0
Publicado el 23 Agosto, 2021 por Mariana Camejo en Opinión
 
 

Gobernar un clima ingobernable

Compartir

Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

El primer detalle imposible de pasar por alto es qué nos dice la situación actual sobre Perú. Varias cosas: que los poderes fácticos se han activado contra el presidente elegido democráticamente, aliado de los sectores populares porque de ahí proviene; la existencia de una derecha negada rotundamente a aceptar el hecho de que los históricamente olvidados tengan una persona en lo más alto del poder que piensa y visiona el país más allá de Lima, con las provincias; que la Constitución actual sostiene un orden político dispuesto desde sus inicios para obstaculizar cualquier gobierno que no cuente con el beneplácito de las élites adineradas y conservadoras, y sobre ella se apoyan las iniciativas que con tanta rapidez se ciernen sobre el mandatario y su gabinete. El Congreso, como institución, es la herramienta predilecta para dificultar la gestión de Castillo, más las acusaciones que ya aparecen en el camino.

Dos importantes conceptos se han puesto en marcha: la apología del terrorismo, un delito concebido en la Constitución fujimorista, una figura rarísima instituida para perseguir las ideas –y no las conductas– en dictadura y ahora se le adjudica al primer ministro Guido Bellido; el segundo concepto es el de vacancia por incapacidad moral, otro engendro constitucional que nadie puede definir con exactitud pero que tiene la capacidad de destituir presidentes de la mano del Congreso.

Esta institución tiene entre sus funciones la de aprobar el gabinete elegido por el presidente. Si lo desaprueba, queda sin vigencia y el mandatario debe nombrar otro. Luego de presentarlo, el Parlamento vuelve a ese procedimiento, y si por segunda vez no se le da confianza, el presidente cierra el legislativo y llama a elecciones para uno nuevo. Al momento de escribir este texto, aún no se ha dado respuesta sobre la propuesta de Castillo. La dilación ha sido también utilizada para demorar todo lo posible la acción de gobernar.

Desde que se retrasó el nombramiento del presidente, debido a las impugnaciones de Keiko Fujimori, hubo muchos cuestionamientos de la derecha por supuestas violaciones de la democracia de parte de Castillo; sin embargo, quienes obstaculizan la gestión del elegido son las élites enemigas del profesor; ese mismo que concede vital importancia a la consulta popular sobre si hacer o no una nueva Constitución y que sean los ciudadanos quienes decidan. Pero esa es una consulta que la derecha no acepta que se haga; no quieren colocar esa decisión en manos de los sectores populares ¿porque les preocupa la democracia?

No, porque son conscientes de que la Carta Magna actual perpetúa el sistema que los beneficia. De ahí que incluso la mera pregunta de  si un pueblo quiere cambiar la Constitución para las élites peruanas no es muy democrática, y sí embargo, ¿hay algo más democrático que la participación popular en la toma de decisiones de gobierno? De nuevo la respuesta es negativa.

Castillo declinó la idea de gobernar desde el Palacio Pizarro por considerarlo un residuo colonial, y juramentó en Ayacucho. Negó las acusaciones de nacionalización, pero sí habló sobre la necesidad de negociar con las empresas que controlan la minería. Toda la proyección del recién nombrado mandatario está dirigida hacia el desarrollo nacional, y no hacia el enriquecimiento de las élites. Se trata de un presidente autónomo de los poderes fácticos hegemónicos –mediáticos, financieros y económicos–, como bien afirmó el sociólogo y columnista Ricardo Jiménez en una entrevista para Telesur.

Jiménez explica que esto es inédito después de 40 años de neoliberalismo represivo, un tiempo en que los gobiernos priorizaron intereses de unos pocos por encima de las mayorías y solo puede citarse un antecedente, hasta cierto punto similar.

El ex presidente Ollanta Humala, quien logró vencer electoralmente en condiciones similares a Castillo “todos los obstáculos que se pusieron, pero que ante las presiones enormes, obstáculos, desafíos y amenazas que se ciernen sobre quienes quieren cambiar el país, terminó traicionando en menos de seis meses –rememora el sociólogo– incluso mandó a reprimir y asesinar a sus electores en Cajamarca, por conflictos con las mineras. Ahora tenemos, y es lo que hay que celebrar, a un presidente que con toda claridad deja en claro que llega a la presidencia para cumplir el programa comprometido en la campaña electoral”.

En el peor de los escenarios futuros –pero inmediatos– las maniobras de la derecha pudieran obstaculizar tanto la gestión de Castillo que lograrían aumentar la desestabilización del país e incrementar la insatisfacción frente a la Constitución, ya que las estratagemas tienen su raíz y se basan en la Carta Magna.

Ahora que la derecha está hurgando todo lo posible por “desbaratar” el gabinete, pesan acusaciones no solo sobre Guido Bellido. Russia Today las repasa: el ministro del Interior por presunta “inconducta”, ya que no renunció de manera anticipada al puesto que ejercía como fiscal y del cual solo había obtenido una licencia temporal; al ministro de Transportes y Comunicaciones, Juan Silva Villegas, le descubrieron multas de tránsito, y al ministro de Defensa, Walter Ayala Gonzales, porque había recibido una sanción disciplinaria hace 24 años. Y la lista continúa.

Los ataques a Guido Bellido se han concentrado además en un lamentable historial de posteos homofóbicos y misóginos en redes sociales, en los que asegura que “la mujer es tan destructiva y despiadada a la hora de mezclar sus rencores y egoísmo” o que el feminismo “es un cáncer”. Sin embargo, aunque el gabinete no cuenta con paridad de género, fueron nombras dos mujeres: la vicepresidenta Dina Boluarte, en Desarrollo e Inclusión Social, y Anahí Durand, en Mujer y Poblaciones Vulnerables.

La trampa sería creer que el escrutinio público se debe a una preocupación auténtica por los derechos humanos, la democracia y la idoneidad. ¿Cómo pudiera creerse semejante locura de un sector que apoyó a Keiko Fujimori? Una mujer con un historial de acusaciones de corrupción, que mencionó la posibilidad de indultar a su padre, el dictador Alberto Fujimori, y que usó evidentes afirmaciones falsas para retrasar el nombramiento del –repetimos– presidente elegido democráticamente. Las críticas no son legítimas cuando esconden detrás intereses de poder.

Tal como afirma la analista Mariana Álvarez Orellana en su texto “Pedro Castillo, el desafío de construir una democracia participativa”, la derecha ya ha desplegado su política de acoso. “Hoy no basta la unidad, hace falta la organización del frente social del cambio que se inicia, donde trabajadores, campesinos, mujeres, técnicos, estudiantes y profesionales… se sumen a la defensa militante de un gobierno popular y parte de una democracia participativa…. Hoy, en América Latina, la izquierda es la calle”.

Compartir

Mariana Camejo

 
Mariana Camejo