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Publicado el 18 Septiembre, 2021 por Ernesto Eimil Reigosa en Opinión
 
 

El difícil verano de Joe Biden

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Ernesto Eimil ReigosaPor Ernesto Eimil Reigosa

Joe Biden no es muy popular en estos momentos. En los últimos cálculos compilados por el Proyecto FiveThirtyEight 45,7 por ciento de los encuestados defendían su gestión y el 48,8 de las personas preguntadas la desaprobaban. Estos números contrastan con los de sus primeros cien días de mandato, en los que alcanzó un pico de 54 por ciento en cuanto a valoración positiva. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

Hay una lista muy concreta de razones para ello. En estos dos últimos meses el país ha batallado contra la pandemia y el proceso de vacunación ha bajado su ritmo, las camas de cuidados intensivos de los hospitales de algunos estados están desbordadas y muchos de los que llegan a etapas graves de la enfermedad están muriendo, sobre todo quienes no están vacunados. Internet no perdona y recuerda las predicciones triunfalistas de hace algunos meses, cuando el 46to presidente expresó que la lucha contra la COVID-19 había casi terminado.

Al mismo tiempo, Biden ha enfrentado críticas de la prensa y de sus oponentes partidistas en lo concerniente a su salud personal y a la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán. El rápido avance del grupo talibán, el colapso del ejército afgano y el asesinato de 13 marines en un atentado suicida en el aeropuerto de Kabul son las principales acciones que han puesto a prueba la capacidad de liderazgo y de control de daños del jefe de Estado.

Ante el auge de la covid-19 y la negativa de muchas personas a vacunarse, varios políticos republicanos han elegido como leit motiv la resistencia a la vacunación y el deseo de cada persona a poner en su organismo lo que estime conveniente. Si bien es cierto que este debate se está teniendo en Estados Unidos desde hace -al menos-, cien años, varios miembros de la oposición, algunos incluso -paradójicamente entre quienes se posicionan a favor de controlar el cuerpo de las mujeres mediante leyes anti elección- han instrumentalizado esta discusión para obtener una ganancia.

Y mientras en suelo norteamericano algunos ciudadanos disputan el sentido de la vacunación, miles de kilómetros al este de Washington un gran número de refugiados afganos espera el “ok”

para empezar una nueva vida en el país que los ocupó durante veinte años y que ahora parece su única opción de supervivencia. Los 50 estados de la Unión han acordado recibir a quienes trabajaron con las fuerzas de su país y organizaciones internacionales. Pero hasta el momento no se ha dicho con claridad cómo será ese proceso y se ha dejado entrever que los miles de civiles, sin vínculos con ninguna de las instituciones anteriores y que simplemente quieren huir de los nuevos gobernantes, no serán acogidos

Según el periodista Jamelle Bouie, uno de los resultados más consistentes de las investigaciones en opinión pública de las últimas dos décadas demuestra que cada presidente es más divisivo que el anterior. Biden podría terminar siendo, más aún que Trump, razón de fractura entre los norteamericanos, al menos en lo referido a afiliaciones partidistas. Lo único seguro parece ser que la polarización ideológica marcará la política estadounidense por los próximos años.

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Ernesto Eimil Reigosa

 
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