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Publicado el 8 Julio, 2021 por Mariana Camejo en Opinión
 
 

Fuera Bolsonaro

Se amplía el espectro de sectores que abogan por un juicio político al presidente
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Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

Un gobierno que no gobierna, un presidente que entorpece, una pandemia que azota y un pueblo que muere. Eso es hoy ese país gigante con Jair Bolsonaro aún en el palacio de Planalto pero con serias probabilidades de impeachment. Como si le estallara en la cara toda la sordidez de su mandato, las acusaciones en su contra no hacen sino crecer y acumularse, esta vez con las calles movilizadas, con la alianza de izquierdas, algunos grupos de centro o derecha liberal. Vaya sorpresa, dirán algunos, pero lo que ha sucedido con los contagios por coronavirus en Brasil es un verdadero genocidio, deliberadamente orientado por Bolsonaro.

No se trata de una teoría de conspiración, sino de la realidad, que rezuma en declaraciones, investigaciones, en audios que se suponían bien escondidos. Por un lado, el manejo de la pandemia ha sido guiado por la teoría de la inmunidad de rebaño, lo que significa –a su juicio– cero acción preventiva planificada a nivel nacional. Bolsonaro consideró –sin base alguna– que permitir al virus contagiar libremente terminaría por inmunizar al país, aduciendo, además, que no había nada más que hacer, algo así como creerlo cosa del destino. Gracias a ello, hoy Brasil sobrepasa los 500 000 muertos por covid-19 y se amplía el espectro de sectores que abogan por un juicio político a partir del reconocimiento de la responsabilidad que ha tenido el presidente en el creciente número de muertes.

Para eso, a finales del mes de abril, el Senado creó una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI), que no solo debe determinar el grado de responsabilidad, sino también buscar conexiones con quienes han lucrado con la desprotección como política. Por un lado, por la propaganda y publicidad que le hizo Bolsonaro a la cloroquina como supuesto tratamiento para la covid-19, sin tener evidencia científica alguna. A esto se suma el funcionamiento de un “gabinete en las sombras”, una estructura paralela que aconsejaba al mandatario cómo actuar, y que fue quien promovió inicialmente el uso del medicamento en cuestión.

Nuevas acusaciones de corrupción salen a la luz en medio de este caótico escenario, pero sin duda las evidencias de una política deliberada de abandono ha sido la gota que colmó el vaso. Por si fuera poco, ya son públicamente conocidos los obstáculos que puso el Gobierno para recibir millones de vacunas Pfizer. El mandatario podría ser llevado a la Corte Penal Internacional y lo merece. Su gobierno, más que ineficiente o inepto, tenía intereses financieros para mal manejar la pandemia y su responsabilidad ante el aumento desproporcionado de muertes está ahora en evidencia. La necropolítica opera como regla de orden pero el descontento popular, la indignación, el efecto de las miles de pérdidas han colocado a los ciudadanos en las calles, a pesar de los picos de contagio, para gritar “Fora Bolsonaro”.

De todas formas el pronóstico continúa gris. La periodista Ariadna Dacil lo resumió para Nueva Sociedad: “El modesto resultado al que parece aspirar la CPI es exponer públicamente a Bolsonaro, explicitar que estas decisiones no fueron parte de un destino manifiesto, sino de la decisión política principalmente del gobierno federal de Brasil, metaforizada como complot. Pese a sus resultados, no parece que el presidente vaya a encontrar una instancia de rendición de cuentas antes de las urnas en 2022”.

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Mariana Camejo

 
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