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Publicado el 1 Octubre, 2021 por María de las Nieves Galá León en Opinión
 
 

¿Fumar o no fumar?

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María de las Nieves GaláPor MARÍA DE LAS NIEVES GALÁ

Crecí en una familia de fumadores y desde niña tenía claro de que no optaría por ese vicio. Mi abuela, a quien podía faltarle la comida, pero no un cigarro, me advirtió que jamás me dejara atrapar por esa adicción, pues ya tarde, percibió el mal que le hacía a su salud.

En verdad, para muchos de mis seres queridos, no contar con un cigarro se tornaba una pesadilla. No lo comprendía, pero era así. Juré nunca fumar y lo he cumplido, a pesar de haber sido tentada por compañeros de estudio y colegas de trabajo.

Hace algunos días, el tema salió a colación con una vecina. Dos veces ha tocado a la puerta del apartamento preguntándome si sé algo sobre la demora en la llegada de los cigarros al mercado. En la primera ocasión le respondí que no sabía, y para la segunda me preparé y le ofrecí algunos argumentos.

Le comenté lo explicado en la edición digital del periódico Granma, el 29 de julio pasado, en la cual, autoridades competentes referían las limitaciones que han existido con la disponibilidad de cigarros en Cuba, como consecuencia de las intermitencias en el arribo de las materias primas.

En dicho trabajo, Betsy Díaz Velázquez, titular del Comercio Interior (Mincin), puntualizaba que se “tomó la decisión de comercializar las marcas de cigarrillos Criollos, Popular, Aromas y Titanes, que producen las fábricas nacionales, a través del mecanismo de la libreta de abastecimiento; como una medida de contención ante los acaparadores y revendedores”.

Y precisaba la ministra que “este no es un producto contenido dentro de la canasta familiar normada y, por ende, no tiene que distribuirse obligatoriamente todos los meses a los más de 3,8 millones de núcleos que existen en el país”.

En realidad, mi vecina no quedó satisfecha. Argumentó que lo curioso es que, ante la ausencia de cigarros en las Tiendas Caribe y en las de la Sucursal Cimex, y su demora en llegar a las bodegas, por doquier proliferan los revendedores que cada vez piden precios más abusivos por este producto de alta demanda.

Una cajetilla de cigarros puede costar lo mismo 125 pesos que 150.  Y los fumadores lo dan. “¿De dónde salen tantos cigarros?”, me preguntó ella. Y ahí, me quedé sin palabras.

A eso hay que sumarle que muchas de las familias que reciben la cuota a través de la libreta de abastecimiento y que, por supuesto, no fuman, también lo venden, y no precisamente a bajo precio.

¿Fumar o no fumar?, puede ser esa la interrogante que muchas personas se estén haciendo porque no todo el mundo puede darse el lujo de pagar 150 pesos por una cajetilla de cigarros.

Todos sabemos que el tabaquismo no es un simple hábito de fumar, como casi siempre las personas di­cen, sino que se trata de una adic­ción. Los que han pasado la prueba de dejarlo, luego de años de fumar, aseguran que es preciso mucha fuerza de voluntad para abandonar el vicio.

Ante la carencia del producto y la existencia de la covid-19, le comenté a mi vecina que este puede ser el momento ideal para renunciar a ese hábito que tanto perjuicio causa a la salud y al bolsillo. Me miró seria y respondió que ya lo ha intentado, mas no ha podido, e insistió en que quizás en otras circunstancias. Por ahora, sigue esperando sus cigarros y nuevas explicaciones.

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María de las Nieves Galá León

 
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