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Publicado el 1 Junio, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

PALESTINA-ISRAEL: Enfrentamientos, libros y el verdadero crimen

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Hay que tener claro quiénes son las víctimas y quiénes los victimarios en un conflicto de larga data y que es en última instancia responsabilidad de Occidente, primero, y luego de los Estados Unidos. Así tenemos que este 26 de mayo al Estado sionista no le bastaron los bombardeos de los últimos días contra la franja de Gaza; ahora vuelve a tratar de intimidar a los palestinos que viven en Israel y la zona ocupada de Jerusalén Oriental.

Y como la verdad es inocultable, hasta el propio periódico hebreo Haaretz informó que la Policía israelí detuvo el lunes 24 a cientos de palestinos por el solo hecho de apoyar la operación defensiva gazatí. Sí, porque de esa manera es como lo asume el pueblo palestino: un acto de defensa propia contra la impunidad con que Israel los desaloja de sus barrios tradicionales e irrespeta la religión musulmana. ¿Por qué lo hace? Los pretende borrar del mapa del Levante. Y este último propósito no será obtenido, según los gobernantes de Gaza, HAMAS y la amplia masa palestina que los siguen.

Resulta terriblemente paradójico y doloroso que las actuales autoridades de Israel continúen asentándose en el mito del pueblo elegido de Dios, los judíos, para justificar la legitimidad de vivir en Palestina cuando ahí está la historia de los siglos XIX, XX y lo que va del XXI, con sus páginas imborrables que testifican cómo ha sido todo el proceso de usurpación por los mandamases hebreos. Duele, porque precisamente a los judíos, asentados por centurias en Europa, se les despojó de sus patrimonios, incluso se pretendió dejarlos sin “cosas” intangibles pero sumamente valiosas: las costumbres, las tradiciones y la cultura.

Pues bien, ahora repiten similar actitud: los bombardeos de Israel contra la franja de Gaza tuvieron una precisión milimétrica a partir de la sofisticación de sus armamentos, de modo que no ha sido casual, por ejemplo, que la librería más grande de ese enclave, propiedad de Shaban Aslim, fuera destruida por un ataque aéreo. Junto con él también se vio afectado Samir Mansour, dueño de un establecimiento similar. Ambos le comentaron a Middle East Eye que “levantarlas les costó mucho, no solo en ladrillos; también en la adquisición de los ejemplares”, pero que aun así emprendieron el sueño, porque era un modo de perpetuar la cultura árabe, y específicamente la palestina.

Eso me recuerda el libro publicado en 2013, de la española Julia Navarro, Dispara, yo ya estoy muerto, de la editorial ePublibre, que describe las vicisitudes de la familia judía Zucker durante la Rusia de los zares del siglo XIX, etapa durante la que se cometieron crímenes terribles contra esa nación, incluidos los relativos a la cultura, motivo por el cual parte de la descendencia ve como única solución volver a la “Tierra Prometida”. No obstante, resulta que el protagonista principal del relato, Samuel Zucker, descubre que, contrariamente a lo que le habían contado, en Palestina sí vivían nativos.

Entonces, él, Zucker, hombre de gran corazón, cultiva, además de olivos, una gran amistad con un palestino Ahmed Ziad. La autora, empero, todo el tiempo intenta convencernos de que es equiparable un dolor a otro, un despojo al otro, y llega incluso a jugar a justificar los actuales asentamientos ilegales israelíes de Cisjordania. Y tal vez lo sea desde su perspectiva histórica. Sin embargo, lo inadmisible es es que la política sionista, instaurada como de Estado desde el mismo 1948, utilice ese mito, y la propia vivencia real de racismo contra el pueblo judío, para privar a los vecinos de sus derechos en pleno siglo XXI.

Desconozco si esta pieza literaria se hizo por encargo o si Julia Navarro está convencida de que a ambas naciones les asisten iguales razones, y que el pasado sufrimiento judío es carta blanca para el actual genocidio contra el pueblo palestino. Cuando un gobierno coloca sus bombas milimétricamente contra dos librerías árabes es porque se siente amenazado por la transmisión de valores de una cultura poderosa. Tal cual hicieron las huestes nazis en aquella sobrecogedora noche de quema de libros.

Una pregunta me ronda con inquina: ¿estaría en esos anaqueles destruidos el libro español Dispara, yo ya estoy muerto?. Y es muy lamentable que estas cosas sucedan, y tal vez algún lector las minimice cuando hubo tantas pérdidas humanas del lado palestino (230 personas, incluidos 65 niños, mientras que por los ataques de HAMAS murieron en Israel 12 ciudadanos). Pero lo cierto es que las construcciones humanas adquieren en estos ataques una simbología importante; no por gusto se les destruye. De eso sabe la resistencia palestina, la cual, contra todo pronóstico, ha declarado que esta última acción ha sido victoriosa, porque demostró una vez más que sigue viva.

¿Volverán a repetirse los enfrentamientos?

Según Illán Pappé sí, volverán a repetirse. Este profesor de historia en la Universidad de Exeter, Reino Unido, codirector del Centro Exeter de Estudios Etnopolíticos, activista social y escritor, declaró a Resumen de Medio Oriente que “cuando la ocupación dura 52 años ya no es ocupación, es algo más. Estamos ante la colonización en el siglo XXI. Israel tiene que elegir entre ser democrático y renunciar a la idea de un Estado étnico judío o ser un Estado judío étnico y renunciar a la democracia”.

Él añade además que el objetivo israelí de las actuales operaciones militares en Gaza es en primer lugar “un objetivo personal del primer ministro Netanyahu, que es crear una crisis que le permita mantenerse en el poder y no ser enviado al juzgado por corrupción”.

Pero además advierte de que “el segundo objetivo, que se ha visto en ataques anteriores, es tener un gueto en Gaza que acepte la forma en que Israel controla toda la Palestina histórica. La estrategia, en definitiva, es mantener el statu quo de forma que muestre que no hay una resistencia seria palestina, árabe o internacional a la forma en que Israel se comporta como Estado”.

Esperanza siempre

La organización sin fines de lucro Reprieve -tanto las filiales del Reino Unido (1999) como la de los Estados Unidos (2001)- ha decidido reparar las librerías destruidas, porque sabe del valor de un libro. Lo mismo para confundir desde el proselitismo, como desde la verdad histórica apoyar una causa justa. Estos activistas, abogados e investigadores internacionales luchan por las víctimas de violaciones extremas de los derechos humanos con acciones legales y desde la educación pública, lo que los ha llevado anteriormente, por ejemplo, a la defensa de los detenidos en la ilegal prisión yanqui en la también ilegal base de Guantánamo.

Por eso confío en que, en las nuevas librerías, junto al libro de Julia Navarro se encuentre el de Illan Pappé La limpieza étnica de Palestina. Tal vez con esas verdades, asentadas en papel y hasta en soporte digital, el actual gobierno de la Casa Blanca tenga argumentos de sobra para dejar de ser menos timorato (¿cómplice?) a la hora de condenar a Israel cuando enfrente nuevamente a la beligerancia palestina.

Esperemos en que rectifique y sea firme en sus pronunciamientos contra las atrocidades sistemáticas de Tel Aviv contra los palestinos, lo mismo en Jerusalén Este, en Cisjordania ocupada o contra la bloqueada Gaza. Lo inaudito sucedió esta vez: Washington impidió, por tres veces, que el Consejo de Seguridad de la ONU condenará la desproporción israelí. El verdadero crimen está a la vista de todos, pese a cierta literatura que intente equiparar las razones culturales y existenciales de las naciones judías y palestinas. La historia actual demuestra que ahora el colonialista es el Estado de Israel, ante lo cual el pueblo palestino no se resignará. ¿Lo haremos nosotros?


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda