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Publicado el 12 Julio, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Raro “motín”, rara dictadura

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María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

De todas partes del mundo me llegan preguntas sobre qué sucedió este 11 de julio en Cuba. Lo mismo de personas de izquierda, de centro izquierda y hasta de derecha. Varios son contactos de Facebook, otros son amigos entrañables a los que no les es ajeno un compromiso solidario con la Revolución. Y si bien saben de las largas colas para comprar alimentos o medicinas, también han seguido al dedillo el desempeño científico de la Isla y su tremendo regalo para la Humidad: sus candidatos vacunales contra la Covid.

Con los hermanos de ideas brindamos virtualmente por la primera vacuna cubana varapalo a ese virus horroroso que nos quiere matar como moscas. Esos mismos amigos saben que también como moscas nos quieren ver en el piso muchos políticos estadounidenses, empezando por quienes han ocupado el despacho de la Casa Blanca. Nunca olvidar que fue un demócrata, John F Kennedy quien decretó contra el pueblo cubano, su gobierno y sus dirigentes, el irracional bloqueo económico, financiero y comercial. Incluso en un momento se pensó en bloquear el perímetro marítimo con buques de guerra a perpetuidad. En Cuba se jugó con la paz mundial.

Ahora la desestabilización entra en el plano de las rabietas anexionistas más que a la gran política estadounidense, aunque algo de ella tiene. Es así que el tan difundido “motín” sorprendió a mis amigos, a pesar de ya haberles alertado sobre una escalada contra la Revolución cubana, por lo que se estaban aprovechando contextos concretos para incriminar al Gobierno de ineficiente, al Estado de inoperante y al Partido Comunista de vivir de espaldas al pueblo. Las exhortaciones de yotuberes a “rebelarse contra la dictadura” desde diferentes canales digitales fue visto lo mismo en Puerto Rico, Bélgica, Grecia y hasta la francesa Isla de Reunión. Y entonces ¿qué pasa, por qué el motín?, me preguntaban.

Pero cuál motín: ¿dónde estuvieron los camiones con mangueras y poderosos chorros de agua para repeler a la gente descontenta?, ¿alguien filmó a la policía con balas de goma y fétidas granadas?, ¿dónde quedó el registró de al menos un disparo contra los ojos jóvenes?, ¡díganme en qué comisaría un agente del orden violó a una mujer! Así razonó conmigo un cercano colega. ¿Hubo realmente un motín? No será que a eso aspiraban los anexionistas del “otro lado del charco” y los neo anexionistas “de este lado del patio”. ¡Curiosa manera de calificar algo por lo que no es! Duda razonable entonces: ¿Hubo un motín en Washington DC cuando los simpatizantes de Donald Trump rechazaron violentamente que la mayoría de la ciudadanía norteamericana le dijera al republicano “vete en bora”? ¿O fue simplemente un intento de desestabilización de la democracia norteamericana personificada ahora en Joe Biden?

¿Por qué esa conveniente diferencia de conceptos? De modo que las “protestas” de un buchito, tal vez una centena, están siendo presentadas en las redes sociales, como el Armagedón. Y callan premeditadamente que, al llamado manoseado de la contrarrevolución y sus mercenarios cibernéticos de “abajo la dictadura” -una rara dictadura sin muertos ni desaparecidos-, sus oponentes no fueran carros jaulas, ni perros guardianes, sino sencillas banderas cubanas portadas por personas patriotas y limpias de alma, junto a un presidente fundido con su pueblo, en la calle.

En ese bloque frontal hubo comunistas, pero también estuvo aquel hijo de vecino que no tiene un carnet de militante, pero cuya juventud transcurrió en jornadas de trabajo, nunca en un aula segura de la Universidad, como lo hace hoy en día su nieto o nieta. De seguro, ese hijo de vecino en ese preciso instante de “bulla” malintencionada, vio su vida pasar y captó en retrospectiva que, sin esta Revolución Socialista, no estaría protegido con la vacuna Abdala. Pensaría tal vez en un presente otro, donde habría tenido un remedio importado a pagar con su salario, y no resultado de un programa de justicia social. De modo que ese ciudadano que, en ocasiones maldice la mañana sin café, salió a hacerle frente al “motín”, no con una AKM- reminiscencia de la era soviética- sino que gritó orgulloso “aquí no se rinde nadie”.

En ese bloque frontal hubo comunistas, pero también estuvo aquella hija de vecina, madre de una “niña” veinteañera con retardo del conocimiento, atendida puntualmente por especialistas de su área de salud primaria, e incluso recibe una pensión social del Estado al no poder trabajar. Esa hija de vecina “viciosa” a las telenovelas y ajena a la política, salió de su hogar en Centro Habana, sin perro pastor alemán, y sí con su hija en mano para gritar juntas “Viva Cuba Libre”.

¿Será que debido al cinismo y a la total ausencia de ética, de los llamados super influencer, están utilizando las imágenes del apoyo masivo del verdadero pueblo cubano como si fueran escenas de los “amotinados”? De ser así claro que el shock de mis amigos debe haber sido de susto: miles de nosotros, comunistas, personas de bien y patriotas fuimos los carros cisternas, las granadas de mano, los escudos antibalas, típicos de las películas del sábado por la noche en la TV cubana. De ser así claro que el estupor de mis amistades debe ser enorme porque ellos lo constatan en los telediarios, como noticias reales y no como guion de Hollywood.

Y sí, había mucha gente en la calle porque como bien clarito nos enseñara Fidel hace años, y este 11 de julio de 2021 lo reiteró el presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel: “La calle es de los revolucionarios”. ¿Qué esta reportera minimiza los hechos? Para nada. Conciencia existe de lo perverso que resulta querer dividir a una nación que entierra a sus hijos debido a una enfermedad número uno en el hit parade de las epidemias de los últimos cien años. En todos los países pasa lo mismo, solo que algunos la enfrentamos bloqueados por los Estados Unidos.

Desde hace meses corren las mentiras, las tergiversaciones, manejadas con el propósito de ir desmontando poco a poco el actual sistema político social, e imponer uno acorde a las apetencias del capitalismo mundial. Sin embargo, de haber otro régimen en Cuba, jamás seríamos la Suiza de América. ¡Ni Argentina ha ganado ese estatus…, ah! y sí tuvo años de una autentica dictadura con desapariciones forzadas, tácticas aprendidas en la Escuela de las Américas. Esa es la Historia latinoamericana.

En raptos de nostalgia de intereses pequeño burgueses, algunos hablan de una Habana con noches perpetuas de Cabaret, de música, de ron, de carnavales fastuosos o tiendas llenas con prendas Made in USA. Y sí efectivamente. Por ejemplo, en una de esas “gloriosas” noches, marines yanquis borrachos orinaron la estatua de José Martí en el Parque Central. Era época del olvido, donde el pueblo de a pie no importaba. Era época de una real tiranía, donde Generales y Doctores tenían sus cuentas privadas en bancos suizos, mientras se mataba. Pero incluso en medio de ese clima represivo, esa ignominiosa noche, la calle fue de los revolucionarios; de la Patria, porque quien ofende a Martí se mete con todos nosotros.

Ahora ha pasado lo mismo. Venimos de lejos, sin embargo, un 26 de julio de 1953 el ideario martiano prendió luces dando la batalla, primero con fusiles, luego desde la toga de abogado de Fidel Castro y su “Historia me Absolverá” y el Programa del Moncada. Punto por punto se ha cumplido esa proyección estratégica, que sería todavía mejor si tuviéramos relaciones cordiales con el poderoso Norte. No, en su lugar, sigue el bloqueo, la guerra económica y no convencional para el cambio de régimen. Parecerá “muela” de comunista, pero no ha habido otro remedio: frente a ese falso motín, un verdadero pueblo de parachoques, en consignas, banderas y cantos. ¿Dictadura, seguro?

A los confundidos, explicaciones. A los resentidos, atención. A los cansados, entusiasmo, pero para los “gusanos”, los yanquis y sus mercenarios, tenemos la medicina que no quieren tomar: Más Revolución en cada una de nuestras calles.

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María Victoria Valdés Rodda

 
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