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Publicado el 28 Noviembre, 2017 por ACN en ¿Sabías?
 
 

¿Se nos rompió el amor?

Con el nuevo milenio algunos conceptos han cambiado y una considerable cantidad de jóvenes y en ocasiones adultos, no quieren renunciar a su soltería, sin embargo desean estar con alguien para compartir, pero sin que robe su libertad, su capacidad de decidir por sí mismos
¿Se nos rompió el amor?

Ninguno de los miembros de este tipo de parejas se puede disgustar cuando el otro le diga que tal o cual día quiere estar sin compañía y disfrutar solo su privacidad. (Foto: cdn2.salud180.com).

Por MARÍA ELENA BALÁN SAINZ

La vida en pareja a veces está regida por códigos heredados de padres y abuelos, de lo que la sociedad impone con sus normas de moralidad y ética, y surgen férreas ataduras que en un momento determinado no se aguantan más y se rompen.

Con el nuevo milenio algunos conceptos en las parejas han cambiado y muchos jóvenes y en ocasiones adultos no quieren renunciar a su soltería, sin embargo desean estar con alguien para compartir, pero sin que robe su libertad, su capacidad de decidir por sí mismos.

Desean mantener el derecho a tener amigos, a salir sin su pareja, a no compartir su contraseña en el móvil, a vestirse como les gusta sin recibir reprobación, en fin, que no desean ser controlados.

En la actualidad se aprecian ciertos acomodos o tendencias, como la de no vivir bajo el mismo techo, estar juntos en determinadas ocasiones, sin un compromiso que reste la independencia.

Es como un noviazgo que alarga la ilusión de los encuentros. Siempre aparecerá un detalle para que la relación mantenga su viveza y habrá que cuidar por alimentar la pasión, el interés, sin caer en la perniciosa rutina.

De ahí que a muchos les cueste pensar en un compromiso oficializado, y optan por tener uno sin papeles firmados para poder amar, como eternos novios o amantes, dándose el uno al otro, bajo el precepto de ser a la vez independientes.

Quienes mantienen este tipo de unión se sienten en total libertad  decirle a su pareja, con gran naturalidad y sin mentiras, que ese día quieren estar sin compañía, disfrutar de la soledad para escuchar música, descansar, ver una película o irse a un gimnasio, de compras o a dar un paseo.

Desde el inicio se establecieron esas pautas en la relación, por eso no sorprenderá ni provocará un enfado, una bronca, decirle que ese día no desea estar juntos.

Por supuesto que quienes asuman este tipo de compromiso deberán velar por mantener un equilibrio emocional, algo imprescindible para que no caduquen el deseo, la pasión, la pretensión de dar y recibir.

Habrá que tener presente el precepto de: “Ni poco, ni demasiado, todo es cuestión de medida”. Porque no se debe atosigar, pero tampoco despreocuparse de la pareja, dejarla hacer, no preocuparse por hacerse sentir de alguna manera. Hay que tener muy buen tino para alcanzar la medida adecuada, la que satisfaga.

La mujer en ese caso no será un complemento del hombre, sino una amiga, una amante, una compañera con quien divertirse, hacer el amor, viajar, pasear, mantener una ilusión que se alimenta a partir de la rutina, pero no de la rutina perniciosa que mata y no alimenta la relación, sino de aquella que por su espontaneidad reserva sorpresas, complicidades asumidas con gusto.

Dentro de la irracionalidad que plantea el amor, este tipo de parejas plantean que desean ser un tanto racionales con el fin de no perder el espacio individual al que se tiene derecho, la libertad de compartir con amigos, la elección a estar en soledad cuando se necesite para meditar, descansar, sentirse dueño del espacio.

Pero a la vez quieren contar con su media naranja, con esa persona elegida, con la cual logran estar a gusto, sin perder las prerrogativas de libertad, lo cual se va imponiendo ya como una tendencia de estos tiempos en la convivencia. (ACN).


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