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Publicado el 21 Octubre, 2017 por ACN en ¿Sabías?
 
 

Matar la inocencia, ¿secuela de la modernidad?

Actualmente se hace cada vez más frecuente encontrar pequeñas que apenas alcanzan los cinco años de edad y ya su vestuario nada tiene que envidiar a una súper modelo, situación que debería preocupar a los padres por tratarse de una tendencia poco halagadora en la educación formal y futura de sus niñas
Avivar la llama de la inocencia.

En varios países han creado centros de belleza conocidos como Princelandias, salones que se encargan de ayudar a cumplir los sueños de “crecimiento” de las pequeñas a través del uso del maquillaje y la peluquería. (Foto: media.diarioveloz.com).

Por CLAUDIA PATRICIA DOMÍNGUEZ DEL RÍO

Iluminaciones, uñas de acrílico, zapatos de tacón y pestañas postizas hasta hace una década constituían una ilusión reservada exclusivamente para las quinceañeras que esperaban con ansias el día de  la transformación de niña a mujer a la usanza de las películas de princesas de Disney.

Sin embargo, actualmente se hace cada vez más frecuente encontrar pequeñas que apenas alcanzan los cinco años de edad y ya su vestuario nada tiene que envidiar a una súper modelo, situación que debería preocupar a los padres por tratarse de una tendencia poco halagadora en la educación formal y futura de sus niñas.

“Hipersexualización de la infancia” es el término que desde la ciencia conceptualiza este fenómeno que preocupa a muchos investigadores en el mundo y que trae como consecuencia directa el tránsito precoz de la niñez a la adolescencia.

Hoy es común encontrar fotos y vídeos con cientos de seguidores en las redes sociales que promueven las “cualidades” de estos infantes cuando mueven las caderas al compás de la música, adoptan posturas de revistas de modas u ofrecen consejos de maquillaje.

“Simpáticos”, suele ser el adjetivo que utilizan los adultos para calificar esas conductas, inconscientes tal vez de que la banalidad que hoy siembran a través de estas posturas solo les permitirá cosechar mañana  personas de baja autoestima y fácilmente manipulables de acuerdo con el criterio de los especialistas en el tema.

Una vez que los infantes adoptan el rol estético que significa ser hombres y mujeres, crecen viendo como algo natural el culto al cuerpo y cuando no se alcanzan las expectativas que desean, pueden aparecer entonces las depresiones, los complejos y los problemas alimenticios que repercuten en su salud física y emocional.

Es así como muchas familias de gran poder adquisitivo o sin él, se dejan arrastrar por las imposiciones de la “moda” y terminan grabando en más de una instantánea el momento exacto en el que quedó hipotecada la inocencia de sus hijos.

A esto se suma la creación en varios países de centros de belleza conocidos como Princelandias, salones que se encargan de ayudar a cumplir los sueños de “crecimiento” de las infantes a través del uso del maquillaje y la peluquería.

José Martí en una de sus tantas sentencias nos enseñó que “quien tiene mucho afuera tiene poco adentro…quién siente su belleza, la belleza interior, no busca afuera belleza prestada: se sabe hermosa, y la belleza echa luz”.

Depende de los padres de hoy que esa luz no se marchite, eduquemos a nuestros hijos en el amor y la aceptación, pero sobre todo, no dejemos que se apague la llama de la inocencia. (ACN).


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