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Publicado el 4 Octubre, 2021 por Mariana Camejo en Opinión
 
 

Un aluvión sobre Jair Bolsonaro

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Mariam Camejo-Foto de autoraPor MARIANA CAMEJO

Con 132 pedidos de destitución, además de las solicitudes de juicio político, la fallida administración del gigante sudamericano se ha convertido en blanco principal de críticas del escenario político. No se trata solamente del mal manejo de la pandemia y la desprotección de los ciudadanos en un momento que ameritaba el diseño de estrategias sanitarias eficaces, sino del funcionamiento de un gabinete paralelo que dirigió las políticas epidemiológicas en otra dirección y a lo cual ahora se suma un nuevo escándalo: la posibilidad de que la compañía Prevent Senior -vinculada al gobierno- presuntamente presionó a su personal a indicar hidroxicloroquina a adultos mayores sin su consentimiento ni el de sus familiares, y en los reportes dejó de informar al menos siete muertes de personas a las que, según indican las acusaciones, se les habían recetado medicamentes no probados científicamente para la Covid-19.

Con el gobierno de Bolsonaro pareciera que la historia de horror nunca termina. El mandatario ha atacado directamente a las instituciones y ha amenazado con represalias a quien no sigue sus orientaciones, irrespetando la separación de poderes, que funciona como uno de los principios y bases para el mantenimiento de la democracia liberal. En consecuencia, incluso grupos de derecha pujan ahora por sacar al presidente del Palacio de Planalto.

Y si de corrupción se trata, el exmilitar anda sobrado. Las acusaciones no solo van en su contra sino que salpican su entorno, desde su hijo hasta una de sus exesposas.

Últimas encuestas revelan que el 53 por ciento de los brasileños desaprueba el gobierno del político, de marcada tendencia ultraderechista, y existe la sensación de que no se ha comprometido a tomar actitudes para revertir esta desastrosa situación.

La buena noticia en medio del caos es que Luis Inácio Lula Da Silva sigue cosechando éxitos y ganando terreno tanto en el área política como en la judicial; en esta última, debido a la desestimación de procesos por falta de pruebas, evidencia de que el coro entonado por la derecha acerca de que Lula era corrupto no contaba con nada más que el lawfare (la manipulación jurídica por motivos políticos).

Los últimos sondeos de dos encuestadoras distintas ubican a Lula como posible ganador de las elecciones en 2022 en primera vuelta de los comicios, lo que quizá pueda ser una bocanada de aire para la asfixiada coyuntura. Vale decir solo “quizá” porque el desastre de Bolsonaro es de una dimensión tal, que no podrá revertirse en cuestión de meses. Si bien la pandemia ha golpeado a los sectores más vulnerables, el mal manejo y la falta de políticas públicas también han provocado una escalada en las cifras de desempleo, con sus consecuencias en las economías domésticas.

Mientras tanto, Bolsonaro sigue vanagloriándose de “su Ejército” y continúa lanzando amenazas hacia todos lados, tras las críticas devastadoras luego de su muy falso discurso en las Naciones Unidas. En opinión de esta comentarista, lo más optimista para Brasil sería la oportunidad que podría ganar el país con Lula y una gestión que se comprometa con la ciudadanía.

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Mariana Camejo

 
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