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Publicado el 3 Noviembre, 2021 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

JULIAN ASSANGE: ¿Dónde está el mundo?, pregunto

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María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Empatía. Hay causas que necesitan que nos coloquemos en el lugar del otro. Sentir su zozobra y hasta su asombro. Porque al final de cuentas Julian Assange solo hizo lo correcto: develó hechos, cifras y saberes incómodos a un mundo acostumbrado a mandar pisoteando a través de la mentira. Por eso reitero la pregunta: ¿Dónde está el mundo ahora que el australiano, trasladado de Ecuador a Gran Bretaña, corre el riesgo de ser extraditado a Estados Unidos para una condena colosal de 175 años de prisión?

Se le imputan las filtraciones de Wikileaks. Lanzado por decisión y conciencia profesional, destapó para la opinión pública internacional verdades sobre guerras mal concebidas o, peor, engendradas bajo postulados oscuros y mentirosos, al amparo de administraciones norteamericanas anteriores.

De ahí que insista: ¿dónde está el mundo? O mejor, ¿dónde las reputadas firmas que cada semana tienen un sinnúmero de lectores de los más famosos periódicos y medios de comunicación del orbe, y en especial del lado rico del planeta?  Julian Assange necesita el concurso de nuestra unión profesional pero principalmente humana, porque tras dar un paso semejante ahora se encuentra vulnerable y enfermo.

Y podría pasarle a cualquiera que cargara con el peso de revelaciones sustanciales contra los Estados Unidos y sus poderes fácticos, cuyo objetivo máximo sigue siendo el posicionamiento geoestratégico a como dé lugar. Futilidad de lógica pueden aducir esas grandes renombradas firmas –si acaso me leen, si acaso saben que existo–, pero en el caso de Julian Assange ya no se trata de inclinar la balanza hacia ningún partido político o ideología; es llanamente una cuestión de humanidad.

Los médicos que lo atienden y los letrados que acompañan su caso temen por su vida, que pudiera “partir” hacia la inmortalidad de su propia mano. ¿De la nuestra por dejación e insensibilidad?

El poder colectivo está en la acción

¿Dónde están aquellos que se consideran del lado del bien, y de los derechos humanos?; ¿dónde ha quedado esa conciencia, la que en asuntos como este debe traslucirse en acciones específicas? La mía es simple: pasa por denunciar en escritura nuestra reverencia hacia un colega que no especuló, sino que reveló verdades irrebatibles. El gremio periodístico cubano se ha definido.

Se trata de un hombre valiente, ahora en estado de fragilidad. Las imágenes que he visto por la televisión, sin embargo, solo me remiten a manifestaciones locales, sin la envergadura que lleva esta probable extradición, que amenaza con el equilibrio emocional y físico de Julian Assange.

Nada de reclamos “fríos”

Habrá incluso quien lo “enjuicie” moralmente y arguya que una vez que emprendió tamaña empresa de desafiar “deformidades”, debe ahora comportarse y se plante firme. Alto aquí: todos tenemos circunstancias diversas y composiciones psicológicas diferentes.

Y atención: no juzgo; apenas señalo que precisamente él, por descubrir sobre cómo puede llegar a actuar lo peor de Washington, sabe a lo que se expone. Nunca lo he visto rogando; tan solo he apreciado el rostro de un ser humano atormentado de tanto saber las probables consecuencias. ¿Qué no pasará por su cabeza? Y por las nuestras, ¿no pasa nada?

¿Vamos a seguir firmando cartas contra el hambre mundial, el cambio climático, y ver inexorablemente como nada cambia? ¿Por qué no tomamos el control y asumimos hoy y para siempre que somos los dueños del mundo? ¿Lo somos? Bien sabemos que no, aunque es momento de que eso cambie.

Sí, ciertamente, soy emocional en este texto. Así ha sido concebido desde su primera línea. Y es que soy –somos– de carne y hueso; no obstante, pienso, pensamos, no somos máquinas –como ha cantado con maestría un trovador cubano­–. Reitero: “no somos máquinas”. Precisamente a esa realidad apeló Assange cuando se vio ante la disyuntiva de callar lo que había visto en ciertos documentos, o darlos a conocer al mundo.

El verdadero problema

Para reactivar relatos y mover el ánimo, en este texto me cito. En un artículo del pasado año que titulé “Lo que le debemos a Julian Assange”, publicado en BOHEMIA, el 28 de julio, dije: “A través de las tecnologías de la informática, [Assange] presentó pruebas sobre la existencia del SIPRNet, un protocolo secreto de redes de enrutado de Internet, operado por el Departamento de Defensa yanqui para alojar información confidencial.

El bloguero Katu Arkonada, miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad, sostiene que “las filtraciones de Collateral Murder o Irak War Logs, en abril y octubre de 2010, abrieron el camino para que en 2013 Edward Snowden (exiliado actualmente en Rusia) filtrara la información sobre los programas PRISM y Xkeyscore de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense. Programas que servían para obtener y analizar de forma masiva datos y metadatos recogidos de compañías como Google, Facebook o Apple.

También escribí: “Cada país determina con soberanía las normas y leyes que rigen su sociedad; sin embargo, estas no deben estar de espaldas al derecho internacional. Es conocida la rica historia de la jurisprudencia estadounidense. En ese sentido, los periodistas de ese país Amy Goodman y Denis Moynihan muestran preocupación porque el caso Assange podría asestar allí un gran golpe a la libertad de prensa. Ambos sostienen que el “Congreso no podrá hacer ninguna ley […] que limite la libertad de expresión, ni la libertad de prensa”, pues así lo refrenda la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. En esta oportunidad, no obstante, denuncian que “por primera vez, un editor está siendo procesado en virtud de la Ley de Espionaje, que data de la Primera Guerra Mundial”.

En un inicio, el australiano fue acusado formalmente por el delito de intentar ayudar a un informante del Ejército estadounidense (Chelsea Manning) a ingresar en un sistema informático militar. Luego, el Departamento de Justicia emitió una acusación adicional, en la que se sumaron 17 cargos más, por violar la Ley de Espionaje. Ante esta realidad, el Comité editorial de The New York Times admite que “los nuevos cargos podrían tener un efecto escalofriante sobre el periodismo estadounidense tal como se ha ejercido durante generaciones”.

Llamado a la conciencia

Julian Assange se arriesgó por pueblos que le eran desconocidos pero a los que se sentía unidos como especie humana, y ahora no puede ser que le vayamos a dar la espalda; simplemente puede pasarle a cualquiera. De nada vale ocultarse tras la tranquilidad casera, o tras los juegos con mascotas o niños. Cuando la fuerza estadounidense quiere, rapta sin miramientos: recientemente tenemos el caso del diplomático venezolano Alex Saab, al que se extraditó de Cabo Verde por espurias investigaciones sobre un tráfico jamás cometido por el bolivariano.

¡A un diplomático! Único delito: querer comprar comida para el pueblo de Venezuela sin detenimientos ideológicos, porque lo mismo come un chavista que un simpatizante de Juan Guaidó. Y peor aún, Saab era parte de la Mesa de Diálogo entre el Gobierno de Caracas y la oposición a celebrarse en México.

¿Dónde está el desideologizado y despolitizado Derecho Internacional? ¿Queda alguien a salvo? En el inglés estadounidense hay una frase ilustrativa, pero por pudor no la repito. Bien se sabe cuál es.

Julian Assange es una persona íntegra que, con esa actual mirada medio turbia y enajenada, no ha renegado de sus actos. Entonces, pregunto: ¿vamos a fallarle ahora, luego de haber aplaudido su valentía? Seamos consecuentes y mejores personas.

Puedes leer también en Bohemia el comentario citado:
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María Victoria Valdés Rodda

Lo que le debemos a Julian Assange

Consciente de la contundencia de su profesión, este hombre, que ahora se enfrenta a la posibilidad de una descomunal condena de 175 años, no dudó en dejar la zona de confort de las noticias fáciles y ramplonas para sumergirse en los turbios intríngulis del verdadero poder mundial.

 

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María Victoria Valdés Rodda

 
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