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Publicado el 21 Septiembre, 2021 por Victor Manuel Falcón García en ¿Sabías?
 
 

CALZADO DE MADERA

En los pies de Pinocho

Un calzado que ha perdurado a través de siglos, se considera aún hoy como muy seguro y saludable para nuestros pies
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Por VICTOR M. FALCÓN GARCÍA

(Fuente: chicmagazine.com.mx)

(Fuente: chicmagazine.com.mx)

Es difícil imaginar, cómo sería nuestra vida sin esa prenda que nos protege los pies: el zapato. La referencia más antigua conocida alusiva al calzado tiene más de 15 000 años. Se trata de unas pinturas rupestres halladas en una primitiva cueva. De forma esquemática aparecen hombres con una especie de botines y una mujer que lleva algo parecido a unas botas de piel. Por tanto, se puede afirmar que el inventor del calzado fue el hombre prehistórico.

El mismísimo Homero describe a sus héroes griegos calzando lujosas sandalias. Mientras en la antigua Persia se imponía el calzado flexible: las persikai, muy cómodo para mujeres y ancianos. También de aquellos tiempos lejanos son el borceguí, usado en cacerías y viajes; así como las endromides, especie de bota masculina que trenzaba hasta media pierna. En la antigua China, se impuso a la mujer la reducción del tamaño del pie hasta un tercio de su desarrollo natural para conseguir la llamada “flor de loto”, ideal de sensualidad y elegancia. Una barbaridad. Los ciudadanos del imperio romano llevaban sandalias en casa: las solae, o simples suelas de cuero unidas al pie mediante correas y sujetas con cintas y lazos.

Pero todo eso era, digamos, calzado abierto. No podríamos llamarlo zapato. El zapato, tal como lo figuramos, empezó su larga evolución a finales del siglo IV, y fue consolidándose en el mundo bizantino tras la caída de Roma.

Entre los siglos VII al X el calzado occidental se transformó. Son célebres por su elegancia los zapatos de Carlomagno. La Edad Media impuso nuevos derroteros. Triunfa el zapato con punta curva, moda sorprendente por lo poco práctico que resultaba, sobre todo cuando empezó a exagerarse. A esa siguió otra moda no menos ridícula: el zapato corto y ancho, también conocido como morro de vaca o pata de oso.

Una moda de origen español revolucionó el calzado a finales de la Edad Media: los chapines, que alcanzaron popularidad en Venecia y Florencia; donde hicieron furor los zapatos de plataforma, de madera ligera forrados de tisú o cuero.

Confección de zuecos de forma artesanal. (Fuente: nonstopviajes.com)

Confección de zuecos de forma artesanal. (Fuente: nonstopviajes.com)

La aparición del tacón, para 1600, marcó otro hito. Los tacones “crecieron hacia abajo” centímetro a centímetro para llegar a su máximo auge en el siglo XVI: fueron los hombres los primeros en usarlos. A su arraigo contribuyó que al ser de tierra las calles, la lluvia las convertía en un gran lodazal por lo que el tacón alto era útil… Así aparecieron los zuecos.

Cuentos de la cuna

Al calzado de madera más clásico o quizás más conocido de todos se le llama Klompen en Holanda. Cobraron auge a partir de la Edad Media, época en la que únicamente eran usados por trabajadores del campo y pescadores. Aún no se ha logrado fijar una fecha exacta, ni una ubicación precisa en la que estos se originaron. Los zuecos más antiguos se han encontrado en Nieuwendijk, Ámsterdam, datan del siglo XIII y son idénticos a los que se fabrican actualmente.

La manufactura de zuecos holandeses refleja una interesante combinación de arte y técnica. Los artesanos expertos toman bloques de madera en bruto y los tallan hasta darles la forma externa. Después moldean la cavidad en donde va el pie y la pulen. Al final dan los acabados y aplican un proceso de secado. Luego viene el paso más creativo: la pintura.

Ahí el artesano imprime su sello, único y distintivo. El klomplen pintado es una costumbre que se remonta al principio; aunque se dice que los más originales son los que están sin pintar. El primer artista en darles color fue: Pieter Brueghel El Viejo, en 1550.

Actualmente no es muy común ver a holandeses llevando zuecos y son en su mayoría los turistas los que los compran como suvenir. Sin embargo, algunos trabajadores de fábricas, granjeros y pescadores continúan llevándolos, ya que proveen de calor en temporada de frío y frescura cuando el calor del verano se hace presente. Esto se debe a que el material empleado consta de madera de saúco o de álamo y cada uno se elabora por un zapatero profesional, quien puede hacer seis pares diarios. Actualmente, la mayoría se elabora en máquina, para acelerar la producción.

Albarcas utilizadas en la región de Cantabria, España. (Fuente: Wikipedia)

Albarcas utilizadas en la región de Cantabria, España. (Fuente: Wikipedia)

Junto a los tulipanes, molinos y canales de Ámsterdam, los zuecos redondean la postal turística de Holanda. Está claro que más allá de su utilidad en la historia, hoy día el atavío sigue siendo apreciado.

Hacerse los zuecos

La almadreña o madreña, la albarca o abarca, la galocha y la zoca gallega, hacen referencia a un tipo de calzado fabricado de forma artesanal y de una sola pieza de madera, en España. Allá fueron y son parte del vestuario en áreas rurales de Asturias, Cantabria, Galicia, León y el País Vasco; también en las montañas de Castilla y León, Aragón y Cataluña. Los calzan para labores en el campo, granjas, fábricas y minas.

Para su fabricación se modula la madera aún verde de aliso, haya o nogal, y aunque con menos frecuencia, también se emplean castaño y álamo. En la región norte del país ibérico, se usa una curiosa galocha de tres tacones: dos delanteros y uno trasero.

Los gueta (arriba) y los okobo. (Montaje: Víctor M. Falcón)

Los gueta (arriba) y los okobo. (Montaje: Víctor M. Falcón)

En Japón son muy conocidos los geta y los zori. Antes de la introducción de la cultura occidental, los nipones usaban zapatos “de palo” hasta para pasear. Aunque los dos modelos son similares, hay diferencias cuando se miran por debajo. Debajo del geta unos “dientes” ayudaban a “morder el fango” para no resbalar al andar.

Un geta estándar requiere dos de esos dientes. Y si tienen algún encanto –si cabe el término- es la sinfonía “clac-clac” que dejan a ritmo del paso sobre superficies duras. Mientras, los zori tienen suelas planas, más parecido a chancletas. Ambos zapatos llevan en su parte superior una pieza que se llama hanao (correa), usualmente de tela. Cuando alguien se pone el calzado, la parte principal de esa correa pasa entre el dedo gordo y el segundo.

Asimismo, figuran en la colección los okobos, también llamados pokkuri o koppori. Típicamente usados por las maiko (aprendices de geisha), los okobos se tallan de un bloque de madera liviana, su altura varía de 10 a 15 centímetros, están decorados y con un hueco debajo. Lo normal es que la pieza no está pulida, sino que se pule al caminar; pero durante el verano las maiko llevan los okobos lacados en negro.

 Curiosidades
      • Erróneamente se asocia el nombre del calzado con el gentilicio de los nacidos en Suecia.
      • En el siglo XIX casi todos los obreros europeos utilizaban el klompen. En Francia se le llamaba sabot a este tipo de calzado. Durante las huelgas, los trabajadores lanzaban un sabot contra las máquinas en funcionamiento y así las inutilizaban. De allí nació la palabra “sabotaje”.
      • En la misma época era costumbre que el novio obsequiara a su prometida unos klompen. Llevaban grabado el nombre de la futura esposa y la fecha de la boda. Así se formalizaba el compromiso.
      • Los zuecos suelen asociarse al traje regional en muchas provincias de España, e incluso, a la identidad etnográfica de naciones como los Países Bajos y Suecia.
      • En la Unión Europea se ha considerado a este calzado como de los más seguros, pues son capaces de proteger al pie de líquidos derramados, caídas de objetos pesados y punzocortantes; además de catalogarse como saludables para los pies.
      • Actualmente hay una versión más liviana, modelos de goma que también se han vendido en Cuba. Los fabrican por millones y se llaman crocs, se parecen en algo a los originales pero tienen agujeros para ventilar el pie, son de colores diferentes, tienen suelas antideslizantes y hasta tiras para calzarlos.

 

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Victor Manuel Falcón García

 
Victor Manuel Falcón García