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Publicado el 7 Septiembre, 2021 por Nestor Nuñez en Opinión
 
 

EE.UU. : El otro “embargo”

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Néstor NúñezPor NÉSTOR NUÑEZ DORTA

Dicen que uno de los sobrevivientes del destroce de las Torres Gemelas, testigo ocular de lo que calificó “sospechosas explosiones en cadena” en los cimientos de ambas estructuras, vaticinó que, seguramente, conocer la verdad de lo ocurrido demoraría más que el propio tiempo de existencia de ambas edificaciones antes de la colisión terrorista.

No le faltaba razón. Y es que a veinte años de tan controvertido ataque extremista, del cual se culpó a Al Qaeda y a su líder, Osama Bin Laden (antes carnales de Washington en Asia Central), familiares de las víctimas siguen presionando para que se desclasifiquen los “archivos sensibles” relativos al suceso.

Los demandantes han llegado a plantear al presidente Joe Biden que no se presente en Nueva York para los actos conmemorativos de este año si no acaba de cumplir su promesa electoral de, precisamente, dar a conocer tales legajos.

De hecho, el FBI se ha visto forzado a declarar que hará lo posible por favorecer la desclasificación, pero se ha manifestado de acuerdo con Biden en “actuar con total respeto a las rigurosas normas sobre la invocación del privilegio de los secretos de Estado” promulgadas durante los mandatos de  Barack Obama.

Y en esa cuerda no pocos analistas coinciden en que los atentados terroristas contra la Torres Gemelas y el Pentágono están llenos de sospechosas incongruencias, y precisan que el abierto maridaje de Washington con los extremistas islámicos desde mediados de los setenta del pasado siglo en Afganistán fue el desencadenante de lo ocurrido Nueva York y Washington poco menos de un cuarto de siglo después.

Otros recuerdan que para tener claridad de los orígenes de un acto de esa naturaleza hay que buscar a sus beneficiarios directos, y en este caso citan entre los primeros a los grupos belicistas y hegemonistas dentro de la cúpula  política gringa, con amplio margen de fuerza durante  gobiernos conservadores de la época, como el  de Ronald Reagan y el de George W. Bush.

Dudas sobre el desastre

Era de esperar que presentado el raudo informe conclusivo sobre los atentados del 11 de  septiembre de 2001, y en medio de la ola de venganza y temor azuzada por la Casa Blanca, todo quedaría en calma, y la “verdad oficial” sería un hecho  para todos los tiempos.

Lo cierto es que las investigaciones decisorias del suceso estuvieron a cargo del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología ( NIST), una agencia del Departamento de Comercio de los Estados Unidos, que concluyó que las explosiones y el fuego derivados del impacto de los aviones comerciales lanzados sobre el World Trade Center socavaron las estructuras de ambos inmuebles y provocaron su desmoronamiento total.

Desde entonces la propaganda nada cándida que avala el informe de la NIST no se ha cansado de machacar el contenido del legajo, y hasta se incluyó tiempo atrás un documental donde los compulsados diseñadores de los edificios casi se cortan las venas ante las cámaras admitiendo que “algo no estuvo bien” en la concepción original de ambas torres.

No obstante, ese intencionado mensaje a la sociedad norteamericano no logró que todos se tragaran las versiones gubernamentales sobre los atentados, lo que ha generado toda una red de entidades y grupos que cuestionan activamente las conclusiones de la NIST y concuerdan en que la “verdad verdadera” está aún por develarse.

Por supuesto, nada sobre ellos aparece en la gran prensa norteamericana, pero existen, dicen, escriben, estudian y no han cejado de intentar que lo oculto salga a flote.

Vale destacar, por ejemplo, que en septiembre de 2019, y por primera vez proveniente de un organismo oficial, “los comisionados de los bomberos de Franklin Square y el distrito de Munson, cerca de Queens, en Nueva York, adoptaron unánimemente una resolución que pide una nueva investigación sobre todos los aspectos del desastre de las Torres Gemelas en 2001, y citan las pruebas abrumadoras de la presencia de explosivos en ambas edificaciones coincidentemente con el choque de los aviones.

La resolución establece que los comisionados del consejo de bomberos de ambas áreas “apoyan plenamente una investigación completa por parte del gran jurado federal, así como el procesamiento de todos los crímenes relacionados con los atentados del 11 de septiembre”.

Para el comisionado Christopher Gioia se trató de un “crimen en masa”, y alegó que “nada puede ser olvidado hasta que se haga justicia”. Este funcionario de los bomberos neoyorquinos ha investigado exhaustivamente  el derrumbe del Edificio 7, aledaño a las Torres Gemelas, y que inexplicablemente se fue al piso sin impacto exterior alguno. Así descubrió que “a pesar de unos pocos incendios aislados, el inmueble de 47 pisos fue destruido simétricamente en menos de siete segundos aquel 11 de septiembre.

Trabajan también por descubrir la realidad y señalar las omisiones y fallas en  la versión oficial de la tragedia entidades voluntarias como el “9/11 Truth Movement”, que se conecta a su vez con colectivos como Arquitectos e Ingenieros por la Verdad Acerca del 11-S, el 9/11 Truth, Estudiosos por la Verdad del 11-S,  la 9/11 Citizens Watch, Pilotos por la Verdad del 11-S, Abogados  por la Verdad, y el Grupo de Víctimas Hispánicas.

Todas aducen que tanto las Torres Gemelas como el Edificio 7 fueron derribados esencialmente por explosiones controladas que provocaron la demolición instantánea de sus cimientos, pero además cuestionan otros hechos como la injustificada demora de los aviones militares enviados a interceptar a las naves secuestradas, la abulia de los organismos de vigilancia y seguridad  del país  en torno a los públicos trajines de los complotados, cuyos expedientes ya se conocían mucho antes de los ataques, la real capacidad de Al Qaeda para organizar y planear una acción terrorista  de tanta complejidad, o el estrepitoso e incontenible derrumbe total de los edificios siniestrados, entre otras interrogantes.

Lo cierto es que, aún sin las verdaderas respuestas y aclaraciones, es evidente que dos décadas después no todos en los Estados Unidos se creen la historia del 11 de septiembre de 2001 contada desde unas “alturas” donde, sin dudas, sus raídas fachadas no ocultaron ni ocultan la doblez, la manipulación y  los bajos instintos que borbollan en sus calderas.

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Nestor Nuñez

 
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