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Publicado el 13 Agosto, 2021 por Prensa Latina en Opinión
 
 

A 95 años de aquella madrugada en Birán

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Isauda Diez MillánPor Isaura Diez Millán

Con 22 años Lina Ruz apenas veía bajo la luz de los candiles aquella madrugada de San Hipólito de 1926, dolía ese tercer parto: un niño de 12 libras que la familia nombraría Fidel Castro.

Ángel, el padre del recién nacido, esperaba ansioso en otra habitación de la casa de Birán (oriente), lugar fértil y húmedo que eligió para vivir tras emigrar de su Galicia natal.

Aquel 13 de agosto, Fidel se incorporaría a una familia que ya conformaban también Ramón y Ángela, crecidos en un hogar construido sobre pilotes de madera del árbol caguairán.

Según el libro Todo el tiempo de los cedros, de la investigadora Katiuska Blanco, así nacía una de las principales figuras de la historia del siglo XX y líder de la Revolución cubana triunfante en 1959.

Fidel Alejandro Castro Ruz llegó a una casa de notable solvencia económica y heredó su primer nombre de un rico hacendado amigo de la familia, quien iba a ser su padrino en un principio.

En conversaciones con el periodista español Ignacio Ramonet, él comentaría más tarde la influencia que tendría en su carácter la infancia en Birán, los vínculos con los haitianos que allí trabajaban, sus relaciones con los niños pobres de la zona, la escuela rural donde estudió, la estadía en Santiago de Cuba.

Investigaciones históricas refieren la transformación del joven Fidel, la madurez política que alcanza durante los estudios de Derecho en la Universidad de la Habana y su compromiso para derrocar al tirano Fulgencio Batista, en el poder desde el golpe de Estado de 1952.

En diálogo con Prensa Latina, a propósito del aniversario 95 del natalicio del líder, el presidente del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, Fernando González, señaló que el triunfo de 1959 marcó una diferencia para el devenir de los latinoamericanos.

‘Difícilmente haya existido una Revolución más altruista y solidaria que la cubana y eso se lo debemos a Fidel’, agregó.

En este sentido, el Héroe de la República mencionó ejemplos como la labor de los médicos internacionalistas, el apoyo a Siria, la contribución con los Movimientos de Liberación Nacional en África y América Latina y la formación de estudiantes extranjeros.

‘Para mí Fidel es un gigante político y moral, representa el sentido más amplio y profundo de la justicia, del compromiso con el pueblo y de la ética como línea de conducta’, comentó.

Según el historiador Luis Acosta, lo anterior se traduce en una proyección internacional que rompe las fronteras de lo latinoamericano para convertirse en un referente global.

‘En su interés por defender las causas justas de la humanidad y de los sectores pobres de la sociedad, abordó como estadista cuestiones relativas a problemas universales’, dijo a Prensa Latina.

El investigador consideró que el pueblo antillano tiene la responsabilidad histórica de no dejar destruir su obra, desarrollarla y serle fiel a sus principios vitales sin que ello signifique esquematizarla.

‘Tengo orgullo de pertenecer al país y al pueblo de Fidel Castro, eso me ata a él y a su paradigma, ha sido un ejemplo de superación’, agregó.

Por su parte, el doctor en Ciencias Sociales y profesor de la Universidad de La Habana Oscar Villar elogió la manera de pensar del líder caribeño: ‘más proactiva, multilateral, con un enfoque holístico y objetivo’.

‘He tratado de incorporar muchas de las cuestiones que admiro en él, siempre respetando cada contexto histórico’, puntualizó.

Villar destacó la capacidad visionaria y la importancia que ofreció al desarrollo de la ciencia en la pequeña nación antillana.

‘La obra de Fidel influye en todos nosotros, sin endiosarlo, creo que lo más importante es que era una figura de mucha legitimidad, siempre fue el primero ante cualquier situación difícil, un líder tremendo’, evaluó.

El profesor insistió en la necesidad de acercar más su pensamiento a los jóvenes y transmitir ‘esa capacidad que tenía de no exigir nada que no fuera él mismo capaz de cumplir’.

Fidel Castro falleció a los 90 años y antes de morir solicitó que no se le erigiera ningún monumento ni se nombrara calle o lugar en su honor.

La Habana, 13 ago (Prensa Latina)

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