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Publicado el 25 Diciembre, 2020 por Sputnik en ¿Sabías?
 
 

¿Es carajo una mala palabra?

Las palabrotas y su origen casi desconocido

Repasemos el origen de las llamadas malas palabras 'carajo' y 'verga' y su vínculo poco conocido con el mundo marino.
Escultura de marinero que otea el horizonte

Imagen ilustrativa en Spunik

“Vete al carajo no es ninguna grosería”, manifestó cierta vez el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. ¿Son entonces ‘verga’ y ‘carajo’ solo palabras malsonantes o tienen un sentido más ‘elevado’? Repasamos el origen de estas llamadas malas palabras y su vínculo poco conocido con el mundo marino.

“¿Qué define a las malas palabras?”, se preguntó el escritor y humorista gráfico argentino Roberto Fontanarrosa para luego aventurar como respuesta una segunda interrogante: “¿Tienen actitudes reñidas con la moral? Sí, obviamente”.

Así comenzaba su famosa ponencia en la tercera edición del Congreso Internacional de la Lengua Española, en la ciudad argentina de Rosario (centro-este) en 2004. En esa jornada, Fontanarrosa iluminó al público presente sobre las virtudes y curiosidades de palabras de dudoso prestigio como mierda y carajo, entre otros epítetos.

“Hay una palabra maravillosa que es ‘carajo’. Yo tendría que recurrir a mi amigo y conocedor Arturo Pérez Reverte [escritor español, miembro de la Real Academia Española] en cuanto a la navegación, pero tengo entendido que el carajo era el lugar donde se colocaba el vigía en lo alto de los mástiles de los barcos para divisar tierra o lo que fuere. Entonces, mandar a una persona al carajo era estrictamente eso”, explicó Fontanarrosa, 15 años antes de que López Obrador diera una explicación similar sobre la infame expresión.

¿Es carajo una mala palabra?

El origen de la palabra carajo es incierto, señala la Real Academia Española (RAE). Aunque el diccionario de la RAE la define como un nombre malsonante para el “miembro viril”, la palabra es usada en distintas expresiones con significados diversos.

Así, carajo puede ser empleada como una interjección malsonante que expresa “sorpresa, contrariedad”, o bien para indicar que algo importa o vale poco: “Me importa un carajo”.

Por lo tanto, si es una palabra despreciativa, más infeliz aún es la idea de mandar a alguien al carajo.

Según el Diccionario del español de México confeccionado a partir de investigaciones del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México —institución pública mexicana de educación superior—, la expresión irse al carajo o mandar al carajo se define como “dejar de tomar en consideración algo o a alguien y abandonarlo o echarlo lejos de uno: ‘Debieras mandar al carajo a todos los acreedores’, ‘¡Vete mucho al carajo, hijo de la chingada, y no me molestes más!'”.

En agosto de 2019, durante una conferencia de prensa, un periodista preguntó al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, por qué había dicho “¡que se vayan al carajo los ambiciosos vulgares!” en una reunión del partido Morena celebrada el día anterior. Para responder el mandatario se despachó con una historia del origen de la expresión “vete al carajo” que dijo haber encontrado en las redes sociales.

“Hace poco me encontré la definición de ‘el carajo’ o ‘al carajo’ y no es tan fea, tan grosera. Tiene que ver con la navegación, con el mar, con lo marino. A los marineros cuando se portaban mal en los viajes se les mandaba a una especie de canastilla en lo alto, que se conocía como el carajo. Entonces, ‘vete al carajo’ es ‘vas castigado, vete a la canastilla, arriba'”, instruyó López Obrador.

Dada esta explicación, el presidente mexicano se justificó por los dichos señalados por el periodista: “Entonces, lo que dije ayer fue, pues, el que no tiene principios, el que no tiene ideales, el que es un ambicioso vulgar, no debe de dedicarse al noble oficio de la política, se debe de ir al carajo”.

Ahora, el único diccionario que da cuenta del origen náutico de la palabra carajo es el Diccionario náutico abreviado, de autores argentinos. Allí, la definición de la palabra carajo redirige a cofa, la cual refiere a la “meseta colocada horizontalmente en el cuello de un palo para afirmar la obencadura de gavia, y facilitar la maniobra de las velas altas“. También recoge la expresión boca de lobo para nombrar la abertura por la que se puede acceder al carajo o cofa.

No obstante esta versión tan extendida sobre los orígenes del carajo, y asimilada por personalidades como López Obrador o Fontanarrosa, la RAE no recoge el testigo. El único vínculo con lo náutico puede encontrarse, en cambio, en la definición de caraja que ofrece el diccionario académico: “Vela cuadrada que los pescadores de Veracruz largan en un botalón”.

Por lo pronto, parece que carajo seguirá siendo, por el momento, poco más que una mala palabra para la RAE.

¿’Verga’ es una mala palabra?

El uso de la palabra verga no está menos extendido que el de carajo. La palabra proviene del latín, virga, que significa “vara”, precisamente, una de las acepciones que registra el diccionario académico de la RAE. Y aunque la primera acepción de la palabra es “pene”, el diccionario no indica que el término sea una palabra vulgar o malsonante en cuanto refiere al miembro viril, como si sucede con carajo.

La RAE indica que sí se trata de una interjección vulgar en El Salvador, México y Venezuela, países donde se dice verga “para expresar sorpresa, protesta, disgusto o rechazo”. En efecto, el uso de la palabra se considera de mal gusto o vulgar en casi cualquier país de América Latina.

Ahora, a diferencia de carajo, verga tiene un uso en el ámbito náutico, ya que así se nombra a la “percha” en la que se sujeta el grátil de una vela en los veleros o embarcaciones a vela. Esta definición es similar a la que ofrece el Vocabulario marinero de la Armada Española.

Asimismo, según el diccionario de la RAE, se llama verga seca, en una embarcación a vela, a la verga mayor del palo mesana, es decir el palo más cercano a popa. En tanto, vergas en alto se utiliza para expresar que un barco está pronto para navegar.

Así, aunque tanto carajo como verga pueden ser consideradas malas palabras o palabrotas, comparten también un uso en el ámbito marino o náutico. Aunque en la primera es más discutible, para la segunda el uso está claramente registrado en el diccionario de la RAE.


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