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Publicado el 10 Abril, 2020 por María Luisa García Moreno en Palabreando
 
 

Palabreando. Diversidad

Precisamente es esa diversidad la que está revitalizando el idioma en un flujo que va de Latinoamérica hacia la madre patria

 Por  MARÍA LUISA GARCÍA MORENO

Diversidad léxica del Español

(Caricatura: La variedad hispana)

La extraordinaria variedad léxica del español se debe, entre otros factores, al hecho de que este idioma nuestro es lengua oficial de 23 países repartidos entre cuatro continentes.

Precisamente es esa diversidad la que está revitalizando el idioma en un flujo que va de Latinoamérica hacia la madre patria, no solo porque es en América donde se concentra el mayor número de países hispanohablantes, sino porque, además, el español es ya la segunda lengua en Estados Unidos.

Así un cubano diría socio; un español colega y un peruano pata para referirse a un amigo. En cuanto al trabajo, el español diría que va al curro, el cubano a la pincha y el peruano a la chamba. Pijo en España, sifirno en Venezuela o súticos en la Argentina son términos despectivos para nombrar a los nuevos ricos, lo que, entre nosotros, pudiera hallar su equivalencia en el término maceta. Por influencia del inglés, nosotros decimos pulóver y los españoles jersey; nuestra patineta es para ellos monopatín y nuestra suiza, comba.

Los americanos llamamos concreto al hormigón y el término ausentista en España, se mantiene como absentista; nosotros hablamos de un documento adjunto enviado mediante el correo electrónico y los puertorriqueños de un anejo. En España se usa aparcar y en la mayoría de los países de Hispanoamérica parquear o estacionar. En Cuba decimos beicon, en la América hispana tocineta y en España panceta. Nuestro maní, voz taína, es llamado en España, Honduras y México cacahuete y en otros países de Hispanoamérica cacahuate. Para nombrar la cerveza, en España usan el recipiente en que se sirve, el material o la forma y emplean vocablos como caña, tubo, tercio, jarra… mientras que en México o Perú se dice chela o la frase chelita para un botellín y en Cuba se pide un lague –de lager– e, incluso, lagarto, lo que, una vez más, pone una chispa de humor al lenguaje.

En fin, muchos más ejemplos pudieran hallarse; ello confirma esa gran diversidad léxica que no entorpece el entendimiento y, por el contrario, enriquece la lengua que hablamos.                               

 


María Luisa García Moreno

 
María Luisa García Moreno