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Publicado el 29 Julio, 2021 por Nestor Nuñez en Opinión
 
 

Perú: Nuevo gobierno y no pocos entuertos

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Por NÉSTOR NÚÑEZ DORTA

Mes y medio después de emitidos los votos en la segunda vuelta electoral peruana, ese país andino, cuna de la civilización Inca, cuenta, por fin, con un nuevo presidente que acaba de jurar su cargo, y podría intentar cambiar el rostro del tradicional ejercicio de gobierno. Pedro Castillo Terrones, un modesto maestro rural, líder del Partido Perú Libre, logró la victoria finalmente con 50,1 por ciento de las boletas válidas, mientras que su rival, la controvertida derechista Keiko Fujimori, recibió 49,8 por ciento.

La diferencia, de apenas 44 mil votos, una feroz campaña anti izquierdista que contó con el respaldo de grupos oligárquicos e intereses ligados al inmovilismo político regional, según calificativos de algunas fuentes de prensa, más el riesgo de ir a la cárcel por corrupción de no ser elegida, impulsó a la candidata de Fuerza Popular a embrollar el proceso de conteo y aprobación del sufragio y alargar todo lo posible el veredicto final del Jurado Nacional de Elecciones, cuyo desempeño llegó incluso a cuestionar públicamente. Las demandas fujimoristas comprendieron recuento de boletas, intentos de revisar las inviolables, por ley, actas electorales, la investigación sobre mesas de votación y las acusaciones de malos manejos del aspirante progresista, junto con una arreciada campaña de descredito y siembra de dudas y temores en la opinión pública nacional. Mientras, y en un peligroso rejuego, ex jefes militares se pronunciaron, como parte del inducido caos, por una intervención de los cuerpos armados en el proceso de revisión para “salvaguardar” la integridad de la nación, en un abierto retorno a los viejos pretextos cuartelarios para irrumpir en la vida política e imponer regímenes de facto.

Con todo, y en un escenario donde no faltaron intentos de violencia derechista y una movilización activa y continua de los partidarios de Castillo, finalmente el Jurado Electoral dictaminó por unanimidad la invalidez de las reclamaciones de Keiko Fujimori y sus seguidores, y la victoria y proclamación de Pedro Castillo como nuevo jefe de Estado.

Un contexto complicado

Vale indicar que la elección y el triunfo de Castillo se producen en instantes complejos para América Latina y el Caribe, y -en general- a escala planetaria. Ya no se trata solo de las herencias malsanas que todavía sufre nuestra región a partir del ancestral dominio hegemonista estadounidense, sino de un escenario que suma la gravedad de la pandemia global de la Covid-19, que encuentra terreno abonado entre poblaciones martilladas por la desnutrición, la carencia de servicios médicos, la insalubridad y la miseria, casi como males congénitos, junto a la abulia, la inacción y hasta la deshumanizada manipulación de un fenómeno sumamente letal por parte de no pocas autoridades nacionales de turno.

Por otro lado, y en una dimensión política, se cuenta el estímulo de Washington a toda suerte de acciones hostiles, agresivas, violentas y desestabilizadoras, a tono con la concreción de la estrategia bipartidista de reordenar y reamordazar su viejo “traspatio natural”, a partir de sus particulares pretensiones de afianzarse a un desvencijado trono global que indefectiblemente se le va de las manos.

En consecuencia, los vecinos del Sur somos el pasto inmediato con el que siguen contando los intereses expansionistas de factura Made in USA para hacer frente, con un inmediato escalón adicional, a un entorno mundial donde colosos como Rusia y China son escollos nada fáciles en el acariciado retorno gringo a un cetro universal. De ahí que nada que huela a progresista; a popular; a defensa de la autodeterminación, la dignidad y la soberanía nacional, sea bienvenido en la “casa del gran señor”, y que algunos de los “antecedentes” de cambios positivos que integran la propuesta de gobierno de Pedro Castillo tal vez puedan ser vistos como inconvenientes por quienes no comulgan con “alteraciones peligrosas” en el tablero ya establecido.

Tampoco el panorama interno peruano está exento de retos ni mucho menos. A doscientos años de la independencia nacional, Castillo se les verá con un parlamento fragmentado, amén de un anquilosado aparato institucional, marcado por “una deficiente gestión e importantes niveles de corrupción.” Si a ello se suman la pandemia, con altas tasas de infección y decesos, junto con la recesión económica y la inestabilidad política, es de suponer que la tarea del nuevo ejecutivo no resulte envidiable en lo más mínimo.

De todas maneras, y por lo pronto, el vencedor logró, con tenacidad, constancia, calma y un apoyo permanente de sus bases, desbancar la ofensiva derechista para intentar despojarle del poder e incluso levantar un importante nivel de rechazo social a las maniobras desestabilizadoras. De hecho, al explicar su decisión final sobre al balotaje, el Jurado Nacional Electoral hizo referencia al “agotamiento de las posibilidades del fujimorismo de demorar la proclamación mediante alegaciones de fraude carente de pruebas.” Medios políticos e informativos precisaron que Keiko Fujimori y sus seguidores pusieron incluso en entredicho los mecanismos democráticos vigentes con sus permanentes reclamos y su constante búsqueda de subterfugios para frenar la designación de Pedro Castillo como mandatario.

En la arrancada

Por lo pronto, el electo jefe de Estado ha recibido innumerables mensajes de apoyo, desde la Organización de Naciones Unidas y otras entidades internacionales hasta los provenientes de diferentes países y gobiernos. Entre ellos, sobresalen los remitidos por aquellas naciones del área donde ejercen administraciones de corte progresista, que sin dudas esperan de Perú, dado los orígenes y raíces de su nuevo mandatario, una contribución importante a la consolidación, en el sur del Hemisferio, de una colectividad política realmente comprometida con un presente y un porvenir independientes, creativos y prósperos para sus pueblos.

A no dudarlo, el tiempo será el encargado de mostrar el derrotero inmediato y mediato de la sociedad peruana bajo la conducción de  Pedro Castillo, al que sin dudas le espera una tarea de titanes y no pocos escollos, que podrán ser más o menos complicados en la misma medida en que consiga sortear y conjurar la reacción interna, rompa los esquemas mediáticos que se inflaron sobre su persona y sus intenciones, y sepa incorporar al pueblo todo a las tareas de un cambio de carácter indispensable para  la nación.

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Nestor Nuñez

 
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