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Publicado el 6 Septiembre, 2021 por Ernesto Eimil Reigosa en Opinión
 
 

Europa: Una fría bienvenida

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Ernesto Eimil ReigosaPor Ernesto Eimil Reigosa

Incluso antes de que los primeros 19 refugiados afganos aterrizaran en Alemania hace unas semanas, una frase lapidaria saltaba entre los labios de varios miembros del partido conservador de Angela Merkel: “No se puede repetir lo que sucedió en 2015”.

Armin Laschet, quien pretende ser el sucesor de la canciller germana, fue el primero que pronunció esas palabras. Luego le imitó otra persona de alta jerarquía en la organización democristiana que gobierna el país desde 2005. Días más tarde fue un ministro.

La caída de Afganistán a manos del grupo talibán ha atemorizado a miles de ciudadanos de ese país, que buscan asilo alrededor de fronteras de naciones vecinas. El caos provocado por esa situación también ha sobresaltado a varios políticos europeos, quienes temen otra llegada en masa de migrantes musulmanes. Les preocupa que los posibles recién llegados aviven la llama de los movimientos extremistas, ultranacionalistas y populistas, los cuales empezaron a crecer luego de que una ola de refugiados de Siria e Irak tocara –y se colara– en las puertas del bloque.

Desde entonces, y sobre todo en los últimos tiempos, el apoyo de los partidos antiinmigración a los gobiernos ha decaído en casi todo el Viejo Continente. La llegada de elecciones generales en naciones como Alemania y Francia ha hecho que sus líderes dibujen con prontitud una línea que al parecer no permitirán cruzar.

Esto sucede a pesar de lo que piensan algunas personas como Jana Puglierin, jefa de la oficina berlinesa del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, para quien el conflicto de Afganistán representa una mayor responsabilidad moral para los europeos que cualquier otra guerra. Muchos de los países de la Unión participaron de la invasión estadounidense que sobrevino a los ataques del 11 de septiembre.

“Nosotros los europeos –dijo Puglierin– hemos estado en ese país durante veinte años. Por supuesto que somos responsables, sobre todo con las personas que huyen del régimen talibán. Y ahora estamos diciendo que todo eso no es nuestro problema”.

La Casa Blanca enfrenta un problema similar. Casi todos los Estados que se han pronunciado sobre el tema han expresado su voluntad de recibir a los afganos que trabajaron con las fuerzas norteamericanas y organizaciones internacionales. Sin embargo, hasta el momento no se ha dicho con claridad cómo sería ese proceso. También han dejado entrever que los miles de civiles sin vínculos con ninguna de las instituciones anteriores, y que simplemente quieren huir de los nuevos gobernantes, no serán acogidos. Sin embargo, la evidencia hasta el momento indica que han sido muy pocas las personas que han conseguido moverse por las fronteras terrestres hacia otros destinos.

En un intento de tranquilizar a sus compatriotas, Gerald Knaus, fundador de la Iniciativa de Estabilidad Europea, se refirió a que los migrantes no serían cientos de miles y que necesitaban “su ayuda, pues se encuentran en listas para trabajar con nosotros”. Dado el bajo número de viajeros que están llegando a Europa, para Knaus se trata de un “argumento del hombre de paja” el hecho de levantar miedos injustificados de una ola migratoria como la de 2015.

“Si el temor de un torrente incontrolable de personas llegando a Alemania se convierte en un tema de conversación, solo beneficiará a un partido”, explicó el funcionario. “Sacará ventaja el extremista Partido Alternativa para Alemania (AfD), que se encuentra debilitado en la actualidad”.

Los líderes de dicha organización -se prevé como una fuerza para tener en cuenta en el escenario electoral-, han aprovechado la situación y protestado en sus redes sociales por la posible llegada de afganos. Algo que Knaus considera “una comparación confusa y políticamente peligrosa”.

Aun así, las comparaciones siguen sucediendo. En 2015, aquel asunto dividió a Europa en dos partes: de un lado naciones como Alemania, que recibió a más de un millón de refugiados entre 2015 y 2016; del otro, los países del Este, que se negaron a albergar asilados e instalaron alambre de púas en el límite de sus tierras. El nacionalismo étnico ahondó sus raíces. Los partidos antiinmigración, que en muchos casos también son partidos antieuropeos, amenazaron con fracturar el bloque de manera definitiva.

Pero no solo en el centro del continente se habla de esto. Existen, además del AfD, otros grupos locales y nacionales que repiten la misma consigna que este último. En ese grupo se encuentran la Agrupación Nacional de Marine Le Pen, en Francia; y Hermanos de Italia y la Liga Norte, en el país transalpino, por poner solo tres ejemplos.

Matteo Salvini, jefe de esta última organización que ha luchado por mayor atención y poder dentro del gobierno italiano, no dejó pasar la oportunidad de posicionarse sobre el tema de ocasión. “Puertas abiertas para miles de hombres, incluidos potenciales terroristas. Absolutamente no”, escribió en Twitter en contraste con lo que dijera el Presidente del Consejo de Ministros de Italia, Mario Draghi. Sin embargo, coincidió con lo expresado por Puglierin y mostró la voluntad de acoger a quienes hayan trabajado con su país en Afganistán y a quienes se expusieron en la defensa de los derechos civiles y las libertades fundamentales.

No obstante, esa no parece ser la intención de otros Estados. En Austria, el Ministro del Interior Karl Nehammer descartó la posibilidad de recibir refugiados y abogó por la creación de centros de deportación en los países fronterizos con Afganistán. Emmanuel Macron, con Le Pen respirándole en la nuca, anunció que “Europa sola no podía asumir las consecuencias de la caída de Kabul”.

Más bien las intenciones del mandatario francés están enfocadas en acometer una “respuesta robusta” ante el hipotético flujo de asilados. La solución, según Macron, sería pagar a los países de tránsito, como Turquía o Pakistán, para mantener a los refugiados allí.

Para decidir sobre el tema, Josep Borrel, alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, convocó a un encuentro con los ministros de Exteriores el 24 de agosto.

Mientras los líderes del bloque se reúnen para tomar una decisión y construir un consenso en un amplio y diplomático salón, aquellos 19 afganos que llegaron primero están en un centro temporal de refugiados en Hamburgo, con capacidad para 200 personas. Allí esperan a 181 como ellos, que arribarán con la incertidumbre del futuro y con la idea clara de que, pase lo que pase, lo que sucedió en 2015 no se puede repetir nuevamente.

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Ernesto Eimil Reigosa

 
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