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Publicado el 31 Mayo, 2017 por Redacción Digital en ¿Sabías?
 
 

Un viejo oficio: alquilarse para pagar promesas ajenas

Camina sin cámara de fotos y con el móvil desconectado. Sigue senderos alejados de las carreteras, parando en casas que le quieran dar cobijo.
Carlos Gil, peregrino de alquiler . (Foto: abc.es)

Carlos Gil, peregrino de alquiler . (Foto: abc.es)

“Si hizo una promesa y no puede cumplirla, Carlos Gil caminará por usted a Fátima. Peregrinación, 2.500 euros; oración del rosario, 250 euros; ofrenda de una vela, 25 euros. Llámeme”.

Son muchos los peregrinos que emprenden su viaje para hacer sus plegarias en Fátima. Recorren muchos kilómetros en busca de peticiones o perdón. Pero, también hay quien se ofrece a llevar esas plegarias en su lugar a cambio de dinero, si uno no puede o quiere emprender ese largo camino. Se trata de los peregrinos de alquiler.

El portugués Carlos Gil es uno de ellos. En su página web explica sus tarifas por ejercer como peregrino de alquiler: 2.500 euros por hacer el camino desde Lisboa a Fátima, 250 euros por rezar el Rosario y 25 euros por encender una vela.

Nacido en Angola hace 52 años, Gil se ganaba la vida como agente inmobiliario en Cascais. “Llegué a tener 42 vendedores a mi cargo, pero aguanté un año. El desgaste personal era excesivo y tampoco sirvo para liderar nada. La empresa actual me da flexibilidad para mis peregrinaciones”. Tres veces al año camina de Lisboa a Fátima (128 kilómetros) para cumplir las promesas de otras personas.

“No se acumulan promesas, cada peregrinación es para cumplir el deseo de una persona; en el caso de rosarios y velas, sí. Yo no voy de turista ni de mendigo, ni oyendo música; voy entregado absolutamente a Dios, rezando, solo, con mis pensamientos, que escribo en un breve diario que al final envío a mi cliente”.

Gil camina sin cámara de fotos y con el móvil desconectado. Sigue senderos alejados de las carreteras, parando en casas que le quieran dar cobijo. “Aún hoy se mantiene la tradición de que acoger al peregrino es un acto de misericordia. Llevo dinero en el bolsillo, pero a menudo salgo con 200 euros y regreso con 175”.

Sus servicios se contratan en su web «peregrinoorg», y tras firmar un contrato el cliente realiza la transferencia bancaria.

Sus servicios se contratan en su web «peregrinoorg», y tras firmar un contrato el cliente realiza la transferencia bancaria. (Foto: Internacional en EL PAÍS)

Sus servicios se contratan en su web «peregrinoorg», y tras firmar un contrato el cliente realiza la transferencia bancaria. Entonces, recorre 200km y como prueba de su viaje le entrega un certificado con los sellos de las paradas del peregrino. Así, realiza este trayecto entre dos y tres veces al año, uno por persona.

En Internet se encuentran docenas de ofertas a precios más económicos que las de Gil. “No voy a entrar en guerra de precios ni de garantías”. No promete, como las nuevas ofertas, seguimientos online con GPS o Google Maps para garantizar el cumplimiento de la peregrinación. “No doy garantía ninguna; es una mera relación de fe. Me telefonean, hablamos y, si creen en mí, me hacen la transferencia bancaria y comienza la relación. Les mando un recibo y yo lo declaro a Hacienda, no hay nada oscuro”.

La idea se le ocurrió en 2001. Su intención fue la de «recuperar una tradición de la Edad Media», donde los nobles pagaban a los peregrinos para que llevaran sus plegarias por falta de tiempo o carecer de forma física. Gil señala que en Portugal este tipo de negocio no tiene mucha competencia, mientras que en Alemania es un servicio bastante común.

Es cierto que el pago a terceros para cumplir promesas era práctica habitual en la Edad Media, pero hoy la Iglesia  no lo aprueba. Con ocasión del centenario de Fátima,   el obispo de la región reprobó “la transformación de la devoción
religiosa y de las expresiones de fe en productos comerciales y su aprovechamiento lucrativo”.

Gil considera que «no se trata de hacer negocio, si no de estar al servicio de otros», como indicó en declaraciones a la prensa. Además, confiesa que «soy católico, pero si hubiera nacido en Arabia Saudí sería musulmán y haría las peregrinaciones a La Meca».

“Estoy de acuerdo con la Iglesia, pero el mundo de las pasiones va más allá del de la lógica”, dice Gil. “Cuando me llaman, yo les digo que hablen antes con el párroco de su iglesia, después con su familia; lo mío es un servicio alternativo cuando los otros no han funcionado”.

En sus 16 años de peregrinaje las demandas han variado mucho. “El primer cambio es en mí mismo. Ya no me defiendo tanto, no me importa que crean que estoy loco; el segundo es el demandante, que no es solo católico, el espectro es mucho más amplio, creo que tiene más que ver con eso del coaching, con la reafirmación personal, con el compromiso. A mí me da igual
por lo que sea, no discrimino; no quiero escuchar sus razones; no soy quién para juzgar si el motivo de la promesa es bueno o malo. La selección es por el orden que llega la transferencia bancaria”.

Aparte de Fátima, le ha tocado ir a Santiago de Compostela, a Machu Pichu   y al santuario angoleño de Muxima. “Allí fui en plena guerra civil. Cogí el avión a Luanda y, antes de iniciar la ruta, llamé a mi cliente para informarle de que estaba ya en marcha, y él me dijo que si estaba loco, que abandonara, que me iban a matar. Pagué todos los peajes, comisiones y sobornos que me iban pidiendo, pero llegué al santuario de Muxima y cumplí la promesa”. Su próxima peregrinación es en Brasil, “160 kilómetros de São Paulo a Nuestra Señora da Aparecida. Voy a cumplir la promesa de un portugués que vivió mucho tiempo en Brasil. En este caso la tarifa es muy diferente”.

Católico practicante, ayuda en la catequesis de su iglesia, en el coro y en las fiestas de la comunidad. En casa no tiene televisión ni radio ni música ni periódicos. “Es mi forma de comprender el mundo. No quiero verlo por los ojos y los oídos de otros. Sé que la gente llora con las imágenes de Siria en la televisión; yo lloro por lo que le ocurra a mi vecina”. (Con información de AFP, ABC y El País)


Redacción Digital

 
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