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Publicado el 4 Junio, 2021 por Pastor Batista en Opinión
 
 

Industria azucarera: que cada quien busque su grano

Estas líneas no son recuento ni balance; simplemente la percepción que, desde fuera, puede tener cualquier cubano, conocedor de lo que significan centrales y plantaciones cañeras para quienes le han entregado su vida a ese legendario sector

Pastor Batista, corresponsal de BohemiaPor PASTOR BATISTA VALDÉS

Las lluvias de mayo vinieron a propinar, tal vez, el tiro de gracia en frentes donde aún se combatía.

Pero no me parece justo cargarles a las recientes precipitaciones (siempre esperadas con gratitud) las manchas decisorias en una contienda donde otros factores se han servido con la cuchara grande a la hora de interponer obstáculos y causar perjuicios.

El lector no tiene que ser necesariamente especialista ni tener un elevado nivel de información y de actualización acerca del tema para saber que la zafra azucarera 2020-2021 no se ha comportado del modo que esperaban organizadores, protagonistas y, desde luego, tampoco de la manera que tanto necesita la economía cubana en un momento como el que hoy atraviesa la nación.

Quienes gustan de seguir estos temas recordarán referencias como las hechas por Cubadebate en torno al modo en que la cruda política de Estados Unidos contra Cuba ha continuado golpeando con fuerza al sector azucarero.

No se trata de una veta por donde escurrir pretextos y justificaciones. Medidas, presiones, sanciones y otras arbitrariedades del gobierno norteamericano para impedir o retardar la llegada de recursos e insumos imprescindibles para la siembra, fertilización, atenciones culturales, cosecha, preparativos de zafra, proceso de fabricación… no solo han pasado a formar parte de “la cotidianidad” dentro del ámbito azucarero cubano, sino que mantienen una tendencia al recrudecimiento.

Si alguien imagina que se puede hacer una buena contienda sin los niveles mínimos de herbicidas, fertilizantes, combustibles, neumáticos, baterías, electrodos, acero…) vive a años luz de la verdad. Eso, por supuesto, no le resta ni un átomo de relevancia al ingrediente subjetivo, a los millones que sí significan la planificación, el control, la exigencia, la motivación… o que se pierden cuando faltan esos resortes.

Recientemente, el vicepresidente primero del Grupo Empresarial Azucarero Azcuba, José Carlos Santos refería que el insuficiente volumen de  combustibles, a causa del bloqueo, ha ocasionado sensibles daños en la producción cañera, así como en la azucarera, afectada esta última en un 11 por ciento durante el 2020 y en casi el doble ahora.

En medio de un panorama tan adverso como ese, la provincia de Las Tunas pudo arribar al primero de mayo con más de 100 mil toneladas de azúcar.

Cuando detuvo sus máquinas, el pasado 6 de mayo, el central Majibacoa, construido por la Revolución e inaugurado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, era el tercero de Cuba con mayor volumen de azúcar producida hasta entonces, detrás del coloso espirituano Uruguay y del también tunero Antonio Guiteras.

No menos intensa ha sido la labor de los villaclareños, empeñados también en aportar todo el crudo posible. Los trabajadores del central refinería Ecuador, en Ciego de Ávila, emergieron como los primeros del país en cumplir su plan de producción.

Centrales, en fin, unidades cañeras, pelotones de corte y colectivos hay en varias partes del archipiélago, donde la gente -lejos de cruzar brazos o abrir la boca como el pichón a la espera de comida- afincó la bota para sacarle el zumo a los pocos recursos de que se dispuso para echar la pelea.

Quienes han vivido en un batey de central, quienes han dedicado su vida a la industria azucarera, ya sea entre plantaciones o entre basculadores, calderas y centrífugas saben muy bien el incondicional fijador que tiene la vergüenza humana dentro de ese legendario sector.

Búsquenme a un solo obrero -de esos que pasan más tiempo llenos de grasa, bagacillo y con el casco en la cabeza que con ella apoyada en la almohada- a quien le dé lo mismo que su central cumpla o no. Al menos yo no he conocido a uno solo.

Y eso es justo decirlo a la altura de un mes como este, junio, cuando la actividad de los molinos cesa, las chimeneas no echan ya su bocanada de humo y deja de escucharse el pitazo del ingenio, para abrir paso a otra pelea, relacionada con todos los preparativos que aseguren la próxima contienda.

¿Qué si proseguirán las escaseces? Desde luego… porque no dejará de haber bloqueo, cerco, absurda hostilidad, sucia política made in USA, como tampoco algunos remolones, aquí dentro, a quienes habrá que sacudir o “moler”.

Nadie descarte, a la vez, la posibilidad de nuevos contratiempos con un combustible que, por tanto, todo el mundo deberá planificar, controlar y usar mucho mejor, para que no tome “rumbos no previstos”.

Y, nadie lo dude, si seguimos devaneando, el nuevo coronavirus se hará más viejo haciendo daños al estilo de los que provocó al filtrarse por la puerta de centrales como el Uruguay, sin permiso de nadie, para tornar más complicado el panorama de la zafra.

Balance, recuento y proyección supongo haya en cada estructura e instancia. Siempre ha sido así, en las buenas, en las regulares y en las malas. Importante: poner el ojo y el dedo sobre las llagas. Más importante aún: no perder la calma, la motivación ni el optimismo. Decisivo: que cada quien, desde su función eminentemente productiva o de dirección, se mire hacia adentro, mire a su alrededor y haga lo que le corresponde, para que no falte de cada quien ese grano de azúcar, aparentemente insignificante pero que determina a la hora de pasar factura final.


Pastor Batista

 
Pastor Batista