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Publicado el 15 Marzo, 2019 por Redacción Digital en ¿Sabías?
 
 

Una mutación genética hereditaria

La rara historia del niño que a los dos años entró en la pubertad

Patrick Burleigh padece una extraña mutación genética que lo llevó a experimentar todos los cambios de la pubertad cuando apenas tenía 2 años. Y es que para cuando cumplió tres años, su cuerpo lidiaba con un nivel de testosterona correspondiente a un varón de 14 años.
Patrick Patrick (a la izquierda) junto a un compañero de la misma edad,.a los 13 años / Foto: La Verdad

Patrick Burleigh (a la izquierda) junto a un compañero de la misma edad,.a los 13 años / Foto: La Verdad

Patrick Burleigh nació como cualquier otro niño normal, pero a la edad de 2 años comenzó a crecerle su primer vello púbico, algo que sucede aproximadamente a los 12 años, cuando el cuerpo del hombre entra en la pubertad.

Su familia no se extrañó, pues se trata de una mutación genética hereditaria, no obstante, Patrick tiene una de sus versiones más extrañas, la testotoxicosis, la cual provoca que sus testículos crean que ha llegado al momento de producir testosterona, hormona que desencadena todos los cambios corporales.

La mutación es tan rara, que en realidad se desconoce cuántos casos existen en el mundo (no se estiman más de mil), pero todos los hombres de la familia Burleigh la padecen y se le conoce como pubertad precoz.

Estos significa que Patrick comenzó la pubertad cuando apenas tenía 2 años y ya para los 12 parecía de 16.

 

Patrick Burleigh a los 3 años./ Foto: La Verdad

Patrick Burleigh a los 3 años./ Foto: La Verdad

Y es que para cuando cumplió tres años, su cuerpo lidiaba con un nivel de testosterona correspondiente a un varón de 14 años.

Patrick vivía en Nueva York y su apariencia causaba asombro en el parque de juegos de los niños, en la piscina o cualquier evento infantil. De hecho, tiene incontables recuerdos de momentos en los que lo pasó mal.

“Estaba yendo a clase de natación y mi madre me llevó a los vestuarios femeninos porque yo tenía 4 años pero parecía mucho más mayor. Una mujer nos regañó y empezó a hablar a gritos, avergonzándonos”.

Cuando ocurrían escenas como esta, su madre trataba de explicar a la gente lo que pasaba, pero solían responder con escepticismo.

A fin de cuentas, es “excepcional y raro”.

“Era duro para mí, pero también para ella. Psicológicamente era muy estresante”.

“Mi primer recuerdo es el sentimiento de estar socialmente fuera de lugar , sentirme grande. Porque no era solo el pelo púbico, eran los cambios físicos”, explica Patrick

Su apariencia era la de un adolescente, pero su comportamiento era infantil.

“La gente me veía como un bicho raro”, dice.

Conejillo de indias

Patrick Burleigh (detrás, al centro) con su equipo de béisbol, cuando tenía 5 años./ Foto: La Verdad

Patrick Burleigh (detrás, al centro) con su equipo de béisbol, cuando tenía 5 años./ Foto: La Verdad

Una vez, su madre vio un anuncio en el periódico sobre un análisis médico que estaba buscando pacientes con esta mutación genética para elaborar un estudio en profundidad.

Se convirtió en un conejillo de indias a para los experimentos .

Así es como Patrick empezó a pasar dos semanas cada 6 meses en el hospital.

A cambio recibió el tratamiento gratuito para su dolencia.

“Me hacían todo tipo de exámenes. Me medían los testículos , que era una de las principales variables para determinar mi edad física”, cuenta.

Patrick Burleigh (camiseta de los Mets) a los 5 años en la foto de su clase./ Foto: La Verdad

Patrick Burleigh (camiseta de los Mets) a los 5 años en la foto de su clase./ Foto: La Verdad

“Así que allí estaba yo, tumbado en la cama, con mi madre al lado y con un montón de médicos y enfermeras alrededor que llevaban lo que parecía un llavero con bolas de madera”.

Esas bolas del “llavero” del que se acuerda Patrick eran en realidad un instrumento médico destinado a comparar sus testículos y saber qué tamaño tenían.

Le prescribieron algunos medicamentos para la testotoxicosis y el equipo experimentó con distintos cocteles de ellos.

No dieron con las medicinas y la dosis correcta que necesitaba Patrick hasta que no cumplió 9-10 años.

Fue entonces cuando los síntomas empezaron a ralentizarse.

“Tenía que tomar muchas pastillas y durante mucho tiempo me ponían una inyección en la pierna todas las noches. Si estaba durmiendo en casa de un amigo, mi madre aparecía para ponérmela y se volvía a casa”.

Los problemas en la escuela empezaron pronto. Patrick a menudo se sentía“grande, peludo y con ganas de pelea”. En parte, era su forma de responder al acoso escolar.

“Fui etiquetado como el chico malo de la escuela , lo que es frustrante porque no quería ser ese niño. Nadie quiere”, recuerda.

Después de ser tachado como problemático, Patrick comenzó a comportarse como tal, a fumar cigarrillos cuando tenía 9 años y marihuana un poco más tarde.

O sea, las cosas que haría un adolescente de 16 años, aunque él tenía 7 menos.

Cuando a la edad de 11 años los médicos decidieron retirarle el tratamiento al considerar que su cuerpo estaba al mismo nivel que cualquier otro niño de 17 años, las cosas empeoraron para el.

“Todas las hormonas que había estado retenidas con la medicación, se liberaron de repente y todo el mal comportamiento se acentuó”.

Lamentable experiencia: las drogas

“Empecé a salir con una chica que tenía 17 años. Le dije que tenía 16 y me creyó cuando en realidad no contaba con más de 12”.

Con ella, probó una noche el LSD .

“Me tomé dos pastillas. Una dosis el doble de lo normal. A la mañana siguiente le dije a mis padres que no quería ir al colegio. Todavía estaba alucinando”.

Dado su historial de abandono escolar, sus padres no le creyeron y lo mandaron al colegio.

“Le conté a mis amigos a la hora del almuerzo. Por supuesto, exageré diciendo que había sido fantástico y a uno de ellos se le ocurrió que sería buena idea echárselo en la bebida a alguien sin que se diera cuenta”.

Cuando una de sus compañeras empezó a sentirse mal, a Patrick no le quedó otra salida que confesar.

“Me arrestaron. Me hicieron salir del colegio esposado y me metieron en un coche de policía. Fue un punto de inflexión en mi vida”.

Patrick a los14 años.

Su padre, que también padecía la enfermedad, hablaba poco de ella.

“Su infancia fue muy traumática y no le gustaba hablar de ello. Cuando tenía 5 años y se despertó el deseo sexual que correspondía con el de alguien 10 años más mayor, él podría haberme contado cómo manejar esa situación, pero simplemente, no podía”.

Cuando llegó a la edad de 15 años se dio cuenta de que era igual que otros niños.

Tras todas las dificultades, Patrick se dio cuenta de que podía ser uno más. De que por fin encajaba entre sus iguales.

“Olvidé a los amigos que se drogaban. Comencé a estudiar, a hacer deporte y decidí que quería ir a la universidad”.

“De alguna manera, contar mi historia fue reparador”.

“Empecé a lidiar con esto igual que había hecho mi padre. No le conté a nadie mi enfermedad ni el comportamiento que había tenido. Me avergonzaba de mi pasado y no quería que nadie me juzgara”.

Sin embargo, su etapa adulta le deparó alguna sorpresa.

Pese a temer la misma reacción que en los vestuarios femeninos cuando tenía 4 años, ahora, cuando decidió contarle su historia a su mujer, a sus amigos o en alguna fiesta, recibía muestras de compasión o despertaba interés , pero nadie tuvo una reacción mala o lo avergonzó.

“De alguna manera, contar mi historia fue reparador”.

Patrick consiguió así reconciliarse consigo mismo.

Bueno, la historia es bastante larga, y por momentos triste, pero si llegaste hasta aquí será porque te resultó interesante. Solo faltaría entonces conocer tu opinión, y si desearas compartirla puedes hacerlo aquí mismo.

(En La Verdad: “Cuando tenía 5 años se me despertó el deseo sexual de alguien de 15”)

 


Redacción Digital

 
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