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Publicado el 3 Agosto, 2021 por Delia Reyes Garcia en Opinión
 
 

Escalas en tres y dos

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Delia ReyesPor DELIA REYES GARCÍA

“Quizás el nuevo paso que debe darse sea permitir a la entidad, que si quiere subir el salario escala, lo haga; y si quiere hacer pagos adicionales, los realice. […] A lo mejor esto no es para mañana, sino de aquí a dos años, pero debe de ir previéndose”, vaticinaba en 2015 el especialista Otmaro Ruiz de la Torre Alfonso, en una Mesa Redonda de BOHEMIA que hurgó en la relación salario-productividad, a propósito de la aprobación de la Resolución 17 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) que comenzó a regir las formas y sistemas de pago a partir de abril de 2014.

Cuando el experto en Recursos Humanos de la Unión Cupet lanzó aquella idea de descentralizar a nivel empresarial las escalas salariales, algunos invitados arrugaron el entrecejo y creyeron que se trataba de algo loco e irrealizable.

En ocasiones posteriores, siguiéndole el rastro a las nuevas resoluciones salariales, ninguna de las cuales logró revertir la caída en picada de la productividad, BOHEMIA insistía en el valor de esa propuesta que permitiría sacudir el lastre igualitarista en la retribución por el trabajo, y consolidar una genuina autonomía empresarial.

Más recientemente, en entrevista con esta publicación, el doctor en Ciencias Económicas, Juan Triana Cordoví, sugería “la necesidad de descentralizar la política salarial cubana, dejar a las empresas tener la potestad de pagar salarios en función de sus ingresos y costos, y emplear a los trabajadores realmente necesarios; sobre la base una norma dictada por el Gobierno, o el MTSS, donde quede establecida una tarifa horaria mínima.

“Ninguna empresa cubana, extranjera o privada, puede pagar por debajo de esa cantidad. Y a partir de ahí es responsabilidad del trabajador firmar un contrato donde le paguen lo que él aspira, y del sindicato estar presente para guapear el salario”, refería el también investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana.

En buena lid, la medida de eliminar la obligación de utilizar la escala para el pago del salario en las empresas estatales, anunciada el pasado 14 de julio por Alejandro Gil Fernández, viceprimer ministro y titular de Economía y Planificación, calza de manera sustancial las propuestas publicadas en BOHEMIA. Se trata de una “transformación audaz”, de “gran calado”, que otorga mayor autonomía a la dirección de la empresa estatal e implica mucha responsabilidad.

Como reconoció Marta Elena Feitó Cabrera, titular del MTSS, existen problemas que afectan en el ámbito salarial al tejido empresarial. Entre estos, el salario sujeto a la categoría de la empresa y dependiente de una escala única, con una estructura piramidal; diseño centralizado de los calificadores de cargo, en los cuales no se reconocen aspectos como alta responsabilidad, idoneidad demostrada o exceso de calificación; directivas de Organismos de la Administración Central del Estado que coartan la facultad de los directores de empresa para aprobar las plantillas.

Asimismo, afloran brechas como el uso irracional de la fuerza de trabajo, a pesar del envejecimiento poblacional que gravita sobre el empleo; incumplimientos en el aporte por el rendimiento de la inversión estatal; e insuficiente preparación de los recursos humanos.

Con este telón de fondo, la medida busca estremecer de manera efectiva a la empresa estatal socialista, flexibiliza el mecanismo para fijar el salario de los trabajadores, en correspondencia con los resultados de la entidad. Ningún trabajador podrá recibir un salario inferior a 2 100 pesos, el mínimo establecido en el país. Quedarán eliminadas las categorías de las empresas. En la medida en que la empresa incremente el aporte por el rendimiento de la inversión estatal previsto en el plan, podrá aumentar el fondo de salario.

Según las autoridades citadas, ya está elaborada la norma jurídica que respalda la descentralización del pago a los trabajadores. No obstante, advierten, será un proceso gradual. Comenzará en el segundo semestre del actual año, en empresas con robustez en contabilidad, organización del trabajo y control interno. Lo previsto es hacerla extensiva al resto en 2022.

Este paso marcará otro parteaguas dentro de la empresa estatal cubana. Como se ha dicho, será algo inédito y, por tanto, no exento de riesgos. Ahora, en nuestro viaje hacia lo ignoto, es mejor asumirlos y cambiar antes de seguir caminos trillados que ya demostraron -por varias décadas- su efecto devastador sobre la productividad del trabajo. La crisis por la que atraviesa Cuba hoy obliga a buscar salidas novedosas y audaces.

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Delia Reyes Garcia

 
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