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Publicado el 19 Junio, 2021 por Irene Izquierdo en Opinión
 
 

Lecciones grandes que nos dan los pequeños

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Irene Izquierdo RiveraPor IRENE IZQUIERDO

Los niños, llenos de fantasía, inquietos, revoltosos, inteligentes, absorbentes y resueltos, son una evocación a El Principito, regalo universal y cautivador salido del corazón del aviador y escritor Antoine de Saint Exupéry. Y, aunque con frecuencia lo olvidamos, el libro nos recuerda que alguna vez pasamos por esa etapa.

Son mayoría quienes aseguran que los criterios pueriles siempre resultan válidos, por su sinceridad a la hora de emitir un juicio; quizás ahí radique la causa por la cual muchos grandes los tienen en cuenta a la hora de tomar decisiones. Ellos, en cambio –sobre todo los que viven entre adultos – son “muy indulgentes” cuando lo planeado no les sale bien, como la más elemental muestra de respeto a los dueños de la experiencia.

En estos tiempos en que permanecemos en casa, por el incómodo, pero necesario aislamiento impuesto por la pandemia, los benjamines nos dan lecciones de todo tipo. Días atrás escuché cómo dos vecinas del barrio intercambiaban acerca de sus nietos, como lo hacen con frecuencia para medir hasta dónde han avanzado. Una de ellas resaltaba las nuevas medidas que su pequeña María Karla había implantado en el hogar. Justo es destacar que la niña, además de excelente estudiante, es muy organizada.

— ¡Imagínense, ahora Karlita estableció sanciones para quienes digamos palabras subidas de tono…!

— ¿A qué te refieres?, inquirió otra vecina que se sumó al intercambio.

—Sí, tú sabes… A veces una habla, suelta una palabrota y el cará…; precisó la abuela de la niña cuyo actuar devenía centro de la conversación.

— ¡Ah, ya comprendo! La niña educándolos a ustedes, comentó la interesada, quien seguidamente preguntó: ¿Y qué tipo de sanciones les aplica?

— ¡Diez pesos de multa! ¡El hermano ya ni se atreve a alzar la voz!

La conversación, que provocó la risa de algunos, terminó ahí. Mas, me hizo reflexionar acerca del ingenio de la pequeña. Tal vez era tanta la agresión a sus oídos, que tomó la decisión de cortar el mal de raíz. Comenzó advirtiendo acerca de la implantación de la medida y terminó aplicándola.

‘El niño hace más lo que ve hacer que lo que le dicen que haga’, expresaba una valla muy bien ubicada, por años, en la Avenida Monumental. Por fortuna en este caso no sucede así y es la pequeña quien se encarga de aleccionar a los adultos.

No obstante, con los menores no se debe practicar lo que popularmente se conoce como ‘moral en calzoncillos’. Si un padre quiere que su hijo se exprese de manera correcta, él debe ser el primero en hacerlo.

La relación en el hogar es un constante intercambio de enseñanza y aprendizaje, en el cual todos intervienen. En los tiempos actuales, a diferencia de lo que ocurría décadas atrás, los niños hablan no cuando “las gallinas…”, sino siempre que es preciso, y también deciden.

Antiguamente se recurría a la caballerosidad; luego, a la educación formal, y ahora, a la creación de valores. Al final se trata de defender la identidad, las buenas costumbres y la deferencia mutua entre todos los miembros de la sociedad, sin distinción alguna.

Son aspectos que contemplan desde el correcto uso del idioma –la niña de referencia es una excelente muestra-, hasta el comportamiento en la escuela, el centro de labor, el hogar, la calle, o cualquier sitio donde estemos.

Los tiempos de crisis como los que vivimos a nivel global, hacen que muchos de esos valores por los que abogamos decaigan. Pero en Cuba trabajamos por un país más, afán que demanda el concurso colectivo. Son cuantiosos los recursos invertidos por el Estado en ese propósito.

Los padres, hermanos mayores, profesores y adultos en general deben responder por la parte que les corresponde y garantizar, esencialmente, que las generaciones futuras resulten paladines del proyecto, para que cuando pase el tiempo cada hombre o mujer conserve, como lo supo hacer Antoine de Saint Exupéry, hasta el último de sus días, el alma llena de fantasía, inquieta, revoltosa, inteligente y resuelta, que tanta felicidad y enseñanza nos proporciona todavía.

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Irene Izquierdo

 
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