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Publicado el 14 Agosto, 2021 por Liset García Rodríguez en Opinión
 
 

Cuando las mujeres dicen

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Liset/ Visita no deseada en tiempos de nasobucoPor LISET GARCÍA

Las encrucijadas en las que se debate la Cuba actual centraron el diálogo abierto y sincero entre el presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, y un grupo heterogéneo de mujeres, quienes desde la honestidad y el corazón reflexionaron acerca de la realidad, sus desafíos y los caminos posibles para afrontarlos.

Ellas fueron convocadas y tomaron la batuta, como parte del intercambio de ideas con diversos sectores y grupos poblacionales, que la dirección del país ha ido consolidando como método de trabajo para seguir “guapeando”, como confesó Díaz-Canel, en aras buscar soluciones colectivas, la mejor manera de encarar los retos del presente y garantizar el futuro de la nación.

La secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), Teresa Amarelle Boué, sirvió de moderadora para el intercambio en el que participaron dirigentes de base de esa organización, estudiantes, investigadoras, directivas de importantes empresas e industrias, líderes barriales, hasta científicas de alto nivel, como las que hicieron posible las vacunas cubanas anti-covid.

El abanico de opiniones incluyó las angustias económicas, las tensiones provocadas por la pandemia, las trabas que provocan malestar, la discriminación por orientación sexual, la influencia de las redes sociales en los jóvenes y la participación de una parte de ellos en los sucesos de violencia desatados en varios sitios el pasado 11 y 12 de julio, a partir de motivaciones diversas.

Varias ponentes ahondaron en la inquietud de muchas familias desde que la pandemia obligó al cierre de las escuelas, y niños y adolescentes quedaron casi únicamente a merced de la influencia de los contenidos de internet, no siempre saludables.

El efecto combinado de varias causas ha llevado a que algunos jóvenes vislumbren un horizonte ensombrecido, que se expresa en negación de los logros de la Revolución y en no percibir que en Cuba tendrían un futuro asegurado, lo cual motivó también la reflexión del primer secretario del Partido.

“He pensado bastante –apuntó–, acerca de las brechas que han impedido que la voluntad de la Revolución por emancipar al pueblo llegue a todos por igual, y se conviertan en realizaciones y en derechos, en especial para los jóvenes”.

Mencionó los programas aplicados antes, que ahora hace falta rescatar atemperados a estas circunstancias, dirigidos a aquellos más vulnerables que Fidel definió como los eslabones perdidos. Valores como la decencia, el amor por lo que se hace y el respeto a los demás deberán preservarse y serán clave para avanzar, dijo.

Al propio tiempo, reiteró su interés en la informatización de la sociedad, programa que seguirá adelante, pensando en el uso adecuado de sus posibilidades, en el aporte al conocimiento que puede propiciar. Las redes sociales son eso, y no redes para fomentar la antisocialidad, como el enemigo ha hecho con total perversidad y oportunistamente en el peor momento de la pandemia, aseguró.

Estudiantes universitarias abundaron en el diagnóstico que realizan en varios barrios habaneros, y la detección de personas en desventaja social. Especialmente les llamó la atención la cantidad de muchachas, casi adolescentes, que están embarazadas, e incluso tienen hijos pequeños. “Con el auxilio de la FMC, a veces pueden facilitarle algunas ayudas, pero ellas lo que más aprecian es la atención, contar el panorama que viven, ser escuchadas…”, dijeron.

También expresaron varios enfoques acerca del protagonismo de la mujer como artesanas de la cotidianidad, sobre quienes recae el cuidado de la familia, pese a intentos por promover la equidad en las tareas domésticas y la educación de los hijos. Pero desterrar patrones patriarcales aún reinantes, ha sido un proceso lento.

Entre las urgencias de la sociedad destacaron la escasez de plazas en los círculos infantiles que impide, por ejemplo, a una científica reincorporarse a su centro en cuanto su bebé está en condiciones. Criticaron la demora en la entrega de la plaza para el círculo, que supone el retraso o que deje de hacerse determinada investigación, cuya complejidad a veces impide encargársela a otro.

Asimismo sucede cuando deben encargarse del cuidado de los adultos mayores, precisamente cuando más útil es ese investigador porque alcanzó mayor madurez y experiencia. Problema que no es exclusivo de las mujeres científicas, es un déficit de la sociedad.

La importancia y la necesidad de la prevención social y el trabajo comunitario, una de las misiones que la eterna presidenta de la FMC, Vilma Espín, defendió tanto, salió a relucir otra vez, así como el Programa de Adelanto de las Mujeres que expresa la voluntad gubernamental de seguir avanzando en la defensa del derecho de ellas a su emancipación plena, como expresa la Constitución.

El tema económico fue otro de los ampliamente abordados. Con su lenguaje de cubana rellolla, una de las asistentes se preguntó cómo el país logra mantenerse en pie, atender a los enfermos y sostener la economía en medio de tan dañino bloqueo yanqui.

“Me lo pregunto cada vez que abro el refrigerador y no sé qué voy a cocinar. Pienso en cómo debe sufrir Díaz-Canel tratando de tapar con la misma sábana todo su cuerpo”. Su respuesta no se hizo esperar. “A veces se tapan los pies, y en otras ocasiones la cabeza. Cada semana la cuenta no da. Tanto gastas, tanto ingresas, y tantas son las necesidades, estas siempre por encima”.

Explicó que Cuba tiene problemas acumulados e insatisfacciones, a lo que se sumaron las medidas adicionales impuestas por Trump con el objetivo de asfixiar al país. “En momentos en que se dejó de ingresar lo que provenía de los servicios médicos, se cerraron las remesas, el turismo, sumado a que las mercancías tienen fletes más altos por el riesgo de comerciar con Cuba. Hubo momentos en que no había para más que la canasta básica y el petróleo e impedir apagones.

“El logro de las vacunas y el ejemplo que significaban para el mundo, coincidió con el pico pandémico, momento para aplicar, según describen los manuales, un golpe blando, calentando las redes con sus reiteradas matrices de opinión falsas. La última mentira es que somos un Estado fallido. Y me pregunto si todo lo habremos hecho mal. Un país que logra el lugar 14 en las Olimpiadas y tiene vacunas propias contra la pandemia, no puede ser fallido”.

Al concluir el conversatorio reiteró la voluntad de la dirección del Partido y el Gobierno de rescatar las políticas públicas relegadas en el tiempo, y aplazadas ahora por la pandemia, como garantía para el pleno derecho a la dignidad de todos los cubanos y las cubanas, y seguir aspirando a una vida con prosperidad, en un país en Revolución.

Las mujeres reunidas en el espacioso jardín de la casona del Vedado habanero que sirve de sede a la FMC –donde tantas verdades expusieron–, ratificaron el consenso en torno al proyecto humanista del país, tan claro como la luz de la soleada tarde del encuentro con su presidente, un privilegio que acaso se podría tener solamente en Cuba.

 

 

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Liset García Rodríguez

 
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