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Publicado el 22 Octubre, 2021 por Liset García Rodríguez en Actualidades
 
 

La Habana, capital con más vacunados, se abre a la normalidad y al futuro

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Liset/ Visita no deseada en tiempos de nasobucoPor LISET GARCÍA

Cuba se abre a la vida gracias a la contra marcha que salva de la pandemia. El decrecimiento notable de contagiados y decesos, fruto de la labor de sus científicos que lograron tres vacunas contra esa enfermedad, y del personal de salud que afrontó la vacunación masiva de la ciudadanía, son parte de la realidad nacional, la cual ha permitido a las autoridades decidir la apertura escalonada de los principales servicios, incluido el curso escolar de manera presencial a partir de noviembre.

En diálogo con periodistas, Reinado García Zapata, gobernador de La Habana, no solo aseguró que en ese territorio alrededor del 95 por ciento de la población vacunable ha recibido al menos una dosis de los inmunógenos con sello cubano, sino que el 74 por ciento ya completó el esquema de vacunación, lo que ha hecho posible la detección diaria de apenas unos 100 casos positivos a la enfermedad, mientras en semanas anteriores se mantuvo la tendencia de más de mil casos por día.

“La Habana es la capital del mundo con mayor inmunización”, aseveró García Zapata, y agregó que se han administrado aquí ya “más de cinco millones de dosis, y se dispone del 100 por ciento de lo necesario para cubrir a toda la población antes del 15 de noviembre, víspera del cumpleaños 502 de la villa de San Cristóbal de La Habana, fecha festiva que como es tradicional tendrá entre sus momentos más importantes las tres vueltas a la ceiba en el sitio fundacional de la ciudad”.

La reapertura de instalaciones culturales como teatros, bibliotecas, museos, cines, galerías, y centros recreativos, deportivos y de servicios de todo tipo, deberá avanzar a la par de la recuperación económica que tanto se espera, tras un confinamiento de más de año y medio. La medida no significa dejar a un lado las precauciones sanitarias que harán posible continuar con el control de la pandemia, porque a las vacunas hay que ayudarlas.

El despertar post pandémico será difícil para la mayoría. Pocas familias se han librado de que alguno de sus miembros haya padecido la enfermedad, y tendrán que hallar el mejor modo de guardar para siempre la tristeza por cada ser querido que partió o padece secuelas derivadas de la Covid-19. En otras, seguirá latiendo esa sensación de miedo o pánico, o de ambos juntos, ante lo vivido y lo por vivir, a sabiendas de que esa peste sigue queriendo pisar los talones de unos cuantos.

El desafío actual es llegar poco a poco a esa tan acariciada vida “normal”, con el auxilio de todos los aprendizajes del aislamiento, que obligó a recomponer tiempos, hábitos, responsabilidades, convivencia familiar. Lidiar con el espacio virtual quizás sea lo más perdurable y valioso de la pandemia, acaso lo único que se le pueda agradecer. Y aunque ya nada será igual, esa práctica ya es definitivamente también parte del futuro, en lo laboral y personal.

Posiblemente hasta que la covid no se convierta en un mal recuerdo, habría que vivir pensando en los abrazos y sueños pendientes, en parte salvados con ese modo distinto de practicar la bondad al tender la mano a los otros, a quienes protegieron con palabras de ánimo a fuerza de ternura.

La Habana se prepara para volver a la normalidad, mientras en muchos de sus barrios hierven las transformaciones y llega un cierto alivio ante la necesidad de atención y de un entorno menos en deuda con su gente. Se ensayan soluciones en las que participan, en primer lugar, los propios vecinos, de la mano de quienes tienen la obligación de responder por esas demandas.

En medio de los muchos motivos para el jolgorio por el aniversario de la ciudad capital de Cuba, el gobernador provincial anunció que se fortifican los grupos de trabajo comunitarios y de prevención social, muchos de los cuales estaban dormidos, como si hubieran caducado sus funciones.

Las urgencias de esas comunidades clasificadas en desventaja, dicen lo contrario, de ahí que una vez metida en cintura la pandemia, gracias sobre todo a la vacunación intensiva, renacen movimientos a favor de las mayorías, ofertas de empleo y estudio, listados de precariedades para irlas solventando, poco a poco, a medida que el bolsillo del país lo permita.

Los trabajadores sociales han vuelto a la carga, junto a estudiantes universitarios, cuya mirada afilada ha contribuido al despertar de conciencias y del sentido humano y de justicia que caracteriza a una Revolución tejida con todos y para el bien de todos. Ellos mismos conocieron realidades que creían impensables, y han curado, a veces, solo con su presencia, con el gesto de escuchar, con sus palabras. Y como sucede en una vía de dos sentidos, más de uno narra que esa ayuda los ha hecho crecer y convertirse en mejores personas.

Por su lado, los delegados del Poder Popular –que entre noviembre y diciembre próximos rendirán cuenta de su quehacer–, al decir del gobernador de La Habana, tienen también ante sí la responsabilidad de avivar la participación de los vecinos en función de los problemas que los aquejan. Ese espacio de intercambio suspendido durante el azote de la pandemia, dio lugar a que carguen en su agenda numerosos problemas irresueltos, pendientes…, sumado a que arrastran la deuda de ser verdaderos protagonistas del ejercicio de gobierno a nombre de quienes los eligieron.

En un país cuyo sistema político se asienta en esa estructura local y en la activa contribución de cada elector junto a sus organizaciones barriales, urge que los delegados defiendan en cada palmo de tierra bajo sus pies, lo mismo en La Habana, en Baracoa o en Guaracabuya, las atribuciones asignadas a ellos por la Constitución y las leyes, y exijan su cumplimiento estricto a quien pretenda ser indiferente y dé la espalda con insensibilidad manifiesta o velada a las demandas de la ciudadanía.

Esa es también una de las contra marchas que salvarán la vida de un proyecto social, venido de sangre y memoria con olor a futuro, por el cual vale brindar chocando los nudillos de los dedos o con copas, según sea posible después de la pandemia. Ante los obstáculos que vengan de cualquier norte y frente a gente que quiera emprender el camino al revés, vive una obra que llegó hasta este tiempo y cuenta con un corazón colectivo y toda su savia lista para empinarse otra vez y seguir adelante.

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Liset García Rodríguez

 
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