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Publicado el 2 Noviembre, 2021 por Pastor Batista en Opinión
 
 

¡Maaaarcha!

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Por PASTOR BATISTA VALDÉS

Dudo que con su ceguera natural o inducida, artífices externos e intermediarios internos de la marcha que nuestros enemigos pretenden orquestar el 15 de noviembre, hayan vislumbrado el puñetazo que propinarían los diputados cubanos durante la sesión ordinaria realizada los días 27 y 28 de octubre, al aprobar, en nombre de Cuba entera, una declaración de condena a la nueva provocación, alentada y financiada, como siempre, desde Estados Unidos.

¿Pensarán que el pueblo cubano es tonto o que olvidó los injustificados y peligrosos disturbios del 11 de julio, protagonizados por elementos desvinculados en su mayoría de actividades socialmente útiles, sin ignorar la presencia de otros ciudadanos manipulados y confundidos?

¿Pensarán realmente que pintándole a la famosa marcha los labios con carmín de aparente pacifismo caeremos en el cepo de la ingenuidad?

Si pretendieran, en verdad, expresar criterios o transmitir preocupaciones para provecho de la nación, muy bien saben que espacio sobra en este país, mediante el contacto con delegados de base, organizaciones políticas y de masas, órganos de justicia, oficinas de atención a la población en organismos, incluyendo al Partido y al Gobierno…

Ese tipo de marcha quizás haga falta donde no hay oídos para escuchar al pueblo, ni manos para defenderlo o donde se violan sus derechos. Pero toda persona con dos dedos de frente y bombeo imparcial de corazón sabe que ese no es el caso de Cuba.

Si de verdad quieren resolver la situación que atravesamos, mejor elevan su voz contra el bloqueo económico, financiero y comercial, principal obstáculo para nuestro desarrollo y causante de las escaseces, vicisitudes y sufrimientos del pueblo cubano o se dirijen al actual mandatario norteamericano, por no haber movido un dedo ni abierto su boca para cumplir lo que prometió en busca de la silla presidencial, acerca de política hacia Cuba.

Si hacernos bien es lo que quieren, que le exijan y conminen al propio Biden para que derogue las 243 restricciones violatorias de derechos humanos, leyes y preceptos internacionales, impuestas por su antecesor, el emperador Donald Trump.

¿Desean un cambio aquí? Pues díganles a quienes hacen del diferendo Cuba-EU un negociazo interminable que dejen de desembolsar y de embolsillarse billetes para generar más odio, tirantez, luto, mentira, subversión, agresiones…

¿Por qué, mejor, no le sugieren a la Casa Blanca que no siga haciendo el papelazo de mantener a Cuba en la espuria lista de países que patrocinan el terrorismo?

Y si quieren un consejo más: despójense de la brutalidad, la torpeza y el salvajismo que significa clamar por una intervención militar estadounidense, cuyas consecuencias no hay que ser politólogo ni profeta para saber. Basta tener aquellos dos dedos de frente y el imparcial bombeo cardiaco, o estar mínimamente informado de lo que tal receta ha reservado para otros países del mundo.

Lástima que la mayoría de quienes claman por intervención y de quienes piden marcha –en muchos casos los mismos y no pocas veces enyuntados con individuos de amplia trayectoria terrorista contra Cuba-  carecen de esos tres requisitos mínimos indispensables.

De manera que, para proferir obscenidades, romper vidrieras, saquear establecimientos, agredir a autoridades del orden público, atentar contra la vida de gente humilde y pacífica, dar una falsa idea de caos y hacerle juego al mismo imperio que nos pretende asfixiar… para eso el pueblo cubano no quiere marcha ninguna. Y lo respaldan los artículos 4, 45 y 56 de su soberanísima Constitución.

En todo caso, mi sugerencia muy personal es recomendarles a quienes piden la consabida marcha lo mismo que le dice el campesino al perro para que se vaya o cambie de rumbo: ¡Maaaaarcha!

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Pastor Batista

 
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