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Publicado el 18 Julio, 2019 por Redacción Digital en ¿Sabías?
 
 

Tamaño masculino ¿para qué? lo real y el mito

La marcha erguida exigió profundas transformaciones en el aparato genital femenino y esto, como última consecuencia, provocó el alargamiento del pene.
Mano de hombre/ La Verdad
(Foto: laverdadnoticias.com)

La evolución del andar bípedo, que caracteriza a los humanos, tuvo consecuencias dolorosas para la madre, convirtió al neonato en un consumado contorsionista, y afectó al cuerpo del padre, en principio de manera más venturosa.

En las hembras de los mamíferos la vagina se abre en la parte posterior del cuerpo y se dirige hacia el interior en un plano horizontal algo inclinado hacia abajo. Esto facilita la progresión de los espermatozoides hacia el fondo en dirección al cuello del útero, un pasillo casi horizontal en cuyo final se encuentra el óvulo.

Cuando la hembra de un simio está receptiva y el macho se le aproxima por la espalda, ella levanta sus cuartos traseros y, sin más preámbulos, el macho la monta para comenzar una brevísima cópula. 

Una vez inseminada, la hembra puede deambular sin perder el semen depositado en la vagina: mientras ande a cuatro patas no hay riesgo de que el fluido seminal resbale y se pierda.

Este mecanismo tan universal, común en nuestros antecesores simiescos y cuadrúpedos hace unos siete millones de años, se trastocó con la locomoción bípeda. Para conseguirla, los huesos pélvicos, los músculos y la disposición de las vísceras que ocupan la oquedad pélvica, sufrieron modificaciones importantes.

Veamos los cambios

En la oquedad pélvica del macho solo están alojados la vejiga, la próstata y los intestinos. En la de la hembra, además de esas vísceras (excepto, obviamente, la próstata), se ubica el aparato genital, que aumenta de tamaño durante el embarazo.

Por tanto, mientras que la evolución hacia la marcha erguida no supuso grandes problemas para la anatomía interna del macho, fue un proceso que exigió profundas transformaciones en el aparato genital femenino. Una de ellas fue el desplazamiento de la vagina. Al modificarse la arquitectura de la pelvis, rotó hasta colocarse en la posición actual: abierta hacia delante y dirigida hacia arriba.

Las repercusiones que tuvo en nuestra evolución este hecho aparentemente banal han sido numerosas y han afectado a nuestro comportamiento antes y después de la cópula, y a la estructura del aparato genital masculino.

La marcha erguida exigió profundas transformaciones en el aparato genital femenino y esto, como última consecuencia, provocó el alargamiento del pene.

Veamos las implicaciones que la vagina vertical y el deambular erguido tuvieron para la evolución del macho.

Uno en 40 millones

Si las carreras de los sanfermines (la de toros en España) se le antojan peligrosas, olvídelo. Para hablar de un recorrido verdaderamente tortuoso, y para carrera acongojada, frenética y desesperada, no hay una como la que recorren los espermatozoides humanos para alcanzar su objetivo: fecundar al óvulo. 

Cada vez que un varón normal eyacula, expulsa entre 100 y 400 millones de espermatozoides.

Solo unos pocos privilegiados, luchando contra la fuerza de la gravedad y tras superar varias barreras químicas, físicas y biológicas, serán capaces de acercarse a las proximidades del óvulo. 

Y solo uno de ellos logrará fecundarlo.

Uno frente a 400 millones. La razón para esta desproporción estriba, para empezar, en que en las mujeres la vagina es vertical mientras que el cuello uterino conserva su disposición original en el plano horizontal. 

Esto hace que ambos formen un ángulo casi recto, una abrupta esquina que deberán doblar los afortunados espermatozoides que, además de haber vencido a la fuerza de la gravedad, hayan sobrepasado el casi letal conducto vaginal.

Las comparaciones

El sistema reproductor femenino cuenta con partes estrechas y angostas que impiden que los peores nadadores lleguen al óvulo.

Casi el 90 % de los espermatozoides no lo supera. Esto es debido a que sus fluidos tienen un pH ácido que actúa como espermicida muy eficaz. 

Y algo que se sabe desde muy antiguo: el lavado postcoital con ciertos ácidos débiles como el acético es el fundamento de un viejo y peligroso método anticonceptivo que ya se empleaba en la Grecia clásica.

A continuación, el diezmado pero veloz tropel seminal deberá entrar en el cuello uterino, unas horcas caudinas cuyo dintel está taponado por unas mucosidades pegajosas que atrapan a la inmensa mayoría de ellos. 

Una zona compleja

El resto, los más potentes y resistentes, están ahora en el cuello uterino, donde deben enfrentarse a las defensas inmunológicas que los reconocen como gérmenes extraños y que por lo tanto intentarán aniquilarlos.

Atacados por legiones de leucocitos, la inmensa mayoría sucumbe allí. Apenas un centenar, los más veloces y mejor orientados, logran escabullirse para enfilar la recta final, las trompas de Falopio. En su interior, cómodamente instalado, aguarda el óvulo.

A tal exigencia, tal respuesta. El recorrido del eyaculado es tortuoso. La vagina es vertical. El bipedismo favorece la caída gravitacional del eyaculado. El conducto vaginal está lleno de peligros y forma un ángulo recto con el útero. Conclusión: lo ideal es que el semen acorte camino y sea introducido lo más profundamente posible.

He aquí que, además de por las causas que a todos nos vienen a la mente, las hembras han sido (y son, claro) la causa del alargamiento en tamaño del pene del hombre. 

Aunque en la mayoría de los casos no sea como para tirar cohetes, el tamaño del pene del hombre es extraordinario cuando se compara con el de otros primates. Entre ellos, alégrese hombre, no tenemos rivales.

No es fácil medirlo

Los orangutanes, dotados de un miembro mucho más pequeño, son capaces de dejar en ridículo al hombre en cuanto a posturas sexuales.

Tomemos como ejemplo a nuestros parientes de mayor talla: los gorilas. Por término medio un gorila adulto dominante pesa alrededor de 200 kilos, mientras que su diminuto pene en erección no sobrepasa los cinco centímetros. O sea, un centímetro por cada 40 kilos de masa corporal. 

Vea usted cómo no hay que desanimarse: pésese, mida y compare su peso y su talla. En los tiempos que corren toda alegría es poca.

El tamaño importa

Otra beneficiosa e incomparable consecuencia de la marcha erguida es el orgasmo. Quienes piensen que un pene más grande es capaz de proporcionar más placer a la mujer, al permitir mayores posturas copulatorias, que lo vayan olvidando. 

Los orangutanes, dotados de un miembro mucho más pequeño, son capaces de dejar en ridículo al hombre en cuanto a posturas sexuales. Su cópula dura hasta quince minutos, toda una dulce utopía para el común de los mortales.

Sobre el chico

¿Qué significa para los hombres tener un pene ‘pequeño’, como es el caso del británico Ant Smith? 

Ant Smith organizó un evento para hablar abiertamente sobre el asunto. / Foto: bbc.com
Ant Smith organizó un evento para hablar abiertamente sobre el asunto. / Foto: bbc.com

Ant tiene un pene más pequeño que el promedio de los varones: mide apenas 10 centímetros cuando tiene una erección, y aunque, a sus 48 años, no le cuesta admitirlo —e incluso hablar y escribir sobre ello—, no siempre fue así.

“Es muy difícil señalar el momento concreto en que comencé a preocuparme por el tamaño de mi pen. Era un joven muy tímido y nunca me sentí cómodo en los baños de la escuela”, dice Smith.

Este británico asegura que nunca relacionó su imagen corporal con el tamaño de su miembro viril hasta el final de su adolescencia. Fue cuando un amigo le hizo un comentario jocoso sobre lo pequeño que era, y entonces las preguntas comenzaron a rondar en su cabeza: “¿Tengo un pene pequeño? ¿Qué significa ‘pequeño’?”.

Los parámetros

Según la Revista Británica de Urología (BJU, por sus siglas en inglés), para que un pene se considere ‘pequeño’ debe medir menos de 9.16 centímetros en estado flácido.

Y de acuerdo con el doctor David Veale, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Londres, y autor de un estudio sobre las longitudes del pene, publicado en 2015, el tamaño promedio a nivel mundial de un pene flácido es de 13.12 centímetros, sin tener en cuenta las diferencias raciales.

Según Veale, un 2.28% de la población masculina tiene micropene (menos de 5 centímetros sin erección), lo cual puede ser “devastador para el sentido de masculinidad del varón que lo porta”, dice.

Imagen idealizada

“El sexo va mucho más allá del tamaño del pene”, admite con énfasis un sexólogo.

Pero también admite que existen ‘presiones sociales’ y una ‘imagen idealizada’ del tamaño del pene por parte de la industria pornográfica y por los medios de comunicación”, lo cual lleva a una “visión distorsionada de lo que es normal”.

La manera de afrontarlo, aconseja un experto en la materia, es con “honestidad y franqueza”.

“Dejen de mentir sobre su tamaño, no contribuyan al mito”, sugiere un especialista en el tema. 

(Con información de OMNIA/ Manuel Peinado Lorca, catedrático de la Universidad de Alcalá, Madrid, España, en el Departamento de Ciencias de la Vida/ Lucía Blasco/ Global News/ vanguardia.com.mx/ /laverdadnoticias.com/ bbc.com)


Redacción Digital

 
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