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Publicado el 2 Julio, 2021 por Mariana Camejo en Opinión
 
 

PERÚ: Tácticas de dilación

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Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

La espera continúa, cada vez más perturbadora. Debido a la expectativa de respuesta a las impugnaciones de la derechista Keiko Fujimori, aún no hay proclamación oficial de Pedro Castillo como presidente de la nación andina: la estrategia de dilación de la derecha sigue su rumbo. Ganar tiempo, esa es la idea. Si logran llegar al 28 de julio, día en que el nuevo mandatario debe asumir el cargo e iniciar su período de gobierno, el presidente del Congreso podría asumir, lo cual desembocaría en más caos en las calles del país, donde ya se reporta un muerto en las manifestaciones por ataques de fujimoristas.

Sí, la táctica es mantener la demora. A todas luces es parte de un camino que culminaría con un golpe de Estado, lo que podría consolidarse con la probable militarización de los espacios públicos. A Keiko Fujimori no le interesa la paz ni el respeto a la tan llevada y traída democracia, mucho menos le interesan las reivindicaciones de los más humildes, esos que votaron por el izquierdista Pedro Castillo. La situación actual la impele a mover los límites políticos de lo posible y presionar todo lo que pueda para colocarse en la silla del poder. Los audios de Vladimiro Montesinos, preso desde 2001, que orientan cómo actuar para desplazar a Castillo, son la evidencia más palpable de que la candidata de Fuerza Popular planea ser una aliada poderosa de los corruptos y máximos ejecutores de la dictadura.

Tampoco debiera sorprender su puja por la cinta presidencial habida cuenta las acusaciones en su contra y los posibles años de condena que hoy amenazan su vida política. Sin embargo, llama la atención el respaldo tan importante que tiene a pesar de los procesos que enfrenta. Perú es un país sumamente polarizado, con una élite urbana asentada que necesita proteger sus cotas de poder económico, en absoluto desdeñables. La amenaza del comunismo aún despierta pánico para quienes lo ven como la más grave y posible afrenta contra la propiedad privada.

Pero aunque el peligro de un golpe de Estado sean tan real y existan experiencias muy recientes para copiar –Bolivia, por ejemplo–, el país también se encuentra en un punto muy diferente con respecto a momentos electorales anteriores. Sobre todo porque los sectores rurales y trabajadores se saben hoy con la fuerza suficiente para poner a un coterráneo en el poder. Esa conciencia de empoderamiento y capacidad de acción resulta de lo más “peligroso” para la derecha, la cual confía en su dominio mediático para minar las ideas de colectividades capaces de subvertir el orden, a partir de su condición de fuerzas unidas.

Pedro Castillo de presidente pudiera ser un punto de giro en la historia de esa nación.  De inicio debe cumplir sus promesas a quienes votaron por él y lograr gobernar en medio de un clima político que estará sometido a continuas acusaciones de corrupción y vejaciones a la democracia. Sin embargo, de los varios textos que he escrito sobre Perú a este, el primer desafío sigue siendo el mismo: Pedro Castillo necesita primero gobernar y Keiko está moviendo cielo y tierra para impedirle siquiera empezar.

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Mariana Camejo

 
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