asoló a Cuba y América Latina).

También se reunieron con Mark Green, director de Usaid, quien manifestó su apoyo contra el gobierno sandinista. El viaje fue pagado por Freedom House, denunció y probó Blumenthal.

Destacaba que el M19 no era espontáneo ni fruto del ‘descontento’ contra Ortega. El Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, dirigido por Félix Madariaga, organizador del M19 y uno de los principales voceros contra el sandinismo, recibió 260 mil dólares de la NED, de Estados Unidos, denunció Blumenthal en base a sus investigaciones.

Citó que la organización ‘Hagamos Democracia’, de Luciano García, reconocido opositor al sandinismo, recibió también 525 mil dólares de la NED desde 2014 y entregó en 2017 un millón de dólares a diversas organizaciones de la llamada ‘sociedad civil’, que exigían la renuncia de Ortega.

Estas eran la Comisión de Derechos Humanos de Nicaragua (111 mil dólares), Centro para la Empresa Privada (239 mil dólares), Instituto Republicano Internacional (150 mil dólares), Fundación Iberoamericana de Culturas (79 mil dólares), Fundación Desarrollo Económico Social (40 mil dólares), entre otras. (Fuente: NED digital)

La NED destinó 305 mil dólares en 2017 a grupos anónimos de Nicaragua, para lo que ellos llaman ‘promoción de la democracia’, entiéndase, la organización de la contrarrevolución y la subversión antisandinista destacando el papel que cumplen en la Guerra de Cuarta generación en América Latina.

Igualmente apareció la ayuda al entonces Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), que se movilizó y se prestó a ser utilizado por la CIA para tratar de influir en los sectores de izquierda aliados al sandinismo en otros tiempos.

Ahora el gobierno de Ortega fue advertido por otro intento golpista o una maniobra para activar su destitución, mediante las reorganizadas fuerzas de derecha.

‘El gobierno de Estados Unidos ha pasado años cultivando un círculo de medios de comunicación de derecha en Nicaragua que jugaron un papel central en un violento intento de golpe de Estado en 2018. Esta red ahora está siendo investigada por el gobierno de Nicaragua por denuncias de lavado de dinero’, señala el periodista norteamericano Ben Norton.

En estos momentos está a la cabeza de la nueva instancia golpista la Fundación Violeta Barrios de Chamorro para la Reconciliación y la Democracia, ‘que es central para el apoyo financiero, técnico y logístico masivo de Washington a la oposición nicaragüense’.

Actúa como lo que la CIA llama un ‘punto de paso’: una organización de terceros que sirve como un canal aparentemente independiente para dar financiamiento del gobierno de Estados Unidos a grupos políticos y medios de comunicación extranjeros.

En un documento de inteligencia, citado por Blumenthal, se usa la frase ‘régimen de transición’ 102 veces señalando que el nuevo gobierno será instalado por Estados Unidos.

Pide que se haga una purga de miembros del Ejército y la Policía, ‘entonces es obvio lo que quiere hacer la Usaid’, cuando ‘más de 75 millones de dólares fueron enviados por este organismo a la Fundación Chamorro’.

La NED, que tuvo la responsabilidad por la victoria de Violeta Barrios de Chamorro y financió su campaña en 1990 y que interfiere en muchos países alrededor del mundo y en particular en Latinoamérica, declaró en su propio medio, con orgullo, que ‘preparamos las bases para la insurrección en Nicaragua con la violencia y con los tranques’. Y también se ufanó de tener ‘la responsabilidad por el golpe de Estado’.

De eso y mucho más se trata la nueva maniobra de la OEA y su secretario general Luis Almagro, denunciado por diversos gobiernos como el ‘ejecutor directo’ de los golpes en América Latina siglo XXI.  (Buenos Aires, Prensa Latina)

(*) Prestigiosa escritora, periodista y analista internacional argentina. Premio Latinoamericano de Periodismo ‘José Martí’ (1986).

 

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