0
Publicado el 17 Junio, 2021 por Mariana Camejo en Opinión
 
 

Perú: desafíos de gobierno

Compartir

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

Sin lugar a duda la pregunta que se impone ahora es si Pedro Castillo logrará gobernar, porque no se trata solo de las elecciones sino de la extrema polarización de la sociedad peruana y las desigualdades que acompañan y son causa del clima actual. Si bien el candidato de Perú Libre también resulta una consecuencia previsible de las profundas diferencias sociales que existen entre la ruralidad y las clases acomodadas que respaldan a Keiko Fujimori, el discurso de miedo que se ha construido alrededor de las propuestas de Castillo ha tenido oídos prestos a escuchar y obedecer.

La defensa de una agenda de justicia social y de un cambio constitucional ha sido atacada desde la similitud con la izquierda regional, ultrademonio resultado de la satanización de la que ha sido objeto durante años desde los conglomerados mediáticos. De ahí la comparación con Venezuela y los supuestos intentos de convertir a Perú en una dictadura que –según voces de la derecha– emprenderá una ofensiva contra la propiedad privada. Las acusaciones de este tipo ya han sido desmentidas pero, aunque el proyecto de Castillo se dirige a rescatar la soberanía sobre los recursos naturales, ha declarado que no habrá impuestos para los más ricos.

Contra el profesor se han usado todas las artimañas posibles en este contexto: desde las irregularidades en el proceso electoral, con fraude incluido, hasta imputaciones de vínculos con Sendero Luminoso. Sin embargo, el futuro con Keiko Fujimori se dibujaría, a todas luces, mucho más temerario. Basta revisar el perfil criminal de la candidata de Fuerza Popular para encontrar implicaciones bastante comprometedoras y suficientes evidencias en su contra.

Keiko no solo tiene en su pasado los vínculos con su padre, evidente dictador y seguidor de esquemas neoliberales, sino acusaciones por sobornos para financiar su partido, conexiones con el caso Odebrecht como una de las “beneficiarias”, corrupción, en fin
Si alguien aún cree que realmente ella es el menor de dos males –opinión ampliamente divulgada del escritor Mario Vargas Llosa– se equivoca al pensar que no se trataría de la continuación del gobierno de su padre. Y tanta ha sido la amenaza representada por Castillo, que ese enemigo histórico de la familia Fujimori, Vargas Llosa, ahora le da un espaldarazo a su otrora contricante. No es fortuito: la derecha sabe que se encuentra ante un hombre que viene “de abajo”, líder natural de su gente que capitaliza las aspiraciones de sectores populares.

“La victoria de Castillo es un acontecimiento alentador porque demuestra que si hay un candidato que representa e interpreta fielmente el sentir popular se puede derrotar a todos los poderes del establishment –opina el politólogo Atilio Borón–. Contra aquel dispararon los empresarios que amenazaron cerrar sus puertas y dejar en la calle a sus trabajadores; la mentirosa y manipuladora oligarquía mediática; la clase política tradicional; los altos funcionarios del Estado y hasta la mayoría de los futbolistas de la selección peruana… Castillo hizo su campaña con cero dinero, sin asesores de imagen y sin costosos consultores electorales. No necesitó nada de eso. Ganó porque puso oídos atentos al clamor popular, supo oír la voz de la calle”.

Pese a todo esto, volvamos al principio: la pregunta hoy es si podrá realmente gobernar. Primero deben tomarse en consideración las altas probabilidades de que la derecha continúe sus empeños de descréditos y obstaculice el programa de Castillo. El periodista Jorge Martín lo resumió cuando dijo que “la clase dominante y el imperialismo recurrirán a todos los medios necesarios para evitar que gobierne realmente. Hemos visto el mismo guion en el pasado contra Chávez en Venezuela. Destacados miembros de la oposición venezolana golpista estaban en Lima para respaldar a Fujimori antes de las elecciones y eso no es casualidad. Utilizarán el Congreso y las otras instituciones burguesas, los medios de comunicación, el aparato estatal (hasta e incluido el Ejército), el sabotaje económico, para limitar su capacidad de implementar sus políticas”.

La segunda cuestión que salta a la vista sobre los desafíos de gobierno radica en que el candidato ha hecho ciertos cambios en el discurso en comparación con el momento previo a la primera vuelta. Si antes abogaba por un cambio constitucional, ahora por solicitar al Congreso la llamada a un referéndum sobre si convocar o no a una Asamblea Constituyente.

Otra mutación se dio en el área de las empresas mineras porque antes había declarado que intentaría renegociar los contratos con las multinacionales mineras y que las empresas que se negaran, las nacionalizaría; hoy dice que se concentrará en renegociar los contratos.

Estos movimientos en la narrativa política alrededor del programa de Castillo resultan de un clima polarizado y del intento de acercar otro tipo de voto, lo cual demuestra el enorme desafío que tiene por delante en un país tan desigual. No podrá complacer a todos los sectores de la sociedad. O gobierna para quienes lo han elegido –campesinos, pobres, indígenas, oprimidos– o lo hace para los capitalistas recelosos de su propiedad privada, que no están interesados en el proyecto de desarrollo nacional al que llama el supuesto futuro mandatario, sino en los privilegios propios y sus intereses asociados a multinacionales.

El resultado de estas elecciones manifiesta el descrédito en el que han caído las instituciones de la democracia burguesa establecida en el país andino, pero también el de los partidos tradicionales de izquierda. Por esa razón, este líder, profesor salido del campo, concentra las esperanzas de tantos que desde hace años no contaban con alguien que tan justamente los representara. Y estarán esperando que cumpla su proyecto.

Por otro lado, vale preguntarse si al hecho de cambiar las condiciones de las masas trabajadoras y campesinas, y hacerlo de manera perdurable en el tiempo, no le es inherente el cambio de la Constitución, o sea, ¿cómo podría hacer lo primero sin lo segundo? Esos puntos de contacto en los que entran en contradicción profunda los sectores antagónicos de la sociedad definirán el tipo de la administración de Pedro Castillo y ahí también se decidirá hasta dónde será realizable un gobierno enfocado en el gasto social y la mejora de la vida de esas masas sobreexplotadas.

No obstante, no hay duda de que el hecho de contar con la mayoría de votos ya es un cambio radical. Los sectores populares ahora se reconocen capaces de colocar a un coterráneo en la presidencia para llevar adelante su agenda, demasiado tiempo pospuesta y vilipendiada.

“No más pobres en un país rico”, dijo Pedro Castillo y los sectores humildes de Perú lo merecen.

Compartir

Mariana Camejo

 
Mariana Camejo