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Publicado el 27 Octubre, 2021 por Pastor Batista en Opinión
 
 

A trabajar… más

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Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Aunque implicara “apretar” un poco más el tiempo (recordemos que, entre otros temas, incluiría el estudio y aprobación de cuatro proyectos de leyes), la agenda de la VII Sesión Ordinaria correspondiente a la IX legislatura del Parlamento no podía postergar u obviar un pase de revista a cómo avanza la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, así como a la Conceptualización del Modelo de Desarrollo Socialista, documentos estratégicos aprobados por el VIII Congreso del Partido.

En primer lugar, no hablamos de dos materiales exclusivos del funcionamiento o de la vida interna del Partido, sino de instrumentos programáticos, medulares para el desempeño económico y para el progreso social de la nación, a cuyo alcance e interés no escapa nada ni nadie: desde el propio Gobierno a su más alto nivel, con todos los ministerios, institutos y formas de organización y de dirección empresariales, instituciones y organizaciones, hasta el ciudadano residente en la más apartada zona rural o montañosa.

No por casualidad, en la jornada de este 26 de octubre, Roberto Morales Ojeda, miembro del Buró Político y Secretario de Organización y Política de Cuadros del Comité Central, puntualizó de manera sintética, retos de alta prioridad relacionados con la necesidad de fortalecer constantemente la economía nacional (no olvidemos que por un flanco está el sempiterno y cada vez más brutal bloqueo norteamericano contra Cuba y por el otro los efectos de la no menos inclemente pandemia), sobre la base de un empeño realmente integrador que traduzca en eficiencia y en resultados las potencialidades de la empresa estatal –puntera y determinante- así como del creciente sector no estatal, en aras de resolver necesidades en todos los ámbitos y generar un progreso ascendente y sostenible.

Ojeda insertó, en diáfano abanico de ideas, asuntos que ningún cubano debe olvidar como las distintas formas de  propiedad -lideradas por la que con una óptica socialista pertenece y representa a todo el pueblo-, el imprescindible uso de la ciencia en cada proceso, el recrudecimiento de la batalla ideológica y en particular del llamado a la subversión interna por parte del enemigo imperial, el consiguiente combate en todos los terrenos, con énfasis en el espacio digital; el imperativo de un mayor enfrentamiento institucional y social a indisciplinas, ilegalidades, formas de corrupción y otros fenómenos que perjudican al país…

Oportuno fue, sin duda, que los diputados tuvieran con suficiente antelación ambos documentos, para que volvieran individualmente sobre asuntos decisivos que luego, en comisiones y en plenario, serían objeto de examen y de respaldo parlamentario.

Conceptualmente muchas cosas han quedado bien claras otra vez. Pienso en lo que subrayaba Alejandro Gil Fernández, viceprimer ministro y titular de Economía: no renunciamos a seguir construyendo el socialismo, con el Partido como fuerza dirigente; podemos perfeccionar, a nuestro modo, el sistema de dirección planificado del desarrollo económico y social, con el Estado en calidad de rector, coordinador y regulador de todos los actores e inducir mejor a estos para que tomen decisiones a favor de los intereses de la sociedad cubana.

Por eso fue bueno que diputados como Alejandro Palmero, joven capitalino, alertase acerca del temor que aún persiste en algunos empresarios o decisores a la hora de establecer relaciones (nexos, encadenamiento) con el sector no estatal; que perduren obstáculos cuando se hizo hasta un levantamiento de las trabas -para acabarlas- o que haya quienes no reaccionan, acaso esperando coger la seña por el de al lado.

Los conceptos están ahí, 201 lineamientos devienen zumo para obrar hasta 2026; existen un Programa Nacional de Desarrollo, seis macroprogramas que derivan programas y proyectos hasta la base… solo resta actuar bajo la convicción de que solo el trabajo creador genera riqueza verdadera y que debe estar imbuido, por tanto, de valores morales sólidos, cardinales.

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Pastor Batista

 
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