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Publicado el 25 Junio, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

ORIENTE MEDIO: Dos elecciones entrelazadas

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Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

La opinión pública mundial ha estado tan pendiente de si Benjamín Netanyahu sería destronado tras 12 años de “corona”, que, en alborozados comentarios –incluso en la prensa progresista– reseñan al devenido gobierno israelí signado por las diferencias ideológicas. Incluso Occidente ha llegado a decir que se trata de una “coalición de izquierdas”, de “una pequeña revolución dentro de Israel”. Por supuesto, estas dos últimas afirmaciones están en consonancia con lo qué se entiende por tales.

En opinión de esta comentarista hay un error de apreciación, porque de los seis miembros que lo integran, cinco siguen considerando vital y justa la Ley de Estado, la cual define a Israel como el “Estado nación del pueblo judío”. Además, deja bien claro que “el Estado ve el desarrollo de los asentamientos judíos como un valor nacional y actuará para alentarlos y promoverlos”.

Si esos cinco políticos a todas luces defienden el sionismo, ¿dónde están sus contradicciones? Considero que no habrá discrepancias de fondo, apenas en los matices.  De ese criterio son la Autoridad Palestina (ANP) y Hamás, que ante el anuncio de Naftali Bennett como nuevo primer ministro israelí señalaron ver escasas diferencias con el gobierno saliente de Netanyahu. A Europa Press, el portavoz de Hamás, Fawzi Barhum, declaró el 13 de junio: “No importa la forma del gabinete israelí. No cambiará la naturaleza de nuestra relación: es una entidad de ocupación y colonización a la que hay que resistir y luchar por nuestros derechos, por todas las vías de resistencia”.

Es cierto, hay una excepción puntual ahora: Mansour Abbas, líder de los árabes israelíes con el Partido Ra’am, con cuatro escaños en el parlamento hebreo. Durante meses lo fueron tanteando para ganárselo e incluso lo hizo Netanyahu. Mansour accedió a otorgar sus cuotas de poder para derrotar al indeseable “Bibi”. Y lo hizo con la condición de evaluar en el futuro la derogación de la Ley de Estado para que su gente, desde 1948 en Israel (son hoy por hoy el 21 por ciento de la población), así como que al resto de las comunidades no judías, se les considere integrantes del pueblo israelí, sin discriminaciones. De momento, aún no ha tenido una postura pública con respecto a los palestinos. Habrá que esperar.

Un niño que soñaba con matar árabes

Lejos están estas líneas de abordar uno por uno a los integrantes de la formación de gobierno israelí en acción desde el 14 de junio de 2021, luego de su aprobación por el Parlamento. Tampoco lo hará con respecto a las 13º elecciones presidenciales iraníes del 18 de junio. De eso mucho ya se ha escrito. Bohemia pretende razonar, con informaciones objetivas, sobre cómo ambos procesos entrelazados pudieran influir en el curso del Oriente Medio.

Para ello se hacen necesarias algunas precisiones: Naftali Bennett, del partido derechista Yamina, y Yair Lapid, del partido llamado centrista liberal Yesh Atid, se alternarán en el poder por un determinado período. En los dos años de ejercicio como primer ministro, Bennett será asistido por Lapid al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores. Luego, al pasar a funciones de primer ministro, contará con la asistencia de Bennett como titular del Interior. Los dos puestos claves de cualquier país.

Concentrémonos en Bennett, cabeza clave de las principales decisiones. Se trata de una personalidad fuerte, acostumbrada a mandar, reacio a las negativas. Siendo muy joven sirvió en Sayeret Matkal, unidad de combate del ejército y, según algunas fuentes periodísticas, se ha jactado de haber matado a muchos árabes. Esta actitud responde a su educación familiar, la que todavía residiendo en los Estados Unidos era abiertamente sionista. Bennett ha dicho ser de corazón, y de obra, solidario con los colonos en Cisjordania.

Sus posturas en relación a los vecinos cercanos tampoco son ni conciliadoras ni respetuosas: para los palestinos ha expresado “ni agua, ni oxígeno, ni nada”. Mientras fue ministro de Defensa ejecutó acciones militares de envergadura tanto contra la resistencia en la franja de Gaza de Hamas, como contra civiles desarmados, arropado en una carga de odio sionista incontenible.

En 2016 develó otra vez su rostro ideológico al declarar a la publicación española El Mundo: “Ningún discurso cambiará el hecho de que el pueblo judío está en Jerusalén desde hace tres mil años. Es nuestra capital. Estoy en contra de un Estado palestino porque no quiero dividir mi país”. Y en cuanto al actualmente elegido Gobierno soberano de Teherán ha dicho que “la elección de Raisi es, diría yo, la última oportunidad para que las potencias mundiales despierten antes de regresar al acuerdo nuclear y comprendan con quién están haciendo negocios. (…) la posición de Israel al respecto no cambiará”, difundió este 21 de junio RT.

Nuevos aires políticos y nuevas hostilidades contra Irán

Continuar siendo una nación auténticamente soberana siempre cuesta caro, más cuando son codiciados los recursos naturales o se le teme desde una pretendida carrera armamentística. Nunca son suficientes las declaraciones oficiales. En este caso de las autoridades de la República Islámica de Irán sobre el desarrollo pacífico de la energía nuclear para bien de su pueblo. Y ese sigue siendo el objetivo central de la revolución, iniciada en 1979, que derrocó del sah Reza Pahleví, aliado incondicional del Reino Unido y los Estados Unidos. Esta última potencia no olvida, pues sigue considerando una afrenta la toma de rehenes de su embajada.

De modo que las hostilidades son permanentes, sin importar el signo partidista en la Casa Blanca; por ejemplo, este 23 de junio el gobierno demócrata bloqueó el acceso a varias docenas de sitios web vinculados a Irán, dijeron funcionarios estadounidenses e iraníes a varios medios de prensa. Algunos especulan que es para boicotear la posibilidad de volver a retomar las negociaciones sobre un acuerdo nuclear internacional. No obstante, es muy significativo que ocurriera después de las presidenciales donde salió elegido Ebrahim Raisi, ex juez principal del país y estrecho aliado del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.

Para Washington ambos defienden posturas extremas. ¿Lo es abrazar decisiones soberanas? Los Estados Unidos, en años anteriores, han acusado a Raisi de violaciones de derechos humanos, imponiéndole sanciones que prácticamente imposibilitan tratos oficiales con él. Otra vuelta de tuerca: el pueblo iraní vive bajo los efectos de un bloqueo yanqui y occidental. Ante eso, Israel bate palmas de apoyo.

Teherán, por su elevado sentido de justicia, se les opone asimismo con su histórica y firme postura de defensa a los derechos del pueblo palestino y de otras naciones árabes, siendo Irán de descendencia persa. Raisi no diferirá de tal postura. Cabe suponer entonces peligrosos acontecimientos, en un futuro no muy lejano.

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María Victoria Valdés Rodda

 
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