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Publicado el 27 Agosto, 2021 por Marieta Cabrera en Opinión
 
 

Covid-19: Hacer del hogar un sitio seguro

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Marieta CabreraPor MARIETA CABRERA

Entre las imágenes más angustiantes que alguien puede presenciar está la de un niño enfermo, acostado en una cama, sin deseos de jugar, reír o hacer las travesuras propias de su edad. Si antes de la covid-19 cualquier malestar que apareciera en el más pequeño de casa era motivo de preocupación para la familia, ahora lo es mucho más ante una enfermedad que, ya se ha visto, no es tan benévola en la población infantil como se creía a inicios de la pandemia.

Prevenir el contagio con el SARS-CoV-2 en niños, niñas y adolescentes debe ser, por tanto, motivo de desvelo cotidiano para los padres y otros familiares que conviven con los menores, teniendo en cuenta que en Cuba la mayor fuente de contagio en estas edades son los contactos intradomiciliarios; es decir, los infantes enferman en casa.

De ahí la importancia de que los adultos reduzcan al mínimo indispensable las salidas de la vivienda y eviten ser visitados por otras personas. También es esencial que todos en el hogar incorporen en su rutina diaria las medidas higiénico-sanitarias previstas para impedir la transmisión, más aún si se hallan en ingreso domiciliario porque alguno de los convivientes es contacto de una persona positiva a la covid-19, o tiene la enfermedad.

En caso de confirmar la infección viral en un menor de edad, la experticia del médico del área de salud está en decidir si el pequeño puede permanecer ingresado en el hogar, o debe ser trasladado a un hospital. Si decide lo primero es importante que alerte a la familia y establezca vías de comunicación con esta para ser informado de inmediato en caso de que aparezcan en el niño síntomas de agravamiento.

Aun cuando esto último pudiera ocurrir, la doctora Denise Bello González, especialista en Medicina Intensiva y Emergencias Pediátricas, explicó a BOHEMIA que en los últimos tiempos cuando los niños y adolescentes con covid-19 transitan hacia la gravedad es porque han evolucionado mal desde el inicio.

“Es decir, empiezan con síntomas leves (dolor de garganta, pérdida del olfato, secreción nasal, fiebre ligera), en periodos de 12 a 24 horas aparecen los más severos (fiebre mantenida, alteración de los pulsos periféricos, eventos convulsivos, arritmia, irritabilidad), y ya requieren de cuidados intensivos”.

Si bien las personas mayores con comorbilidades siguen siendo el grupo más vulnerable ante el riesgo de evolucionar hacia estados graves y críticos, en los últimos meses -cuando el país vive un pico pandémico, agudizado por la circulación en el territorio nacional de la variante delta, altamente contagiosa- se aprecia un incremento de pacientes jóvenes ingresados en las terapias intensivas, y ha habido que lamentar el fallecimiento de decenas de ellos, incluso de algunos niños.

Afortunadamente, a nivel mundial y también en Cuba la inmensa mayoría de los pacientes en edades pediátricas se recupera de la infección vírica. No obstante, los especialistas insisten en las secuelas físicas y psicológicas que la enfermedad ocasiona en los menores.

Expertos internacionales afirman, incluso, que cada vez más niños y adolescentes están experimentando lo que denominan “covid prolongado”. Afirman que, aunque en esas edades se registran menos casos en comparación con los adultos, los síntomas físicos, mentales y neurológicos a largo plazo que aparecen en los pequeños parecen ser igual de debilitantes.

De acuerdo con una reseña publicada recientemente en France 24, la doctora Elaine Maxwell, del Instituto Nacional de Investigación en Salud del Reino Unido, declaró en una entrevista con el diario The Guardian, que el problema con el “covid prolongado” es que no es una sola definición.

“Los niños están reportando una gran cantidad de dolencias persistentes –aun cuando sus síntomas iniciales fueran leves- que incluyen dolor de cabeza, dolores musculares, fatiga, palpitaciones, problemas gastrointestinales, náuseas, mareo, convulsiones, pérdida de memoria, alucinaciones y otros síntomas sensoriales como la pérdida del sentido del gusto y del olfato e incluso un adormecimiento que los deja sin poder caminar”.

Impedir la aparición de estos males, incluso de uno solo, es una poderosa razón para mantener bien resguardados a los más pequeños. Aun cuando en la mayor de las Antillas avanzan los ensayos clínicos pediátricos con las vacunas cubanas anticovid-19 Abdala, Soberana 02 y Soberana Plus, falta un buen trecho para lograr la inmunización de la población infantil, la cual todavía sigue expuesta al riesgo.

Corresponde por tanto a la familia proteger a los más pequeños para que crezcan sanos, sin lesiones físicas y mentales que pudieran comprometer su salud a corto y largo plazo.

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