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Publicado el 14 Junio, 2021 por Elsa Claro en Opinión
 
 

Rusia-EE.UU: Cielos cerrados

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Elsa ClaroPor Elsa Claro

¿Habrá otro modo de interpretar lo expuesto por el actual presidente norteamericano en The Washington Post? Allí se lee: “Estados Unidos debe liderar el mundo desde una posición de fuerza”. Al poco, trazó como prioridad de su primera gira internacional la de “reforzar la alianza y dejar claro a Putin y a China que Europa y Estados Unidos están estrechamente unidos”.

¿Raro o normal que dé continuidad a políticas de Donald Trump? El anterior inquilino de la Casa Blanca, quien todavía dice que le robaron su trono, desmanteló o dejó dinamitados varios tratados. Al de Cielos Abiertos le retiró fondos en el 2018 y lo abandonó en el 2020. El actual mandatario revalida la deserción.

El Tratado de Cielos Abiertos, firmado por 34 naciones en 1992 y vigente desde 2002, resultó concebido para permitir el vuelo de naves de observación sobre el grupo de estados signatarios con el propósito de verificar el cumplimiento o la improcedencia del armamento, según los protocolos ajustados.

El propio Pentágono consideró en su momento que se trataba de algo útil y, a su vez, el Departamento de Estado lo formuló de esta suerte: “El tratado está diseñado para mejorar la comprensión mutua y la confianza, dando a todos los participantes (…) un papel directo en la recopilación de información a través de imágenes aéreas sobre las fuerzas militares y actividades de interés”.

Inicio y despedida

Interesante el que la idea original fue de EE.UU. A mediados de los años 50, el presidente Dwight D. Eisenhower propuso a la entonces Unión Soviética una “observación aérea mutua” como examen para impedir que ninguno de los dos dispusiera una agresión militar. La idea fue rechazada y se engavetó hasta 1989, cuando George Bush padre la retomó, presentándola como vía al entendimiento entre la OTAN (creada por Washington en 1949) y el Pacto de Varsovia (1955-1991).

No fue hasta el 2002 cuando se puso en vigor este instrumento legal, del cual, el 22 de mayo de 2020, Trump anunció el mutis. Algo similar había hecho con el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio, aparte de ponerle traspié a la renovación del START III, destinado a reducir los armamentos estratégicos ruso y estadounidense.

Esos acontecimientos están imbricados, pues el Cielos Abiertos debía comprobar si los contratos para el control o eliminación de pertrechos bélicos, incluyendo los atómicos, se estaban respetando.

La ratificación reciente del abandono de este compromiso por la actual administración estadounidense lleva a que Rusia proceda en consecuencia y, tras aprobación parlamentaria, decidió su salida, considerando, entre otros argumentos, que sin EE.UU. pocos resultados se obtendrán o conservan sentido.

Este pudo ser uno de los temas en la agenda de la primera cumbre entre el jefe de Estado ruso y su homólogo Joe Biden, el 16 de junio en Ginebra. Pero, obviamente, no será así.

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