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Publicado el 21 Octubre, 2021 por Delia Reyes Garcia en Opinión
 
 

Inflación: en el ojo del huracán

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Delia ReyesPor DELIA REYES GARCÍA

El aumento descomunal e incesante de los precios de bienes y servicios en Cuba, es decir, la inflación, parece estar en el ojo de un huracán. Una tranquilidad inquietante en el centro, y a sus alrededores vuelan hechos añicos ingresos, predicciones, diseños… Marejadas por el Norte y el coronavirus silencioso inducen demoledoras ráfagas.

No es casual entonces que Alejandro Gil Fernández, viceprimer ministro, y titular de Economía y Planificación (MEP), reconociera el enfrentamiento a la inflación como primera prioridad en la nueva fase gradual de recuperación económica. A su juicio, “el incremento de la oferta es clave y base para poder diseñar otras medidas de corte monetario y tributario”. Sin mayores volúmenes productivos y de servicios no podemos aspirar a un control efectivo de ese flagelo. Pero la escasez es solo la punta del iceberg.

Si prestamos atención a los expertos se trata de un fenómeno multicausal (insuficiencia productiva, exceso de circulante, inadecuado régimen fiscal, presiones externas, entre otras). Por tanto, las soluciones no parecen estar en la trillada –y perniciosa- polarización: productivas o monetarias. “Este es un tema abierto, polémico, y estamos inmersos en ese huracán real”, subrayó Gil Fernández.

Uno de los impactos más riesgosos al implementar el ordenamiento monetario, con la devaluación de la tasa de cambio del peso cubano frente al dólar, era precisamente la hiperinflación, por el “efecto traspaso” de los costos de producción a los precios a la población. No era infundado el temor a que la inflación real fuera más allá de la diseñada, y anulara –o se “tragara”- los aumentos de los salarios, pensiones de jubilación y prestaciones monetarias de la asistencia social a personas y núcleos vulnerables. En un escenario donde también fueron eliminados subsidios a los alimentos de la canasta básica, y otras gratuidades indebidas.

A la altura del décimo mes del año, el viceprimer ministro reveló, “no caben dudas de que es fuerte”, aunque no se puede dar un dato exacto del monto inflacionario. Para medirlo de manera más objetiva se realizan cambios de las series históricas, porque con el ordenamiento monetario se produjo una ruptura importante. Igualmente trabajan en la recomposición de la canasta de bienes y servicios. No obstante, algunos avezados la pronostican del 500 por ciento.

Los economistas coinciden en que un buen instrumento para medirla es el cálculo del Índice de Precios al Consumidor (IPC), a través del costo de una canasta de bienes y servicios de referencia que, al compararse con periodos anteriores, indica una tasa de inflación. Para lograr este fin, realizan encuestas a los hogares. La Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) es la encargada de ejecutar esas pesquisas en Cuba.

Sin embargo, “los registros oficiales no siempre miden los precios reales. O sea, si mandas ahora a los registradores de la ONEI van a coger el precio de las tiendas, que es el oficial, y van a compararlo contra el que tenía ese producto en igual periodo de 2020. Y a lo mejor la inflación que se expresa ahí es la diseñada, es decir, por la devaluación del peso cubano, que antes se vendía a uno por uno, y ahora a uno por 24. Pero ese mismo producto que se registra con ese nivel de inflación, después la gente lo compra de verdad a un monto tres y cuatro veces superior.

“En las condiciones actuales una parte importante del consumo se expresa en el mercado ilegal. Si no registras esos precios puedes dar un dato distorsionado de la inflación”, advirtió Gil Fernández.
Pero los sesgos en la medición del IPC por parte de la ONEI no solo están asociados al ordenamiento monetario y a la actual coyuntura de recesión. Con anterioridad tampoco se registraban los gastos de los consumidores en el mercado ilícito (tanto de bienes como de divisas), ni los nuevos patrones de consumo asociados, por ejemplo, a los servicios de telecomunicaciones y de disfrute turístico.

Un problema que tensa las clavijas del erario público es la falta de liquidez en moneda libremente convertible (MLC) para hacer frente a la espiral especulativa. “Es cierto que si tuviéramos la capacidad de poner los dólares en la red de Cadeca y los bancos, sería una manera de combatir el mercado ilegal. Pero en este minuto no podemos aspirar a hacer eso por la escasez de divisas que tiene el país. Las prioridades son importar arroz, frijoles; el combustible para la sostenibilidad del Sistema Electro-energético Nacional; y los medicamentos del cuadro básico, porque una buena parte de estos están en falta”, argumentó el viceprimer ministro.

El déficit de moneda dura es resultado de la contracción de la economía. En primer lugar, por la guerra no convencional del gobierno norteamericano que, a toda costa y a cualquier costo, persiste en estrangular las operaciones comerciales y financieras del país. En segundo, la crisis sanitaria provocada por la covid-19, a la cual se destinaron una parte de los ingresos en divisas con el objetivo de preservar la vida de la población cubana. La pandemia obligó a paralizar actividades productivas y sociales a lo largo y ancho del archipiélago.

Por último, deficiencias internas del modelo de desarrollo socialista cubano. Varios autores han señalado que las principales presiones inflacionarias en Cuba han estado asociadas a los desequilibrios estructurales, relacionados con insuficiencias productivas. Para la investigadora Anicia García Álvarez, doctora en Economía de la Universidad de La Habana, uno de los sectores donde usualmente se presentan estos desequilibrios es en el agropecuario, con un limitado acceso a nuevas tecnologías, un sistema de asignación de recursos centralizados, y un restringido acceso a fuentes de financiamiento. Esta situación genera recurrentes desproporciones entre la oferta y la demanda, incidiendo en continuos aumentos de precios en los alimentos.

Para dinamizar este sector fueron aprobadas un conjunto de medidas que, de implementarse con el rigor necesario, pudieran comenzar a cambiar la difícil situación alimentaria, y aliviar los bolsillos de la población. En el mismo sentido de aligerar presiones inflacionarias, fueron aplicadas exenciones fiscales a la importación de alimentos y medicamentos, tanto para las entidades estatales como no estatales. A la par, comenzó a diversificarse el tejido productivo con la creación de las micro, pequeñas y medianas empresas. Asimismo, volvió a darse luz verde a las cooperativas no agropecuarias.

En las condiciones de excepcionalidad que enfrenta Cuba, y ante la insuficiente liquidez en divisas, las máximas autoridades del Gobierno aprobaron la apertura de mercados en MLC para la población y el sector campesino. El propósito es satisfacer –en lo posible- la demanda de este segmento de consumidores, y destinar una parte de los ingresos recaudados al reaprovisionamiento de los mismos, y del otro mercado en moneda nacional. Esta medida busca, además, potenciar el encadenamiento productivo entre los distintos actores económicos para sustituir importaciones, y estimular las exportaciones. Sin embargo, la dolarización parcial de la economía adiciona otras dificultades al cálculo de la inflación. Existe una mayor fragmentación de los mercados, y los precios a los consumidores quedan a merced de las variaciones con que opera el mercado ilegal de divisas.

En estas condiciones, el poder adquisitivo de la población se ha resentido ante la espiral especulativa. Quienes viven de su trabajo, reciben una pensión de jubilación bien ganada por los aportes realizados a la sociedad durante muchos años, u obtienen una prestación monetaria de la asistencia social por su fragilidad económica, merecen ser tenidos más en cuenta al realizar predicciones de recuperación.

Para la escuela monetarista, cuyo máximo representante es Milton Friedman, la inflación de demanda se sustenta en la teoría cuantitativa del dinero. Esta plantea que el aumento de los precios se da como consecuencia de una copiosa emisión de dinero resultado de prácticas monetaristas de carácter expansionista, la incontinencia crediticia, la política fiscal deficitaria y los reajustes ascendentes de salarios.

Según la investigadora Pascualina Curcio Curcio, doctora en Ciencias Políticas, de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela, es un mito la idea de que no se puede aumentar la cantidad de dinero porque va a generar inflación. A su juicio, “lo que interesa no es el número de la inflación, ni el número de los precios, es el poder adquisitivo, sobre todo el consumo de los hogares”.

En la política económica de Cuba han calado dos tendencias hasta cierto punto contrapuestas. La primera, toda emisión monetaria genera presiones inflacionarias. La segunda, cuando no existe correlación entre oferta y demanda, la solución es incrementar los precios. De esa contraposición surge una debilidad estructural: la desconexión entre salarios y precios. Eso explica por qué durante periodos prolongados, con anterioridad al ordenamiento monetario, los precios subían tanto, mientras bajaba el poder adquisitivo de los salarios. Es cierto que los subsidios del Estado a la canasta de alimentos amortiguaban el golpe. Pero fuera de la bodega, y comedores sociales, la población tenía que agenciárselas con todo lo demás.

Con el ordenamiento monetario y cambiario se quisieron corregir algunas de estas incongruencias. Pero las cosas no han salido como se diseñaron. Y efectivamente la inflación se ha tragado los incrementos de los salarios, pensiones de jubilación, y prestaciones monetarias de la asistencia social a personas y núcleos vulnerables. Entonces, ¿qué hacer?

Una solución sería esperar a que pase la actual coyuntura de crisis provocada por la covid-19. Pero, ¿cuánto más? El tiempo es una variable tan importante para las ciencias exactas, como para la vida de cada persona. ¿Por qué no acabamos de utilizar los Índices de Precios al Consumidor (IPC) para indexar los salarios? Incrementar los niveles productivos, y por tanto la oferta, requiere que quienes trabajan realmente se sientan retribuidos. ¿De qué le sirve a un trabajador ganar una determinada cantidad de dinero si el poder adquisitivo real no le alcanza ni para satisfacer las necesidades más elementales de él y su familia?

No podemos dejar que los mitos monetaristas nos cieguen, porque la inflación en Cuba está en el ojo de un huracán… categoría 5.

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Delia Reyes Garcia

 
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