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Publicado el 5 Julio, 2021 por Pastor Batista en Opinión
 
 

No nos vamos a rendir

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Pastor Batista, corresponsal de BohemiaPASTOR BATISTA VALDÉS

Yo no sé si el ojo de Elsa va a husmear en tierra firme, o por dónde y cuándo lo hará.

No sé si se volverá a organizar para cambiar de categoría, si mantendrá su velocidad de traslación o la intensidad de sus vientos.

Idea tampoco tengo de la porción exacta de territorio que cubrirán las bandas lluviosas, a medida que avanza, paralelo al archipiélago, por encima de él o atravesándolo.

Imposible predecir el monto de los perjuicios que provocará en el transcurso de las próximas horas, en términos de volumen físico o desde el punto de vista económico-financiero.

No puedo imaginar por qué puntos del litoral sur se producirán penetraciones del mar, qué altura alcanzarán las olas, a cuántas familias y personas, exactamente, habrá que evacuar hacia lugares más altos o seguros.

Y mucho menos podría saber cuántas zonas se inundarán, qué cifra de viviendas resultarán dañadas, ya sea por vientos o por el torrente de agua consecuencia de lluvias más intensas o no…

Ojalá supiera que, a partir de mañana mismo, va a empezar a descender el número de personas positivas a ese “otro huracán” (el SARS-CoV-2) que se empeña en envolver y sacudir, con su transmisión en remolino, a barrios, poblados y ciudades enteras.

“Solo nos faltaba esto” –me dijo por teléfono, en alusión al fenómeno atmósferico, Claribel Proenza, una anciana holguinera a quien no le alcanzarían los dedos de las manos para contar los momentos parecidos que ha vivido, enfrentado y superado junto a su esposo, desde que al ciclón Flora se le metió entre ráfaga y ráfaga la funesta idea de convertir al oriente cubano en un infierno y, entre ceja y ceja, a Fidel, desafiarlo in situ y transformar en paraíso todos los estragos en la región.

Ciertamente Elsa viene a complicar la ya tensa situación que estamos atravesando como país, como pueblo. Lo que habrá sucedido cuando su cola haya dejado atrás nuestro espacio aéreo, territorial y marítimo, nadie lo sabe.

Yo solo sé que, hasta en el hipotético e imaginario caso de que haya firmado un “pacto de im-pacto” con la Covid-19, no nos vamos a rendir.

Aprendimos mucho de Fidel a nadar, incluso contra la corriente, para venir a ahogarnos a la orilla, o lo que es igual: en un huracancito de agua pasado por “baño de maría” en pandemia.

Está haciendo mucho pinino (milagro y realidad) la máxima dirección del país, y la ciencia poniendo toda su inteligencia, todo su potencial a favor de la vida, para que en el cerebro de alguien ocupe más tiempo el miedo o la posibilidad de muerte.

De otras hemos salido airosos. No sé si más difíciles, no sé si menos tensas… pero hemos salido.

En la doctrina que nos sustenta como nación sencillamente no hay espacio para la rendición o la derrota. La Covid-19 y Elsa nos imponen una guerra. Ojalá supiéramos qué tiempo durará. Lo único que sé –repito- es que no nos vamos a rendir.

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