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Publicado el 14 Febrero, 2017 por ACN en ¿Sabías?
 
 

Nadie escapa a las flechas de Cupido

Foto: Juventud Rebelde

Por Maritza Padilla Valdés

En la antigua Roma se adoraba a Eros, dios del amor griego, a quien nombraron después Cupido, y fue representado por un niño alado con ojos vendados armado de un arco y flechas, que según la mitología viajaba por el mundo disparando sus dardos y los tocados no escapaban a ese sentimiento.

Todo parece indicar que las saetas de Cupido, cuyo apodo significa deseo vehemente, tocaron bien fuerte a la cotorra, ave aborigen de Cuba, con llamativos colores y facultades parlantes, a tal punto que cuando encuentran su pareja, la unión es para toda la vida al “jurarse” amor eterno.

Llega a ser tan fuerte ese vínculo afectivo, que cuando uno muere el otro fallece de tristeza generalmente o queda sumido por siempre en ese estado angustioso.

Esa peculiaridad, desconocida para muchos, es otra de las cualidades que adornan a la caica, como la reconocían los indios.

Pero esa pasión no solo se la prodigan a su pareja, sino también a su criador, en el caso de convivir en hogares como una parlanchina mascota.

Según el testimonio de un amigo, el ejemplar a cargo de su padre, ya fallecido, solía acariciarlo suavemente con su pico y por las noches, al disfrutar de la televisión, se posaba en su hombro hasta la hora del descanso, que lo hacía en la jaula situada en su propia alcoba.

Cuenta la familia que cuando su dueño enfermó, se le veía triste e inapetente y al morir, el animalito dejó de alimentarse para perecer días después.

Con dos dedos hacia adelante y dos hacia atrás se posan sobre las ramas, en tanto en abril comienzan a poner sus primeros huevos y para ello aprovechan los huecos en los árboles, trabajo adelantado por los pájaros carpinteros.

Obra de Cupido o de la naturaleza, en el día de San Valentín un reconocimiento a esa entrañable amiga del hombre, capaz de, quizás sin saberlo, experimentar ese puro estremecimiento llamado amor. (ACN)


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