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Publicado el 24 Abril, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en ¿Sabías?
 
 

Lenguaje: Suma de memorias

 

(es.images.search.yahoo.com)

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

No le cabía en la cabeza que para designar algo tan enmarañado como “reno macho domesticado en tercer año y en la primera temporada de apareamiento” fuera suficiente usar el vocablo döngür, si quería hacerse entender con su guía siberiano experto empírico en esos mamíferos. Con paciencia, el anciano se lo explicó al científico extranjero, diciéndole que el idioma ruso es más complicado que su lengua, el tofa, en el cual las palabras suelen describir un amplio espectro de las cosas y sus interrelaciones.

En Siberia hay un frío pavoroso de 50 grados bajo cero, que, de subestimarse, puede llevar a la muerte. Los habitantes de la zona, una de las más gélidas del planeta, aprendieron a protegerse el cuerpo, aunque infortunadamente no supieron –o no pudieron– preservar ni las costumbres locales, ni las lenguas autóctonas, tras el arrollador paso de la cultura rusa, la que, como es lógico, introdujo también su idioma. Es así que el tofa va quedando poco a poco “congelado” y ya sin posibilidades de rescate. Se trata de una derivación del turco, que, al carecer de alfabeto y transmitirse por tradición oral, ha ido cayendo en desuso. Según estudios recientes, solo es hablado por 25 personas. Todo un verdadero desastre; sin embargo, esta desaparición no es la única de su tipo.

De acuerdo con la Unesco, en la actualidad hay unas 6 800 lenguas en el planeta; la mitad son utilizadas por comunidades menores de 2 500 personas. Peter Ladefoged, lingüista e investigador de la Asociación Estadounidense para el Progreso de la Ciencia, asegura que el 40 por ciento de las lenguas desaparecerán para fines de este siglo. Para perdurar, una lengua necesita por lo menos cien mil hablantes. Algunas se pierden, a medida que un idioma dominante, impuesto desde la escuela o la televisión, se cuela en cada resquicio de la cotidianidad. Al morir su último hablante, la lengua sucumbe: en Australia, en la Amazonía o en Siberia.

“Más de la mitad de los idiomas carecen de escritura, condicionando su irremediable olvido. No dejan atrás ningún diccionario, ningún texto, ningún registro del conocimiento acumulado. Y la historia de una cultura se desvanece”, confirmó a la prensa David Harrison, profesor de lingüística del Swarthmore College.

Determinar la etapa exacta del surgimiento del lenguaje, como vehículo de comunicación que utiliza distintos medios, sigue siendo uno de los problemas centrales del desarrollo humano todavía en estudio, y diversos científicos, entre ellos los lingüistas, plantean diferentes hipótesis. De manera muy simplificada, se podría decir que para el investigador Noam Chomski el lenguaje articulado aparece gracias a la gran complejidad alcanzada por el cerebro. Otros también sostienen que unida a esta condición, el Homo sapiens, como fruto del proceso evolutivo, antes de hablar debió adoptar diferentes rasgos físicos; como el de ser bípedo, con lo cual se modificaron los sistemas respiratorio y fónico, y un incremento del volumen del cerebro junto a un cambio en la conformación de ese órgano.

El lenguaje es por tanto un objeto complejo, con sonidos, gestos, conceptos, léxico y gramática relacionados. Es también la facultad humana de expresar pensamientos y emociones. Por qué y cuándo empezamos a hablar sigue siendo un misterio, pero tal vez esta respuesta esté más cercana en el tiempo que aquella indicativa de si la humanidad tuvo, en sus albores, un lenguaje universal.

¿Hablando un mismo idioma?

Se prevé que el idioma chino se convierta en una de las lenguas más habladas del mundo, no solo dentro de China. (aprendiendoidioma.net)

La probabilidad de haber tenido un código común para clasificar los objetos y la realidad se deriva de la teoría de que la especie humana comparte un mismo origen. Esta teoría monogenética del lenguaje fue propuesta en 1905 y 1915 por los lingüistas Alfredo Trombetti (Italia) y Nikolai Marr (Rusia), respectivamente.

Desde 2001, la Universidad de Santa Fe en California, con la colaboración de lingüistas de diversas naciones, lleva a cabo un ambicioso proyecto denominado Evolución de las Lenguas Humanas, el cual elabora una base de datos etimológicos de todas las lenguas del mundo con el propósito de descubrir si hubo un famoso “protolenguaje” originario, común a todos los idiomas actuales.

Quizás tal decir colectivo nunca haya existido, como nunca se ha podido descubrir en la naturaleza un patrón matemático universal. Con la diferencia de que este último es “espontáneo” derivado de las relaciones físicas del espacio-tiempo, mientras que el lenguaje es en lo fundamental fruto de la cultura. El primer objetivo del proyecto es clasificar minuciosamente la totalidad de las lenguas en el planeta, organizándolas dentro de un árbol genealógico dividido en 12 ramas principales, que representen las macrofamilias o supergrupos lingüísticos. Tarea sin dudas paciente y laboriosa que durará unos cuantos años.

Luego, por medio del método comparativo, se registran aquellas interconexiones de las macrofamilias, que en sus semejanzas se acerquen al protolenguaje único. En lo que va de dicha investigación –hasta 2015– se ha descubierto que, incluso lenguas aparentemente muy diferentes entre sí, sin nada en común, examinadas en sus correspondientes protolenguajes traslucen numerosos lazos comunes. Con el estudio de varias de ellas de un mismo linaje, y remontándose a la probable raíz originaria, se ha sabido que, por ejemplo, en las hablas euroasiáticas, afroasiáticas y amerindias, se ha llegado a sopesar la raíz AKWA como protopalabra de donde se deriva el término español “agua”.

En busca del idioma más antiguo

El farsi está considerado uno de los idiomas más anti-guos. (es.images.search.yahoo.com)

Como toda rama científica dinámica, la lingüística tiene mucho de arqueología, pues a medida que se generan nuevos descubrimientos se avanza un peldaño más en el conocimiento, unas veces para confirmar una hipótesis, otras para superarla. De modo que no existe aún consenso en determinar cuál es en el mundo el idioma más viejo, entendiéndolo como un sistema de comunicación verbal propio de una comunidad humana, identificativa de un país, aunque pueda darse el caso de que en una misma nación se utilice más de uno, como es el caso de Bolivia, Suiza, Guatemala o Canadá.

Algunos consideran que el idioma “abuelo” es el tamil, de la India, Sri Lanka, Singapur y otros países del océano Índico, por su inalterabilidad de origen, y lo ubican entre los últimos lenguajes clásicos todavía en uso. Por otra parte están aquellos que se inclinan por el albanés, perteneciente a una rama totalmente distinta de las lenguas indoeuropeas sin ningún trato con otras conocidas.

Están quienes se inclinan por el hebreo, lengua semítica, que cayó en desuso hace siglos, y ahora se revitaliza en Israel con la pretendida simulación de que este siempre fue el pueblo elegido de Dios en tierras de Palestina, para poder perpetuarse en lo político, económico y militar en contra de los árabes, quienes también tienen un idioma legendario. Les siguen aquellos que le ciñen la corona de longevidad al farsi, de origen indoasirio y hablado por los persas, y actualmente en Irán, Kazajistán, Rusia, Azerbaiyán o Tayikistán.

Hay quienes le atribuyen al islandés un alto grado de conservación, y llegan a decir que ese idioma es muy parecido al que utilizaban los vikingos. Perteneciente a las lenguas germánicas y al subgrupo de escandinavas occidentales, se presume que no ha recibido influencias de pueblos invasores desde 1200.

Intentar completar una lista con los más añejos sería invariablemente un ejercicio impreciso por cuanto se trataría de los idiomas conservados hasta nuestros días a partir de la escritura, con lo que muchísimas lenguas quedarían excluidas.

Al ser el idioma un ente vivo, en desarrollo, una suma de memorias, hace que se vaya alterando su condición de antigüedad. Por eso es casi imposible decir que una lengua es realmente más antigua que otra, ya que la evolución lingüística se parece a la evolución biológica y por tanto se van desarrollando nuevas lenguas a partir de otras más antiguas sin punto de ruptura.

 


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda