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Publicado el 16 Julio, 2021 por Nestor Nuñez en Opinión
 
 

PERÚ: Historias repetidas

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Por NÉSTOR NÚÑEZ DORTA

Lo que ha acontecido en Perú alrededor de la proclamación de un candidato victorioso en las elecciones del 6 de junio último, refuerza los criterios en torno a la aplicación, a escala regional, de una estrategia derechista y hegemonista (la conjura del infierno) para evitar el tránsito político del área hacia gobiernos progresistas y populares.

Si para Donald Trump su aspiración de “(Norte) América primero” era un himno al supremacismo gringo en todo el ámbito planetario, el llamado de Joe Biden a la “vuelta de EE.UU. al trono global” no es diferente en ningún sentido al de su predecesor; eso lo captan y conocen los sectores oligárquicos del Cono Sur.

Los métodos siguen siendo los clásicos de todo programa interventor e injerencista. Lo cierto es que en estos días todavía la nación andina está acéfala en materia de concretar su nuevo gobierno electo, aun cuando, luego de un proceso de conteo, reconteo y estudio e investigación de las denuncias derechistas de fraude, el aspirante progresista Pedro Castillo acumula el 50.02 por ciento de los sufragios, mientras que la ultraconservadora Keiko Fujimori, con 49.87, no acata los resultados e insiste, subterfugio tras subterfugio, en desestabilizar la frágil estructura de la democracia local.

Trastiendas 

Vale recordar, como dato interesante para el análisis, que, como apuntan medios de prensa, “sobre la candidata pesan cargos en la justicia por fraude y lavado de activos, entre otros”, con riesgo de terminar en la cárcel si finalmente se decreta irreversible su derrota, de ahí que la actuación de gata de uñas largas sea parte de sus triquiñuelas y desafíos. Keiko Fujimori no ha dudado en solicitar recuentos, inspecciones de mesas, la implicación en las “verificaciones electorales” de organismos internacionales y regionales (muy cuidadosamente seleccionados, como la desacreditada OEA), impugnación al propio poder electoral nacional y hasta en exigir el inconstitucional e ilegal proceso de revisar las listas de votantes, incitando a violar sin ningún escrúpulo el derecho al sufragio secreto y universal de cada ciudadano.

En relación con este último aspecto, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) precisó que “es imposible entregar el acta con información de los votantes” porque violaría la prerrogativa comicial que todo ciudadano tiene por ley. “El acta padrón, que es el documento donde uno deja su huella digital y la firma, no se entrega. Esto es parte de la información personal sensible que la ley justamente protege”, enfatizó el organismo de marras.

De hecho, cuando se escriben estas líneas, algunos espacios mediáticos hablan de la posibilidad de que en unos días las autoridades electorales decidan finalmente declarar vencedor a Pedro Castillo en la segunda vuelta de los comicios presidenciales peruanos, de manera que se pueda cumplir el cronograma oficial de toma de posesión del ejecutivo para finales de julio. Las fuentes aducen que el rechazo a la actitud y las presiones de Keiko Fujimori parecerían estar superando las turbias ambiciones de dicho personaje, a cuenta de que constituyen un incómodo cuestionamiento del andamiaje institucional.

Por demás, ciertos personajes involucrados en la trama han optado por admitir a estas alturas que, si bien existen sospechas de fraude atribuibles a Pedro Castillo y sus partidarios, ciertamente no constan elementos concretos verificables al respecto. No olvidemos tampoco que no pocos observadores extranjeros convocados a seguir sobre el terreno la lid del pasado 6 de junio concluyeron, y han ratificado, que no encontraron anomalías en el proceso comicial como para declararlo fraudulento.

Para el politólogo de la Universidad Católica de Perú Fernando Tuesta los argumentos de fraude del fujimorismo y sus aliados se van diluyendo, por eso incluso han recurrido al ámbito internacional. Han querido, dijo el experto a la prensa germana, globalizar el tema, mientras las autoridades comiciales continúan rechazando las impugnaciones. “Estos pedidos siempre se tienen que revisar y pueden tardar algunos días. Se tienen que resolver para poder proclamar a Castillo como presidente electo”.

Por su parte, Lucía Dammert, analista en temas de gobernabilidad en América Latina y directora de la organización civil Espacio Público, señaló a la misma fuente que el pedido de la candidata del partido Fuerza Popular ha sido una herramienta más del fujimorismo “para seguir dilatando el proceso”. “Es una estrategia personal de Keiko Fujimori, cuya alternativa única de sobrevivencia fuera de la cárcel es ser presidenta”.

Un solo hilo

Con todo, la realidad, según no pocos analistas, es que en los acontecimientos en torno a la definición de los resultados electorales en Perú se vuelve a revelar un empeño malsano y mucho más amplio de desestabilizar y frenar toda evolución política en cualquier país del Sur hemisférico hacia posiciones progresistas, mientras se asedia, agrede, desacredita y demuelen las experiencias populares ya en ejercicio oficial. Hay todo un evidente y articulado plan de “derechización” regional para nuestro entorno general en  los cánones de “traspatio seguro” de unos Estados Unidos que pujan desesperadamente por no rodar a puestos segundones globales, al influjo de una correlación internacional de fuerza donde hace buen rato ya no las tiene todas consigo.

De modo que, para muchos, los “caprichos” de Keiko Fujimori y quienes le apoyan no dejan de tener el mismo nocivo componente político-mediático-jurídico que desbancó en su momento a la presidenta brasileña Dilma Roussef, demonizó y encarceló a Luis Inácio Lula da Silva, y creó el escenario virtual que propició la llegada al gobierno del fatídico ultraconservador Jair Bolsonaro.

El mismo entramado que terminó en el golpe fascista contra Evo Morales en Bolivia y su terrible secuela de represión, genocidio, racismo y descapitalización nacional. El ponzoñoso potingue, que se aplica desde hace largo tiempo contra la Revolución bolivariana en Venezuela, que apunta contra Nicaragua, por estos días pretende ganar malsanos espacios en Cuba.

Hay ciertamente verdades como templos y una de ellas es que “nada sucede por gusto”. Algo que hay que tener muy en cuenta  en un convulso escenario regional donde las fuerzas retrógradas externas e internas animan nuevamente el sucio maridaje para cercenar esperanzas, eternizar mordazas y volver a pasar la película retro del dominio absoluto Made in USA en su “particular hemisferio”.

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Nestor Nuñez

 
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