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Publicado el 17 Agosto, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

CHINA: Peligroso acicate

 En marcha presiones militares occidentales sobre el gigante asiático.
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María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Las reiteradas maniobras navales que se suceden en el estrecho de Taiwán se inscriben en la batalla por la hegemonía geoestratégica en una región con las mayores proyecciones a nivel mundial. Nada de hecho aislado. Es simplemente otra intromisión de Occidente, comandada por EE. UU., que apuesta por desestabilizar a la República Popular China (RPCH) por intermedio de apoyos a la isla secesionista de Taiwán, a la que Beijing considera parte indisoluble del país. El objetivo es, sin embargo, de más largo alcance.

Hay que tener en cuenta que doce empresas chinas, que compiten en el mercado internacional, aparecen en la lista estadounidense Fortune 500. Tal vez el dato pueda parecer inconexo con respecto al enunciado principal: los nuevos ejercicios navales. Pero no. El avance de la RPCH evidencia cómo una formación político-social bajo la guía de un partido comunista posibilita la competitividad, el desarrollo y el bienestar.

Así que mostrar músculo en lo militar es la vía encontrada por aquellas naciones aún desconcertadas ante el “milagro” chino, que incluye una propuesta beneficiosa para los pueblos del mundo a través de “Una franja, una ruta”, desdoblamiento multilateralista que, de irse profundizando, pondrá en jaque el cetro corporativo estadounidense y el del capitalismo en general. Cabe aclarar que la mayoría de las naciones beneficiadas con la iniciativa son capitalistas, aunque caen en la categoría de subdesarrolladas. Y eso al sostenimiento del predominio transnacional le sabe a “espinita clavada”.

Bien lo expresó el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, en ocasión del centenario del Partido Comunista de China: “No obstante esos innegables logros, el gobierno de Estados Unidos, ocultando deliberadamente sus intereses hegemónicos y de dominación mundial, intenta presentar a la República Popular China como una amenaza a su seguridad, al tiempo que se empeña en denigrar la imagen del Partido Comunista de China”.

En un excelente enfoque, el analista Xulio Ríos manifiesta que Washington, “mientras que acelera la retirada de otros escenarios tradicionales de conflicto, multiplica su presencia militar en el entorno del estrecho de Taiwán, el mar de China Meridional y aguas vecinas. El efecto inmediato más peligroso es el acicate que supone para el soberanismo taiwanés”. En ese contexto, Donald Trump se dedicó de lleno a una guerra comercial con el gigante asiático; en tanto que, desafortunadamente, los movimientos hasta este momento de la administración Biden se ajustan más a la beligerante época de la Guerra Fría.

De este modo, el actual Gobierno estadounidense anunció la primera venta de armas a Taiwán por valor de 750 millones de dólares. Previo al gesto “comercial” – que dista mucho de velar por seguridad alguna-, la Marina estadounidense ha declarado que las Fuerzas Armadas de su país “seguirán volando, navegando y operando en cualquier lugar donde el derecho internacional lo permita”. Entonces, ¿a qué viene tanta alharaca cuando la RPCH actúa en consonancia con ese mismo derecho, en defensa de su integridad territorial? El imperialismo jamás será un verdadero vocero de la paz por mucho que esas sean sus declaradas intenciones.

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María Victoria Valdés Rodda

 
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