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Publicado el 25 Junio, 2021 por Ernesto Eimil Reigosa en Opinión
 
 

Ninguna familia cubana escapa al bloqueo

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Ernesto Eimil ReigosaPor Ernesto Eimil Reigosa

Hace tiempo que la votación contra el bloqueo concita uno de los criterios más consensuados en la comunidad internacional. Casi la totalidad de los gobiernos reconocidos por las Naciones Unidas, pertenecientes a todas las ideologías, votan cada año contra él.

En los últimos tiempos, con sus efectos mostrándose con mayor severidad, la política de Estados Unidos hacia Cuba ha supuesto dificultades adicionales para la población de la nación caribeña. Sin duda, las vicisitudes que recientemente han sobrevenido suponen un contexto económico desafiante, que se ha complejizado por la pandemia de covid-19.

Así lo recoge el informe “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba”, presentado en la sede neoyorquina de la Organización de Naciones Unidas (ONU) por el ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez Parrilla.

El texto, en virtud de la resolución 74/7 de la Asamblea General de la ONU, fue sometido a votación en este organismo multilateral este 23 de junio. El resultado no fue diferente al de ocasiones anteriores. Al final fue aprobada la resolución contra esa medida unilateral por 184 votos a favor, dos en contra (Estados Unidos e Israel) y tres  abstenciones (Colombia, Ucrania y Brasil).

“El daño humano es incalculable”, dijo el canciller Rodríguez Parrilla en su discurso en New York. “La vida de ninguna familia cubana escapa a los efectos de esta política”. En este sentido, las autoridades de Cuba han puesto varios ejemplos que resultan más ilustrativos que la mera exposición de datos y cifras. Existe el caso de la empresa estatal Medicuba, la cual el año pasado contactó a 50 compañías estadounidenses para explorar la posibilidad de importar insumos “que habrían sido beneficiosos para pacientes cubanos, particularmente en áreas como la oncología y la pediatría”. La gran mayoría no respondió al pedido. Y tres de las entidades (Waters Corporation, Dexcom y la filial en el norteño país de Royal Philips N.V.) argumentaron que no podían establecer vínculos comerciales bilaterales, debido a las regulaciones federales.

El jefe de nuestra diplomacia sostuvo que, si en medio de las restricciones del bloqueo el efecto de la pandemia no ha sido ma-

yor en Cuba, es por la solidez de su sistema de salud, la fortaleza de su potencial científico y por el esfuerzo del personal sanitario en el empeño fundamental de salvar a la gente. Esto supone una de las razones más urgentes y humanitarias para que Washington levante algunas de las prohibiciones. Bajo ningún concepto deviene lícito que una nación atente contra el derecho a la vida de nadie. Y el férreo cerco está enfocado especialmente en afectar las vidas de aquellas personas más vulnerables.

En otra parte de su exposición ante medios de prensa, enfatizó que esa línea constituye una violación masiva, flagrante y sistemática de los derechos humanos de todas las cubanas y todos los cubanos, y transgrede los principios en los que se sustenta el sistema de relaciones internacionales, incluidos los del comercio y la navegación.

También manifestó que es inaceptable manipular la lucha contra el terrorismo con fines coercitivos. Nueve días antes de la toma de posesión del actual gobierno, la administración de Donald Trump incluyó a Cuba en una deleznable lista. “Nadie puede sostener que Cuba es un estado patrocinador del terrorismo”, sentenció Rodríguez Parrilla.

Por otro lado, el representante permanente de la nación norte

ña en la ONU, Rodney Hunter, en un breve discurso pronunciado cuando se debatía la resolución sobre la necesidad de poner fin al bloqueo, defendió cínicamente la postura de que este es una política que “favorece al pueblo cubano”. Que busca empoderar a la ciudadanía para que siga con su futuro.

Las autoridades cubanas, sin embargo, han manifestado en ocasiones anteriores su rechazo a la presión externa y a la injerencia que tenga como objetivo presionar al pueblo a que tome una acción o una posición determinada. Las ciencias humanas saben esto hace mucho: el camino a la democracia y el entendimiento no pasa por la coacción.

Harto llamativo es que el discurso de Hunter entre en contradicción con las afirmaciones hechas por el presidente estadounidense Joe Biden durante la campaña electoral. En aquel instante, el candidato declaró que desmontaría “las políticas fallidas de Trump que han causado daño en los cubanos y sus familias (y que) no ha hecho nada para promover la democracia y los derechos humanos”.

El gobierno de Trump frenó la mayoría de los acuerdos del breve proceso de restablecimiento de relaciones bilaterales promovido por Barack Obama, aprobó más de dos centenares de medidas que golpearon la maltrecha economía cubana y retomó la política de la confrontación bilateral.

Hasta ahora “Biden ha sido totalmente indistinguible de Trump en la política y los mensajes hacia Cuba”, valoró en un tuit el 23 de abril Ben Rhodes, ex consejero adjunto de Seguridad Nacional de Obama y quien lideró las negociaciones secretas que propiciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana, en 2015.

La actual administración ha subrayado que los nexos con Cuba, que están siendo sometidas a revisión, no constituyen una prioridad para la política exterior de EE.UU. Según expertos, además de concentrarse en su agenda doméstica, las causas de la “inacción” pueden estar relacionadas con la correlación de fuerzas en el Congreso: en el Senado hay un empate entre demócratas y republicanos y la Cámara de Representantes cuenta con una mínima mayoría del partido de Biden.

Pero más allá de problemas internos, un gobierno extranjero debe asumir la convivencia con individuos que ejerzan el derecho a la resistencia frente a acciones de poder extraterritorial. El rechazo a la dominación parte, primeramente, de la incapacidad de aceptar a una fuerza superior sin importar lo absoluta que sea.

La responsabilidad particular de cada Estado debería estar centrada en demostrar la voluntad política de solucionar los conflictos. En este aspecto los manuales internacionales son exhaustivos. Se trata de establecer un canal de diálogo, un compromiso de ambas partes de revisar los procesos, hacer concesiones y modificar las posiciones originales.

 

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Ernesto Eimil Reigosa

 
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