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Publicado el 17 Mayo, 2019 por Sputnik en ¿Sabías?
 
 

Gracias a Facebook y a periodistas

Tras 17 años, dos hermanas ruso-cubanas logran reencontrarse

Elena y María retomaron el contacto el 9 de mayo, justamente cuando se celebra el Día de la Victoria sobre el fascismo. "Hemos estado poniéndonos al día, pero también recuperando mi propia historia. Supe detalles de mi familia que no sabía, de mi bisabuelo que luchó en la Gran Guerra Patria y que hasta hay monumentos y poblados con su nombre"

(Foto: Sputnik)

Elena y María Sobotariova estuvieron 17 años sin saber una de la otra, hasta que pudieron retomar el contacto recientemente, después de que su caso se hiciera público y algunos periodistas de Sputnik consiguieran dar con el paradero de la hermana mayor.

Elena, nacida en Moscú en 1984, es una de los tantos niños ruso-cubanos conocidos como ‘polovinkas’ (mitad), hijos de una época de fuertes lazos entre Cuba y la URSS.

“Mi papá, el cubano Manuel Alonso Toledo, viajó a Moscú a estudiar una especialidad militar y allí conoció a mi madre, rusa, Elena Guenadievna Sobotariova. Ya ella tenía a mi hermana María, de 4 años, y al poco tiempo de la boda nazco yo”, cuenta Elena desde la ciudad de Cárdenas, en la provincia cubana de Matanzas, donde vive.

“Recuerdo poco de mis primeros años en Moscú. Vivíamos en un apartamento pequeño, en la localidad de Mónino. Sí recuerdo mucho a mi abuela, que siempre me complacía. Ella era profesora de niños con dificultades.”

La familia se traslada a Cuba, y allí viven hasta que, a los 14 años, María vuelve a Rusia a pasar un período con la abuela, mientras la pequeña queda en la isla. La temporada se hace eterna cuando la madre muere en un trágico accidente de tránsito.

Después de eso, las niñas mantienen el contacto por un tiempo, y en 2002, María, ya de 24 años, visita a su hermana en la isla y le dice que va casarse. Esa fue la última vez que se vieron.

En más de 17 años de silencio, Elena procuró saber de su hermana por todas las vías a su alcance.

“Intenté contactarla muchas veces a través de amigas de nuestra madre, pero no lo conseguí”, asegura la hermana menor.

Hasta que, con la ampliación de los servicios de internet en la isla, se renuevan las posibilidades y las esperanzas.

 

Con el apoyo de la mejor amiga de la infancia cubana de María, Yare Capey, crean una página de Facebook que pronto se viraliza. Algunos medios empiezan a replicar la historia y así se enteran dos cubanas, periodistas de Sputnik, que se interesan e intentan dar con el paradero en Moscú de la hermana mayor. Tras algunas investigaciones infructuosas, comprenden que la clave está en el apellido: al casarse, María cambió su apellido por el de su esposo, como es costumbre en Rusia.

Una vieja dirección de correo les da nuevas pistas y finalmente logran dar con ella. “Cuando vi su foto no lo podía creer, ¡era ella, estaba viva y bien! Fue una felicidad total, más aún cuando me respondió y me dijo que estaba muy contenta porque yo la encontrara”.

Elena y María retomaron el contacto el 9 de mayo, justamente cuando se celebra el Día de la Victoria sobre el fascismo. “Hemos estado poniéndonos al día, pero también recuperando mi propia historia. Supe detalles de mi familia que no sabía, de mi bisabuelo que luchó en la Gran Guerra Patria y que hasta hay monumentos y poblados con su nombre”.

Elena agradece a todas y cada una de las personas que se interesaron y apoyaron en su búsqueda, en especial a los periodistas de Sputnik, “no solo por encontrarla sino por sus palabras de aliento cuando mi desesperación me aflojaba”, recuerda. “Ahora nuestra alegría se desborda, si existiera un termómetro para medir la felicidad de este encuentro, de seguro ya lo hubiésemos roto”, afirma Elena.


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