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Publicado el 10 Abril, 2017 por ACN en ¿Sabías?
 
 

La orina, ¿el agua de la vida?

En el siglo XIX y en distintos países durante la Edad Media la orina se comercializaba como detergente para lavar la ropa y blanquearla, conjugada con cal y cenizas para acentuar sus posibilidades.

diarioveloz.com

Maritza Padilla Valdés

Toda una interminable gama de detergentes existentes en los mercados del mundo, por su fragancia constituye un indicio a favor de las cualidades higiénicas y de limpieza del producto y cuesta creer que en la antigüedad su uso fuera sustituido por un desecho, tan increíble como la orina humana.

  Múltiples documentos digitales consultados, coinciden en afirmar que ese líquido expulsado por el cuerpo, en épocas pasadas cotidianamente era recogido y guardado en vasijas, para ser utilizado después en las lavanderías en pos de blanquear las prendas, debido a la gran concentración de amoniaco poseído.

  Pero más extraño y hasta repulsivo resulta la costumbre que tenían los romanos, de usarlo para la higiene bucal, por lo cual era guardado y almacenado, y a los días se enjuagaban la boca con la sustancia, devenida dentífrico.  

  En el libro “Evaluación microbiana de riesgos a la salud asociados al uso de orina humana separada desde la fuente” publicado por una investigadora del Instituto sueco para el control de enfermedades infecciosas, se expone que el empleo más corriente apunta hacia la fertilización de los cultivos.

  En Japón con esos fines se introdujo en el siglo XII y en China desde hace milenios, en tanto en Suecia se organizaban colectas y se desarrollaron técnicas para su tratamiento desde el siglo XVIII.

  En el siglo XIX y en distintos países durante la Edad Media la orina se comercializaba como detergente para lavar la ropa y blanquearla, conjugada con cal y cenizas para acentuar sus posibilidades.

  La blancura de las lanas y los linos de senadores, emperadores, reyes, nobles y caballeros procedía de los orines de los pobres que luego perfumaban con esencias florales y otro destino muy corriente fue en el curtido de pieles.  

  Para los chinos, la orina de los niños trascendía de manera terapéutica y con ella les solían lavar la cara a los bebés para proteger su piel, entre los franceses era común empapar unos calcetines y ponérselos al cuello para curar la faringitis y se sabe de una mujer aristócrata que en el siglo XVII se daba baños de orina para embellecer su piel.

  Sitios digitales añaden que los aztecas por su parte, la destinaban para limpiar heridas con el fin de prevenir infecciones o como bebida para curar problemas estomacales e intestinales.

  Además se creía que beberla estimulaba la circulación y aún hay quienes aseguran que es efectiva para tratar el acné.

  Aunque en algunas latitudes investigan el efecto de sus componentes por separado, científicamente el tema es controvertido y si es o no la orina humana el agua de la vida, continúa generando criterios compartidos.      


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