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Publicado el 26 Julio, 2021 por Marieta Cabrera en Opinión
 
 

COVID-19: aislados en casa, pero no solos

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Marieta CabreraPor MARIETA CABRERA

La creciente cifra de personas diagnosticadas con la covid-19 en Cuba, sobre todo en junio y julio, hasta llegar a sobrepasar incluso las capacidades hospitalarias en provincias como Matanzas, ha obligado a crear, de forma acelerada, condiciones materiales para el ingreso de los pacientes en otras instalaciones, y a movilizar médicos y personal de enfermería de varios territorios hacia esos lugares.

Teniendo en cuenta la necesidad de seguir optimizando el uso de los recursos, sobre todo de las camas, así como el avance de la vacunación, autoridades gubernamentales y sanitarias evaluaron los procedimientos vigentes para el diagnóstico y el manejo clínico de pacientes confirmados con la covid-19, sospechosos y contactos de quienes resultan positivos a la enfermedad, y actualizaron, a mediados de julio, el protocolo cubano en ese sentido.

Ingreso domiciliario

Entre las modificaciones se define el ingreso domiciliario de las personas que son contactos de pacientes positivos a la covid-19, práctica más empleada en el mundo. Según el protocolo cubano dichos contactos deben permanecer 14 días aislados en sus viviendas, bajo una vigilancia clínico-epidemiológica que permita detectar en ellos la aparición de síntomas.

Respecto a los individuos en los que se confirme la presencia de covid-19, se especifica que aquellos definidos como de bajo riesgo, tanto asintomáticos como sintomáticos leves, serán ingresados igualmente en su vivienda, donde recibirán el tratamiento correspondiente. A las instituciones de Salud irán los positivos de bajo riesgo que presentan síntomas moderados, así como los de mediano y alto riesgo que manifiesten síntomas leves o moderados.

Se precisa además que no podrán ser ingresados en el hogar pacientes cuya vivienda no reúna condiciones para el cumplimiento de las medidas de aislamiento y tratamiento; a quienes la distancia y el difícil acceso al consultorio no permita darles un seguimiento diario a su evolución médica –residentes sobre todo en zonas rurales-; y los miembros de familias disfuncionales.

Tampoco podrán incluirse en el ingreso domiciliario los menores de 12 años, embarazadas y puérperas; niños de 12 a 18 años con patologías crónicas asociadas; y pacientes con enfermedades crónicas descompensadas o en condiciones clínicas que pudieran llevarlos a la gravedad.

Experiencias

Vale recordar que el aislamiento domiciliario no es una práctica nueva en todo el país. En La Habana, en octubre de 2020, se estableció que los contactos de personas positivas a la covid-19, y de los sospechosos de portar la enfermedad, cumplieran los 14 días de aislamiento en el domicilio. En ese momento, se redujo el número de centros destinados en la capital para tales fines y solo eran trasladados a estas instituciones, entre otros casos, quienes no tenían condiciones en sus casas para realizar dicho confinamiento.

Sin embargo, no pocos individuos que debían permanecer en casa por ese motivo violaron entonces los protocolos establecidos. En ocasiones, es cierto, por la necesidad de salir a la calle para adquirir alimentos y otros productos básicos que no les llegaban de otra manera, pero también por la falta de percepción de riesgo y la desidia con que han actuado (actúan) muchas personas durante estos más de 16 meses de enfrentamiento al nuevo coronavirus.

Por otra parte, según reconocieron autoridades de La Habana, a finales de 2020, fallas en el sistema de Salud también atentaron contra la calidad del aislamiento domiciliario, y mencionaron la desinformación en el control del personal aislado en la comunidad, lo cual impidió una supervisión efectiva de ese universo.

Hoy, cuando el país vive el escenario epidemiológico más complejo, caracterizado por una amplia dispersión de la covid-19 en todas las provincias y la circulación de variantes del virus más contagiosas y asociadas a cuadros clínicos más severos, tales experiencias deben ser repasadas para no incurrir en errores similares y ajustar el tiro en el cumplimiento de los procedimientos previstos para cada caso, a fin de que el protocolo no se convierta en letra muerta.

Apoyo al personal de salud

Para lograrlo es fundamental que la familia, los representantes de las organizaciones de masas y otros líderes comunitarios apoyen al personal de la Atención Primaria de Salud para identificar en los barrios personas sospechosas de portar la enfermedad. Esa es la batalla principal ahora, al decir del ministro de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda, quien ha destacado -como uno de los instrumentos más efectivos- el valor de las pesquisas para poder detectar todos los casos sintomáticos, trabajar inmediatamente en su diagnóstico y definir la conducta a seguir, en correspondencia con el riesgo que evidencien.

Es imprescindible por tanto que el personal sanitario visite las viviendas donde haya personas en ingreso domiciliario, y establezca vías de comunicación expeditas con esas familias para conocer, en cualquier momento del día, si alguno de sus integrantes se siente mal, y actuar con prontitud. Por ejemplo -ilustraba hace poco la doctora Ileana Morales Suárez, directora nacional de Ciencia e Innovación Tecnológica del Ministerio de Salud Pública-, si un individuo considerado de bajo riesgo que tiene síntomas leves y es joven, llega a presentar en el transcurso de esos días síntomas de alarma —fiebre mayor de 38 grados, cefalea, dolor de cabeza profundo, falta de aire—, el médico debe actuar con rapidez para ingresarlo en una institución porque cambia el tratamiento.

Puertas adentro del hogar es preciso también que la familia adopte medidas higiénico-sanitarias más rigurosas para evitar el contagio de otros convivientes, entre los que puede haber niños y ancianos. Aun cuando marcha a buen ritmo el proceso de inmunización contra la covid-19 en el territorio nacional, prevenir la enfermedad –incluso después de haber recibido el esquema completo de vacunación- será siempre lo más sensato. Y eso solo se logra con el autocuidado para preservar la salud propia y la de nuestra familia.

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Marieta Cabrera

 
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