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Publicado el 13 Diciembre, 2018 por Redacción Digital en ¿Sabías?
 
 

Bebés bajo demanda

El negocio de los vientres de alquiler (+videos)

La maternidad subrogada es en realidad una nueva forma de explotación que esconde bajo un eufemismo la rentabilidad del mercado de los embarazos. Aquí te lo contamos
Vientres de alquiler/ (Foto: Hipertextual)

(Foto: Hipertextual)

Elisa Anna Gómez era madre soltera de dos niñas cuando decidió, instigada por sus problemas económicos, convertirse en gestantepara una pareja de homosexuales en 2006. Antes de iniciar el tratamiento, ambas partes acordaron que Elisa recibiría 8.000 dólares y que ella sería siempre la madre del bebé. Sin embargo, tras el parto la pareja se marchó con la pequeña y dejó de tener contacto con Elisa, quien solo entonces comprendió las implicaciones reales de la gestación para terceros.

Tras este duro golpe, Elisa inició una batalla judicial para recuperar a su hija. Pero la justicia únicamente la definió como donante de material genético y no como madre, siendo obligada a pagar la manutención de la niña sin poder recuperarla. Tras recurrir esta decisión, la justicia obligó a Elisa a realizarse ocho evaluaciones psicológicas, que la declararon en “perfectas condiciones mentales, aunque muy afectada por la sustracción de su hija”. Aún así, la justicia falló una vez más en su contra, sentenciando que la pequeña debía permanecer con la pareja.

 “Que la mujer aprenda en silencio y con toda sujeción, pues no permito que la mujer enseñe ni ejerza dominio sobre el hombre, sino que guarde silencio. Porque primero fue formado Adán, y después Eva; y el engañado no fue Adán, sino que la mujer, al ser engañada, incurrió en transgresión”. Timoteo 2:11-14

El contrato social sobre el que se han construido las instituciones del capitalismo contempla la subordinación de la mujer como un requisito necesario para el desarrollo de la sociedad tal y como la conocemos en la actualidad. Las mujeres, consideradas seres inferiores, fueron relegadas al ámbito doméstico, obviándose de forma intencionada la importancia de la reproducción y los cuidados en el correcto funcionamiento y desarrollo del sistema capitalista. Y de aquellos polvos, estos lodos. Esa subalternidad femenina, que continúa presente, se hace hoy especialmente palmaria al hablar de los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres.

Casos como el de Elisa sirven para ilustrar cómo los mecanismos de coacción social repercuten con mayor fiereza en las mujeres, especialmente aquellas con pocos recursos y oportunidades. Pero también muestran la manera en la que los vientres de alquiler afectan a la vida de las que se ven abocadas a vender su cuerpo para salir adelante. Muchas voces intentan blanquear con discursos reduccionistas una práctica que supone una grave vulneración de los derechos de mujeres y niños. Sin embargo, quienes abogan por su prohibición parecen tener en cuenta las implicaciones de una realidad que va más allá de aquellos que pretenden imponer su propio concepto de maternidad. En aras de tomar una posición fundamentada sobre este asunto, se hace necesario conocer los detalles de una cuestión ante la que no debemos permanecer ajenos.

Situación en España

Para empezar, esta práctica en España ya se encuentra regulada. La Ley de Técnicas de Reproducción Humana Asistida de 2006 declara nulo el contrato mediante el cual se acuerde una maternidad por subrogación. Sin embargo, el artículo 10.3 de esta misma ley permite reconocer a los niños nacidos por esta práctica en el extranjero, una cuestión que se ha regulado posteriormente, no a través de una ley, sino por medio de una norma de rango reglamentario.

Lo explica fácilmente Octavio Salazar, catedrático de Derecho Constitucional y experto en igualdad de género y nuevas masculinidades: “Por un lado, tienes la Ley de Técnicas de Reproducción Humana Asistida, que te dice que los contratos son nulos. Por otro, tienes una instrucción de la Dirección General de los Registros del Notariado, que es un órgano puramente administrativo que depende del gobierno, (…) que de alguna manera obliga a reconocer la filiación de los niños que han nacido en otro país a través de esta práctica”. Esta falta de claridad jurídica, que el mismo Salazar define como una “perversa paradoja”, suscita un amplio abanico de interpretaciones.

Tal y como afirma Marcos Jornet, presidente de la asociación Son Nuestros Hijos, “no hay ninguna norma en nuestro ordenamiento que impida a las familias españolas recurrir a la gestación subrogada en el extranjero allá donde esté regulada y, por supuesto, no hay ninguna norma que lo sancione”. Una circunstancia que se deriva del caos jurídico actual relativo a esta materia y que muchos defensores de su legalización utilizan para darle legitimidad. Pablo de Lora, profesor de Filosofía del Derecho en la UAM, sostiene que “de esta no prohibición se deduce que el Derecho español vigente en esta materia no ha incorporado reproche moral o social alguno a la contratación de una gestante sustituta”.

El derecho establece los límites de la convivencia social

A este respecto, Salazar nos alumbra nuevamente: “Desde el punto de vista jurídico, cuando tú prohibes algo, vinculada a esa prohibición hay una sanción o incluso una norma penal. (…) Cuando se establecen en las normas prohibiciones, y correspondientes sanciones, el derecho lanza también un mensaje moral en relación a qué es lo que la sociedad considera bueno o malo, positivo o negativo, justo o injusto”. Sin embargo, como hemos visto, en este tipo de contratos únicamente se establece la nulidad de sus efectos. Una situación que permite que los españoles lleven a cabo en el extranjero contratos sin efecto en su país, y que favorece los fraudes de ley al darles validez una vez celebrados.

Este marco contradictorio es aprovechado por numerosas plataformas y foros como una oportunidad para fomentar el negocio de la subrogación en el extranjero. Un claro ejemplo se encuentra en la comunidad Babygest, autodenominada líder en gestación subrogada en España. La web ofrece consejos e información sobre dónde y cómo llevar a cabo esta práctica, desde infografías a presupuestos personalizados, y cuenta con una amplia red de agencias en varios países con las que se ofrecen a poner en contacto a los interesados. Conscientes de que se trata de una práctica contraria al derecho español, este tipo de plataformas buscan ser pioneras en lucrarse con un negocio que esperan legalizar tarde o temprano.

Hace unos días, lugares emblemáticos de Madrid o Barcelona se llenaban de propaganda a favor de una práctica que el Parlamento Europeo considera contraria a la dignidad humana, una evidencia más de la insolencia de quienes buscan por todos los medios lucrarse a costa de la deshumanización de mujeres y niños. Estas acciones publicitarias pretenden normalizar un procedimiento desconocido para muchos ciudadanos sin ahondar en sus verdaderas consecuencias y justificar una práctica que condena a miles de mujeres y niños a la mercantilización obviando la importancia que eso tiene.

La propia comunidad Babygest narra el caso de Elisa Anna con el que se inicia el texto, aunque no con el objetivo de señalar los efectos que para una madre tiene la gestación subrogada, sino con el ánimo de culpabilizar a la propia Elisa de las consecuencias de su situación. “Este caso deja claro que la gestante subrogada no estaba preparada para llevar a cabo el proceso de subrogación”.

Pero, la madre… ¿Quién es?

Los contratos de gestación por sustitución, que son la forma en la que se materializan este tipo de prácticas, se establecen con el fin último de garantizar que la mujer que se contrata para gestar un hijo para terceros renuncie a su condición de madre de la futura criatura. Pretendiendo, con esto, romper el vínculo ético y jurídico que establece la filiación natural. Sin embargo, como negar que un niño o niña es de la mujer que lo ha parido puede parecer una declaración ridícula, quienes defienden la validez de este tipo de contratos presentan la gestación por sustitución como una técnica de reproducción asistida, intentando revestirla con una apariencia médica.

Jornet define la gestación por sustitucióncomo “una técnica de reproducción asistida que consiste en que una mujer dona su capacidad de gestar a quien no la tiene”. Es comprensible que el hecho de que esta práctica se encuentre regulada dentro de la Ley de Técnicas de Reproducción Humana Asistida pueda causar cierta confusión en este sentido. Pero, tal y como afirma Salazar, “la ley remite a un apartado final donde aparece una especie de catálogo de cuáles son las técnicas que reconoce el legislador, y en ningún caso ahí se reconoce la gestación subrogada como una técnica de reproducción humana asistida”.

Algo que no podría ser de otra manera, dado que la capacidad biológica de gestar de las mujeres es un hecho, y el embarazo y el parto son realidades materiales, no técnicas. Presentar la subrogación como una técnica de reproducción asistida es una jugada muy peligrosa que disocia a la mujer de su capacidad reproductiva y la deshumaniza con el fin de comerciar con su cuerpo.

“Tú no puede exigir al derecho que convierta en posible lo que es imposible, que es el hecho de que un hombre pueda gestar un hijo”, señala Salazar, “eso es una realidad natural y biológica que el derecho no puede rectificar”. Y así lo contempla el derecho español a través de la premisa mater semper certa est, que establece que la filiación queda determinada por el parto.

(Este artículo lo escribió  y se publicó hoy en Hipertextual)

¿Quieres leer más aquí mismo sobre el tema?

Algunas mujeres cobran más de 10 mil dólares por prestar su vientre a mujeres que no pueden tener hijos, firmando contratos en que los bebés son el producto de un lucrativo negocio.

Quizá después del nacimiento del Universo, el milagro más grande sea el de la gestación de un ser vivo.

Dentro de la raza humana, en la etapa prenatal es donde se desarrolla el primer y más importante vínculo entre la madre y su hijo. Por medio de las palabras, las caricias y sobre todo, los pensamientos que una mujer dedique al hijo que espera en su interior, ella es capaz de enviar información que impactará en la vida futura del bebé de manera positiva o negativa. Todas las alegrías, penas, angustias, miedos y deseos de la mujer también son transmitidos en la formación de la vida que crece en su interior y que actúa como una especie de esponja, absorbiendo gran parte de esa carga emocional. Es aquí cuando el vínculo entre madre e hijo se hace estrecho o se disuelve de manera peligrosa, impactando en los próximos cinco o diez años en la vida de ambos, cuando su convivencia comience, aparentemente, para siempre.

 

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Hay ocasiones en las que las vidas de una madre y su hijo se separan al momento del alumbramiento. No hablamos de la muerte de alguno de ellos o el rapto que sufre el bebé a manos de una banda de secuestradores: nos referimos a la entrega voluntaria de un bebé por parte de su propia madre a una familia interesada en tener un niño para criarlo como si fuera suyo. Un arreglo o negocio que comenzó desde el momento en que el bebé fue concebido y se gestó hasta el final en el vientre de una madre biológica que, a cambio de ello, recibirá una generosa paga por parte de la familia adoptiva; es lo que se conoce como vientre de alquiler.

 

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Florencia Inciarte, coordinadora del programa de útero subrogado de Halitus Instituto Médico, explica que «se trata de una manifestación de voluntades donde una mujer lleva adelante un embarazo para otra persona o pareja. Se aplica como terapia para toda persona / s que deseen tener un hijo y que no tengan posibilidad de llevar adelante el embarazo; por ejemplo, un hombre, dos hombres, o en mujeres por ausencia del útero, por estar afectado o por riesgo de vida para llevar adelante un embarazo».

Esta práctica despierta sentimientos contradictorios. Por un lado se encuentran los que están a favor de que una mujer actúe con total autonomía sobre su cuerpo y la manera en que presta ayuda a quien no puede tener un hijo de manera natural. En el otro espectro se hallan los que ven en ello un negocio que banaliza el embarazo y lo usa como un negocio donde las ganancias son altas. Habría que vigilar de cerca cuáles son las circunstancias bajo las que una mujer ofrece su vientre para gestar una vida. La extrema pobreza y la desesperación provocada ante ello es lo que hace que muchas mujeres tomen la decisión de prestar su vientre para beneficio de parejas deseosas de tener hijos.

 

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Cada vez son más las personas que recurren al negocio de la también llamada maternidad subrogada como un procedimiento para ganar dinero y cumplir el sueño de otros de ser padres. Este proceso se da a través de la fecundación in vitro o la inseminación artificial. Es un procedimiento complejo que incluye varios puntos éticos o emocionales a considerar. En muchas ocasiones, el vientre de alquiler es el de una mujer que pertenece a la misma familia o alguien muy cercano al matrimonio contratante que lo hace de manera altruista. En estos casos, en su mayoría no hay una compensación económica a la mujer que ha prestado su vientre como receptáculo de una futura vida.

 

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Cuando se trata de una mujer involucrada en este negocio que en algunas partes del mundo se ha vuelto una especie de industria “escondida”, los gastos del embarazo, el parto y las complicaciones que puedan derivarse deben ser resueltos por los padres contratantes. Los costos de ello suelen ser elevados.

¿Qué lleva a una pareja (o una mujer) a tomar en cuenta esta opción? Las opciones en la baraja son muy amplias: procesos fallidos de ser padres de manera natural o artificial, y los enredados trámites para obtener la custodia de un huérfano son los más comunes. Otros motivos pueden ser las enfermedades, la edad o las causas genéticas que impiden a una mujer ser madre.

En México el costo de este procedimiento ronda (como mínimo) los 150 mil pesos y no hay ley alguna que prohíba esta práctica. Técnicamente no hay delito en la llamada subrogación de vientres. No se trata de un negocio que se desarrolle de manera secreta: en Internet se pueden encontrar anuncios en redes sociales de mujeres que ofrecen su vientre en alquiler a personas interesadas en ser padres. Una vez que ambas partes se han contactado y han pactado un precio, el siguiente paso a definir es el lugar donde estará la madre de alquiler, si en su propia casa o en la del matrimonio que se hará cargo de todos los gastos.

 

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En medio de este negocio existen casos trágicos en los que las únicas víctimas terminan siendo los niños, el “producto” de este negocio poco atendido por las autoridades. En una nota publicada por el diario Crónica, fechada el 1 de agosto de 2016, se cuenta la historia de una enfermera que fue testigo de un penoso caso registrado en una pequeña clínica de la Ciudad de México que demuestra la urgencia de legislar esta práctica:

«La pareja que había rentado el vientre de una joven mujer siguió todo el procedimiento, pagaron el costo total del tratamiento, cuidaron a la chica a la que alojaron en su casa y cuando nació el niño, vino con síndrome de Down; nadie quiso saber de esa criatura y nadie quería hacerse responsable».

Países como Estados Unidos tienen leyes claras al respecto. Ahí el tema del alquiler de vientres está regulado y permitido. Debido a ello es que muchas personas viajan a este destino para llevar a cabo la subrogación de vientres de manera segura para lograr sus objetivos. Sin embargo, en este territorio han ocurrido casos en los que las madres que prestan el servicio terminan arrepintiéndose en el momento en que dan a luz, dando origen a discusiones y batallas entre los involucrados. De ahí que la principal preocupación de los padres contratantes sea encontrar a alguien que desde un inicio esté dispuesta a cumplir al pie de la letra el “contrato” que ambas partes han establecido.

 

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No es una historia de ciencia ficción: Surrofair fue un evento llevado a cabo en Madrid, España, en mayo de 2016, como una especie de “feria de vientres de alquiler”, celebrada en el hotel Weare Chamartí. Cientos de parejas acudieron con la idea de obtener un niño a la carta: rubio, ojos azules, perteneciente a una raza que no es la de los padres que lo van a cuidar. Es decir, ya no sólo existe la manipulación para que un vientre ajeno al de la madre destinataria procree un bebé, sino que también cabe la posibilidad de alterar su genética para que sea al gusto de los padres.

 

Las empresas ofrecían sus servicios presumiendo su experticia en el campo: exhibían a los interesados un nutrido catálogo de madres de alquiler con su historial clínico, datos personales y el número de veces que habían llevado con éxito sus tareas en la subrogación de vientres. «Las gestantes están totalmente evaluadas psicológicamente, médicamente por nuestros doctores. Incluso se revisan sus antecedentes penales», proclama uno de los informantes de las decenas de clínicas de gestación in vitro que se dieron cita en dicho evento.

 

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Fotografía: The New York Times

 

Este tipo de empresas han estado bajo la atenta mirada del sector feminista que protestan porque las mujeres que forman parte de este catálogo están siendo vendidas o explotadas por industrias científicas que no les garantizan un trato digno. ¿El futuro de la humanidad se encuentra en probetas, vientres de alquiler y elecciones de rasgos faciales por medio de un catálogo? ¿Hasta dónde se derriba la barrera entre la elección de qué es lo correcto hacer con el propio cuerpo y hasta dónde es válido usarlo como herramienta de negocio ante lo más sagrado que hay en el mundo: la vida humana?

Quizá la fertilización in vitro y otras maneras de preservar la vida sean las alternativas del futuro que la humanidad está buscando para no morir y sobrevivir a una posible extinción masiva que condene al planeta tal y como lo conocemos

(Publicación original:.El sucio negocio de alquilar tu vientre para ser millonaria


Redacción Digital

 
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